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Más que una coincidencia, la ausencia de abridores mexicanos en el Opening Day 2026 refleja un momento de transición e incertidumbre en el desarrollo del pitcheo nacional en Grandes Ligas
El actual arquero de Mazatlán FC, Hugo González, ha sido testigo y protagonista de momentos clave en el fútbol mexicano, donde nació con el fútbol en las venas y formado en las fuerzas básicas del Club América, comenzó su carrera como delantero, pero pronto encontró en la portería el lugar donde escribiría su historia en el balompié nacional
El arquero dejó de hacer goles para atajarlos / Foto: Cortesía / Mazatlán FC
Nacido en un seno futbolero, en la ciudad de la tuna, San Luis Potosí, Hugo González Durán, se ha convertido en toda una institución en los arcos de la Liga MX, incluso siendo campeón del máximo circuito y ha defendido los colores de la Selección Nacional, pero su trayectoria la inició como jugador de área.
Aunque nació en tierras potosinas, González fue llevado por sus padres a la Ciudad de México, donde creció y se desarrolló como jugador, teniendo ese sueño de estar en el América, en un camino difícil para llegar al primer equipo.
“Bueno, el fútbol yo creo que mi papá, mi hermano me lo inculcaron, ellos siempre fueron muy futboleros. En general creo que toda la familia era bastante futbolera y se juntaba mucho los fines de semana a ver fútbol y bueno, te va contagiando el ver los partidos, el ver tus ídolos en ese momento y yo creo que de ahí se va generando como esa pasión por el fútbol”.
“Empiezas a jugar y empiezas a ver cualidades para poder ingresar a todo ese rollo que hay de las fuerzas básicas y todo eso, es un proceso bastante complicado, y fue como llegué, empecé de delantero, yo era jugador de cancha”, recuerda el actual portero del Mazatlán.
Aunque González tenía un estilo de “Jorge Campos”, al ser delantero y portero, fue al llegar a la tercera división y filial de América cuando comenzó a enfocarse más como portero, viéndole dotes el José “Cocodrilo” Valdez, quien era el visor de talentos en aquella ocasión.
“Llegó a la América a hacer pruebas, normal, como todo mundo. Bueno, antes fui a hacer pruebas a Pumas y no me quedé. Y de ahí, el “Cocodrilo” Valdés me lleva a hacer pruebas allá, al Club América, y pues antes se hacían las pruebas allá afuera de Coapa, con un chorro de niños. Y así empieza mi historia en el América”.
“Hago las pruebas y los arqueros de mi categoría estaban ocupados, la posición de portero estaba ocupada, entonces me decían que no y el “Cocodrilo” Valdés me decía, espérate, se va a abrir, se va a abrir, se va a abrir. Y sí, se abre un espacio en la categoría 89, que era una arriba de la mía, un arquero se lastima y el “Cocodrilo” Valdés dice, ahí está. Entonces ya me meten, así entró”, recuerda el arquero.
A Hugo González le tocó debutar por accidente. No era su categoría, no era su turno. Un día, el portero titular de la Sub-13 del América se lesionó. y le tocó entrar al quite, de jugador de campo, lo mandaron al arco. Desde entonces, no salió más de ahí. Lo que comenzó como una solución improvisada, se convirtió en su destino.
A diferencia de muchos porteros, su transición fue inmediata. “No fue difícil, no recuerdo que me haya costado”, enfatizó el jugador. Su camino en las fuerzas básicas fue sólido: Tercera, Segunda, Sub-20. Con este último equipo fue campeón cinco veces seguidas, una generación que marcó época en Coapa.
González tuvo un debut muy particular en Primera División por otra lesión, esta vez de Moisés Muñoz. Miguel Herrera lo puso de titular y le dio continuidad. En su primer torneo como titular, América llegó a semifinales.
El respaldo del ‘Piojo’ fue tal que, que lo hizo ser parte del América. “Miguel no pidió refuerzos, confió en mí”, recuerda. Aquel voto de confianza fue clave para afianzarse en el plantel profesional.
Ganó títulos de Liga y Concacaf, aunque en varias finales fue suplente. Cuando Muñoz regresaba, él volvía al banco. Pero siempre estuvo listo. Con Nacho Ambriz le llegó otra oportunidad, esta vez en una final contra Tigres que América ganó. Hugo fue titular en esa noche de gloria.
El capitán del Mazatlán sabe que tiene una dueda con la afición / Foto: Cortesía / Mazatlán FC
Después llegó la oferta de Rayados, un equipo con gran inversión y aspiraciones altas. Al principio, todo iba bien, pero una final lo marcó. Contra Tigres, en el Estadio BBVA, Monterrey perdió el título en casa. “Tuve un mal día, pero la gente no te perdona eso”, acepta. A partir de ahí, su imagen quedó desgastada ante la afición regiomontana.
Pese a los buenos torneos, Hugo sintió el rechazo. “Me sentí mal valorado, aunque dentro del fútbol siempre me han querido”, dice. Es una distinción clara: a veces el entorno juzga más fuerte que los propios compañeros y entrenadores. Y a él le tocó estar del lado equivocado del recuerdo.
Después de Rayados vinieron los préstamos: Necaxa, Juárez, otra vez Necaxa. Cambios constantes, pocos reflectores, pero minutos en cancha. Y, sobre todo, estabilidad emocional. “Voy a donde me quieren”, resume. Una frase que explica más que cualquier estadística.
Hoy, Hugo es portero del Mazatlán FC. Lejos del ruido mediático, pero cerca de lo que él valora: el respeto y la palabra. “Aquí me escuchan, me respetan, soy un líder”, asegura. En un equipo joven y con una afición aún en formación, él se ha convertido en referente dentro del vestidor.
Sabe que los resultados del equipo no han sido los mejores. Pero no pierde la fe. “Estamos en deuda, sí. Pero confío en que este grupo puede crecer”, dice. A sus 33 años, ya no le interesa impresionar. Quiere trascender.
Le quedan dos grandes pendientes en su carrera. El primero, un Mundial. Estuvo cerca en 2018, incluso en las listas preliminares. El segundo, un título más. Uno donde él sea el protagonista, no el testigo. “Lo estoy llamando, lo estoy visualizando”, confiesa con serenidad. “Mientras el fútbol me valore, estoy tranquilo”, describió González.