Venados 80 años de historia sellados por su peor temporada
En el año del 80 aniversario, Venados de Mazatlán tocó fondo. La temporada 2025-2026 evidenció errores de planeación, un pitcheo colapsado, extranjeros sin impacto, gradas semivacías y una afición harta
Tras un año complicado en su 80 aniversario, los rojos del puerto apuestan por un bullpen profundo, del cual puedan sacarle provecho esta próxima campaña en la LMP
Mazatlán volvió a tropezar en Obregón y cerró marzo con apenas un triunfo, sin reacción pese a los cambios en el roster, además de ser exhibido en la cancha
Los Rojos del Puerto no tuvieron nada que celebrara en sus 80 años / Foto: Cortesía / Venados de Mazatlán
Lo que debía ser una celebración histórica terminó como una amarga llamada de atención. Venados de Mazatlán cumplió 80 años de existencia en medio de su peor campaña en rol regular, firmando un registro de 22-46 que quedará como una mancha difícil de borrar. Nunca antes el club había alcanzado tal número de derrotas, ni había lucido tan lejos de competir en una liga cada vez más exigente.
Desde las primeras semanas, el equipo mostró síntomas de colapso. La planeación no dio resultados, el roster careció de profundidad y la respuesta dentro del terreno fue mínima. El resultado fue una temporada cuesta arriba que jamás encontró un punto de quiebre positivo.
El proyecto inició con Juan José Pacho al frente, pero su gestión se diluyó rápidamente. Con marca de 2-10, el equipo fue incapaz de competir de manera consistente, obligando a un cese temprano que reflejó la falta de confianza en el proceso. La llegada de Gerry Álvarez pretendía recomponer el rumbo, pero el daño ya estaba hecho. Con Álvarez, Venados apenas sumó 20 triunfos por 36 derrotas. El cambio de timón no solucionó los problemas estructurales: un pitcheo endeble, una ofensiva intermitente y un bullpen sin roles definidos. La constante rotación de piezas evidenció improvisación más que ajustes estratégicos.
Uno de los datos más demoledores fue la cantidad de blanqueadas recibidas. Once juegos sin anotar colocaron a Venados al borde de empatar una de las marcas más negativas en la historia de la liga. Más allá del número, la estadística reflejó una incapacidad recurrente para competir ofensivamente y sostener juegos desde la lomita. Paradójicamente, el mejor brazo del equipo fue una historia cargada de simbolismo. José Urquidy regresó al puerto en medio de los festejos por el 80 aniversario, buscando ritmo tras una cirugía Tommy John. En seis aperturas, el mazatleco fue el único abridor con saldo positivo: 3-1 y una efectividad de 1.09. Mientras el resto del staff naufragaba, Urquidy ofreció un destello de lo que pudo ser la temporada con una rotación sólida. El resto de los abridores quedó a deber. Braulio Torres (1-5), Javier Solano (1-2), Edgar Torres (0-6), Jonatan Bernal (1-4), Michael Domínguez (0-3), Nolan Kingham (1-4) y Octavio Acosta (0-3) conformaron una rotación incapaz de dar estabilidad, profundidad o dominio constante.
El relevo fue otro reflejo del desorden. Zac Rosscup llegó como solución, pero solo consiguió cinco rescates. Scott Engler tomó el rol de cerrador de manera temporal y sumó tres salvamentos antes de salir del equipo. Al final, Vidal Nuño asumió la responsabilidad y cerró con cuatro rescates, síntoma de una temporada sin jerarquías claras ni continuidad en el bullpen.
Los extranjeros no rindieron a la ofensiva / Foto: Cortesía / Venados de Mazatlán
A la ofensiva, el diagnóstico fue igual de severo. Los extranjeros llamados a cargar con el bateo simplemente no respondieron. Kennys Vargas, Philip Erwin, Jesús Martínez y Edwin Espinal pasaron sin dejar la huella esperada, obligando a constantes ajustes que nunca rindieron frutos.
Solo Andrés Álvarez, Estamy Ureña y Miles Simington ofrecieron algo de estabilidad, pero fue insuficiente. Venados cerró la campaña con apenas 22 cuadrangulares y 192 carreras producidas, cifras muy por debajo del estándar competitivo de la LMP y que explican la larga lista de derrotas cerradas y blanqueadas.
Dentro del panorama oscuro, la base local apareció como el principal argumento de esperanza. Además de Urquidy y Bernal, jóvenes como Carlos Tirado, autor de su primer jonrón en LMP, Isael Arias, Ítalo Motta, Juan Mora, Jesús Ríos y Miguel Ojeda Jr. sumaron experiencia valiosa.
Esa camada representa una oportunidad, pero también una responsabilidad. Sin un proyecto deportivo claro, el talento joven corre el riesgo de diluirse en la misma dinámica de improvisación que marcó la temporada.
Su estadio estuvo cada vez vacio / Foto: Cortesia / Venados de Mazatlán
El mensaje desde las tribunas fue contundente. Mazatlán terminó como la segunda peor plaza en asistencia de la liga, con apenas 170,314 aficionados en toda la campaña. Solo Tucson, que jugó como visitante permanente, registró menos público. Para una franquicia histórica, el dato es alarmante y confirma el desgaste emocional entre el equipo y su afición.
El fracaso de la temporada 2025-2026 no es un accidente aislado. Desde el campeonato de 2015-2016, Venados ha transitado una década de altibajos: finales inesperadas, campañas grises y ausencias en playoffs. En ese lapso, el equipo suma más derrotas que victorias y carece de una identidad sostenida.
Al alcanzar por primera vez las 40 derrotas en un torneo, Venados llegó a un punto de no retorno. El 80 aniversario quedará en la memoria no por la celebración, sino como el año en que el club tocó fondo y quedó obligado a replantear su futuro.
Porque más allá de los números, la temporada 2025-2026 dejó una pregunta abierta: ¿será este el inicio de una reconstrucción real o solo otro capítulo de una crisis prolongada?