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Locallunes, 22 de diciembre de 2025

Bullying en alerta: Mazatlán registra 267 casos de depresión y ansiedad en jóvenes

Este 2025 el Centro de Integración Juvenil local ha atendido ese universo, lo que supera por primera vez las consultas por adicciones

Efrén Palacios

De acuerdo con la psicóloga Verónica Hernández, quien atiende casos en el CIJ Mazatlán, los cuadros de depresión y ansiedad actualmente concentran la mayor parte de las consultas en el lugar.

Estas dos condiciones, entrelazadas como una madeja oscura, concentran el 90 por ciento del sufrimiento psiquiátrico que llega a sus consultorios.

¿A qué se debe?

Este complejo panorama no es solo una cuestión de química cerebral, sino de realidades socioeconómicas y conflictos en relaciones que fracturan la estabilidad emocional de los pacientes.

Al momento de la evaluación clínica, el personal detecta que múltiples pacientes llegan por un problema de salud mental, pero detrás de eso, hay conductas adictivas, ya sea sustancias o actividades que ocupan casi todo su tiempo.

Temas como el juego o la adicción a internet son muy frecuentes en esos casos.

El rostro de la juventud

La media de edad más vulnerada en estos casos es entre los 17 y 25 años, aunque también se ha brindado atención a jóvenes de 13 años y algunos casos adultos mayores de 70.

En este segmento joven, un factor emerge con fuerza destructiva, y es la violencia escolar, pues aproximadamente el 30 por ciento de los casos adolescentes están ligados al bullying.

Hablar o no

Existe una diferencia cultural marcada en la disposición a pedir ayuda cuando se necesita; las estadísticas del CIJ muestran que las mujeres son ligeramente más proactivas en buscar apoyo para estos problemas mentales.

La tendencia es más mujeres. Se le facilita, la verdad es que sí”, reconoce la especialista.

Desde el área de prevención se busca normalizar la atención psicológica en las personas que acuden a terapia sin miedo ni vergüenza.

“Ya no voy a ser tan raro o atreverme a decir ‘estoy atendiendo una responsabilidad o estoy yendo de cosita con mi terapeuta’; dentro de lo que es nuestra área de prevención, nos encargamos de que esto sea normal”.

Romper el estigma es el primer paso para sanar.

La terapia cognitivo-conductual es la base, pero se complementa con un sistema de cita abierta para evitar recaídas en pacientes dados de alta.

“Algo que les hace venir otra vez es que hay cita abierta si algo pudiera mover tu situación y entonces pide una cita”, explicó Hernández sobre este salvavidas terapéutico.

Para las crisis que no respetan horarios de oficina, han establecido protocolos con líneas de atención especializada.

“Tratamos de cuidar a nuestro paciente y de hacerle ver que esto puede ocurrir y tener un plan a dónde recurrir”, concluyó.

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