Clásico Mundial expone las debilidades del beisbol mexicano
La novena dirigida por Benjamín Gil llegó al Clásico Mundial de Beisbol como favorita tras su histórica actuación de 2023, pero las ausencias, un pitcheo vulnerable y una ofensiva apagada en los juegos decisivos terminaron por firmar una eliminación que abre dudas rumbo a 2029
Isac Chávez
Un inicio prometedor
El golpe de Estados Unidos
Aquella desventaja inicial resultó imposible de remontar. El daño ya estaba hecho y el pitcheo mexicano quedó expuesto frente a una ofensiva que no perdona errores.
La derrota no solo significó un golpe anímico, sino también el final de una hegemonía simbólica: México había logrado imponerse a Estados Unidos en cinco Clásicos consecutivos durante más de dos décadas.
Italia vuelve a ser verdugo
Si el revés ante los estadounidenses encendió las alarmas, el duelo frente a Italia terminó por sellar el destino del equipo mexicano.
Históricamente, el conjunto europeo ha sido un rival incómodo para México dentro del Clásico Mundial, y esta edición no fue la excepción. En el partido decisivo, los italianos dominaron sin resistencia y se impusieron por un contundente 9-1.
La diferencia fue notable. En ediciones anteriores, los enfrentamientos habían sido dramáticos 6-5 en 2013 y 10-9 en 2017, pero esta vez la brecha fue demasiado amplia y evidenció la fragilidad del pitcheo mexicano.
Una ofensiva que se apagó
A la par de los problemas desde la lomita, la ofensiva mexicana también se quedó corta cuando más se necesitaba.
¿El final de una generación?
Más allá de la eliminación, el torneo también abrió un debate sobre el futuro del béisbol mexicano en el Clásico Mundial.
Incluso otros elementos importantes como los hermanos Ramón Urías y Luis Urías, así como Alek Thomas, estarán entrando a una etapa distinta de su trayectoria profesional.
La continuidad de Benjamín Gil, en el aire
Tras la eliminación, la Federación Mexicana de Béisbol comenzó a analizar el futuro del proyecto, incluyendo la continuidad del manager.
El propio Benjamín Gil dejó abierta la posibilidad de no continuar rumbo al próximo Clásico.
“Yo estoy bien orgulloso de mis jugadores porque pelearon hasta el último momento, nunca se dieron por vencidos; no fue por falta de ganas, no fue por falta de compromiso ni de preparación. No sé si seguiré a cargo de la selección en tres años“.
Las palabras del manager reflejan el sentimiento que rodea al equipo: orgullo por la entrega, pero también conciencia de que las expectativas no se cumplieron.
El Clásico terminó, pero el verdadero desafío apenas comienza: reconstruir un proyecto que devuelva a México al lugar que soñó ocupar.



























