Los cambios siempre han estado presentes en la LMP
En 1958, la liga cambió su nombre a Liga Invernal de Sonora, con solo cuatro equipos de dicha entidad: Naranjeros de Hermosillo, Ostioneros de Guaymas, Yaquis de Ciudad Obregón y Rieleros de Empalme.
1970: el inicio de la LMP moderna y los constantes cambios
Llegan Tepic y Tucson y también muchas dudas
¿Es viable un equipo de béisbol en Tucson que juegue en una liga de México?
Un mercado con potencial
Logística y desplazamientos: el corazón del reto
Visas y permisos de trabajo: el obstáculo legal
¿Un modelo viable?
El caso más cercano es el de los Tecolotes de los Dos Laredos, cuya operación binacional es viable gracias a la proximidad geográfica entre sus sedes y una estructura migratoria trabajada cuidadosamente.
Tras un año complicado en su 80 aniversario, los rojos del puerto apuestan por un bullpen profundo, del cual puedan sacarle provecho esta próxima campaña en la LMP
Mazatlán volvió a tropezar en Obregón y cerró marzo con apenas un triunfo, sin reacción pese a los cambios en el roster, además de ser exhibido en la cancha
La Liga Mexicana del Pacífico hace una gran apuesta con la llegada de Tucson / Foto: Cortesía / LMP
Durante décadas, la Liga Mexicana del Pacífico (LMP) fue considerada un tesoro beisbolero reservado para el noroeste de México. Con ciudades como Culiacán, Hermosillo y Mazatlán como bastiones históricos, la liga ha sido cuna de peloteros de talla internacional y un laboratorio invernal clave para jugadores de Grandes Ligas. Sin embargo, desde hace una década, la LMP ha trazado una ruta ambiciosa: proyectarse más allá de las fronteras mexicanas.
En lo que va del 2025, la Liga ya ha dado un golpe contundente al nombrar a Tucson, Arizona, como su nueva plaza, dejando sin béisbol a Navojoa, una franquicia presente desde la creación de la LMP. Así se pone fin a 66 años de arraigo en el sur de Sonora.
El circuito invernal mexicano ha estado en constante evolución, incluso desde que era conocida como la Liga de la Costa del Pacífico, su primera etapa (1945–1958). En ese periodo participaron franquicias como los Venados de Mazatlán, Queliteros de Hermosillo, Ostioneros de Guaymas y Tacuarineros de Culiacán.
Posteriormente, llegaron nuevos equipos: Rieleros de Empalme, Mayos de Navojoa, Trigueros de Ciudad Obregón, Pericos de Los Mochis y Potros de Tijuana. Este último solo duró una temporada, sustituyendo temporalmente a los Venados de Mazatlán. Años después, la franquicia mazatleca regresaría a la liga.
Entre 1960 y 1965, existió la Liga del Noroeste, con cierta inestabilidad. Participaron equipos como los Venados de Mazatlán, Tabaqueros de Santiago Ixcuintla, Diplomáticos de Tepic, Tapatíos de Guadalajara y Medias Blancas de Gómez Palacio.
En 1965, la liga adoptó el nombre de Liga Invernal Sonora-Sinaloa (o simplemente Sonora-Sinaloa) al incorporarse los Tomateros de Culiacán y Venados de Mazatlán. Desde entonces, la rivalidad entre los equipos sonorenses y sinaloenses revitalizó el campeonato.
La Liga Mexicana del Pacífico como tal nació en 1970, marcando una nueva transformación. Se integraron plazas como Guasave, Tijuana y Guaymas, que posteriormente desaparecerían. Guasave fue desafiliado en 2014 para dar paso a los Charros de Jalisco, pero regresó en 2019 junto con los Sultanes de Monterrey, completando una liga de 10 equipos. Sin embargo, la permanencia de Monterrey fue breve, abriendo paso a una nueva etapa de expansión e internacionalización.
Con el arribo de Salvador Escobar Cornejo como nuevo presidente del circuito, se incorporaron Tepic (que sustituirá a Monterrey) y Tucson (reemplazando a los Mayos de Navojoa). Este último movimiento ha sido el más controversial, por el modo en que se tomó la decisión de eliminar una franquicia con más de seis décadas de historia.
Los Jaguares de Nayarit jugarán en un estadio recién inaugurado. En tanto, Tucson, una plaza que ya albergó equipos de ligas menores de MLB, con resultados discretos en asistencia incluso en juegos de pretemporada, representa la nueva gran apuesta del circuito.
La frontera entre México y Estados Unidos ha sido históricamente un terreno fértil para los cruces culturales, económicos y deportivos. En este contexto, surge una pregunta intrigante: ¿qué tan viable es establecer un equipo profesional en Tucson, Arizona, que compita oficialmente en la LMP?
Aunque ambiciosa, la idea tiene precedentes. Los Tecolotes de los Dos Laredos juegan en sedes de ambos países desde hace años. La LMB también ha intentado organizar juegos de temporada regular en ciudades fronterizas estadounidenses, aunque de forma esporádica.
Tucson cuenta con una base latina significativa y una afición que históricamente ha demostrado interés por el béisbol. Equipos como los Tucson Toros y Sidewinders dejaron huella, y el Kino Sports Complex ofrece una sede profesional lista para albergar béisbol de alto nivel, eliminando una de las principales barreras de entrada.
El Kino Sport será la casa de los ahora extintos Mayos / Foto: Cortesía / LMP
El mercado hispano, especialmente el de origen mexicano, representa una gran oportunidad para construir una base de aficionados binacional. Comercialmente, Tucson podría convertirse en un puente deportivo entre ambos países, aprovechando el creciente valor del béisbol como producto de exportación cultural.
Pese a su cercanía con la frontera (poco más de 100 km desde Nogales), un equipo en Tucson enfrentará complicaciones logísticas. Cada serie fuera de casa implicará traslados internacionales, trámites de aduanas y cruces fronterizos, además de requerimientos de hospedaje, transporte interno y seguridad para los equipos visitantes.
Uno de los mayores desafíos será el legal. Para que los peloteros mexicanos puedan jugar en Estados Unidos, deben tramitar visas P-1, dirigidas a atletas de alto rendimiento. Este proceso requiere documentación detallada y aprobación del gobierno estadounidense, además de una coordinación estrecha entre el club, la liga y abogados especializados en migración deportiva.
De igual manera, entrenadores, staff técnico y directivos necesitarán permisos. Los equipos mexicanos que visiten Tucson también deberán contar con visas temporales válidas para actividades deportivas remuneradas, elevando la necesidad de una planificación legal binacional minuciosa.
Tucson no cuenta con esa misma ventaja territorial, pero podría replicar el modelo si se implementa una estructura legal y logística robusta, respaldada por inversión privada, apoyo institucional y voluntad política y deportiva de ambas naciones.
La propuesta de un equipo binacional con sede en Tucson dentro de la LMP es audaz, pero no imposible. Requiere una planificación estratégica que contemple desde el mercado potencial hasta las complejidades legales del cruce fronterizo. El béisbol, como herramienta de diplomacia cultural, tiene el potencial de construir puentes entre México y EE. UU., y Tucson podría convertirse en el próximo gran experimento binacional si se supera el triple play de logística, legalidad e infraestructura.