Fauna silvestre se queda sin espacios de movilidad por crecimiento inmobiliario en Mazatlán
La urbanización, la infraestructura y explotación forestal fragmentan los hábitats naturales e impactan a las especies animales, limitando su movimiento
El caso más reciente, el de la avenida El Delfín.
Cómo ha crecido Mazatlán
La pérdida de hábitats naturales y la degradación del entorno limita la capacidad de supervivencia de las especies nativas.
¿Qué se puede hacer?
“Sabemos que hay venados encerrados en lotes privados, en todos esos lotes baldíos algún día se va a construir y ¿dónde va a terminar esa fauna?”, cuestionó.
Pocas reservas
Zonas de contención
Sobre todo en los complejos de las periferias, indicó, se ha reportado el avistamiento no solo de venados, también de cocodrilos.
Las autoridades no ha informado de los avances en las tareas para localizar a los trabajadores de la mina ubicada en Chele, El Rosario; serían originarios de Guanajuato
El crecimiento urbano ha reducido el hábitat de la fauna silvestre, incluyendo los venados, símbolo de Mazatlán. / Foto: Fausto McConegly / El Sol de Mazatlán
Mazatlán, Sin.- El desarrollo urbano ha reducido los entornos naturales en los que habitan especies de fauna silvestre, entre éstas están los venados, animal al que Mazatlán le debe su nombre y hasta se levantan monumentos en su honor, mientras que su hábitat es destruido.
Con frecuencia en redes sociales se da testimonio del avistamiento de ejemplares vivos atrapados en predios en medio de la urbanización, pero también ha surgido la mortandad de estos animales por atropellamiento, ante el aumento de la población humana y las redes viales.
Los planes de ordenamiento territorial y desarrollo urbano no prevén como tal el impacto a la fauna silvestre, pero sí aborda el cuidado de áreas naturales protegidas y tener más áreas verdes.
Esto pone de manifiesto la urgencia de contar con un Plan de Ordenamiento Ecológico, el cual tiene como objetivo regular los usos de suelo fuera de los centros de población y establecer criterios de regulación ecológica para la protección, preservación, restauración y aprovechamiento sustentable de los recursos naturales.
El crecimiento urbano ha reducido el hábitat de la fauna silvestre, incluyendo los venados, símbolo de Mazatlán. / Foto: Fausto McConegly / El Sol de Mazatlán
De acuerdo al Programa de Desarrollo Urbano del Centro de Población, Mazatlán registra una pérdida forestal de 5 mil 254.6 hectáreas en 22 años, lo que indica una deforestación promedio de 238.8 hectáreas al año.
Dentro de las principales causas se encuentran la expansión urbana y agrícola, considerando la presión inmobiliaria sobre los ecosistemas existentes en la ciudad, lo cual representa una amenaza seria para el equilibrio ecológico.
La urbanización, el desarrollo de infraestructuras y explotación forestal fragmentan los hábitats naturales e impactan en las especies existentes y limitan su movimiento.
Para 1990 se contaba con una superficie urbana de 3 mil 903.81 hectáreas, y en 30 años, al 2020, se incrementó el doble de su superficie, creciendo a 9 mil 325.03 hectáreas, y se calcula que para el 2050 la ciudad haya crecido 5 mil 155.5 hectáreas.
El crecimiento urbano ha reducido el hábitat de la fauna silvestre, incluyendo los venados, símbolo de Mazatlán. / Foto: Fausto McConegly / El Sol de Mazatlán
Lorena Páez Brito, directora general del Instituto Mexicano de Desarrollo Humano y Aprovechamiento Sustentable, apuntó que el crecimiento no debe estar peleado con lo natural, siempre y cuando sea ordenado y sostenible.
La creación de pasos de fauna y corredores biológicos o ecológicos ayudarían a conectar áreas naturales con el objetivo de preservar la biodiversidad, favorecer a la migración y dispersión de poblaciones de fauna y prevenir la fragmentación de hábitats.
“Es importante que en la ciudad haya corredores biológicos intraurbanos, que pueda permitir conectar áreas verdes en el interior de la ciudad con todos los ecosistemas, necesitamos corredores biológicos para ayudar a ese tránsito de fauna”, dijo.
Agregó que dichos pasos pueden ser elevados o deprimidos y deben estar ubicados en zonas estratégicas, es decir, donde aún haya espacios naturales disponibles, por ejemplo, al norte de la ciudad.
Consideró que también es indispensable que a la hora de urbanizar un predio no se remueva toda la capa vegetal, a lo que comúnmente se le dice “monte”, pero que en realidad es selva baja caducifolia, hogar de aves, mamíferos y reptiles.
El desarrollo urbano desmedido acaba con los espacios ecológicos en Mazatlán / Fausto McConegly | El Sol de Mazatlán
Asimismo, que se debería de condicionar a los desarrolladores a que antes de construir rescaten y reubiquen en lugares seguros a la fauna que habita en sus lotes a espacios seguros, lo que llevaría a designar reservas naturales o áreas protegidas y que sean reguladas legalmente en pos de la conservación de su biodiversidad ecológica.
“Al remover esta vegetación que se encuentra en los lotes baldíos, que ese es el hábitat de esos venados, cada vez que se reduce este espacio el animal va a tender a buscar otro lugar, al verse perdido corre ese peligro de que pueda ser atropellado o cazado“, apuntó.
“No debemos de olvidar que Mazatlán significa tierra de venados, ¿y qué estamos haciendo con los venados? Si seguimos con ese ritmo de crecimiento desordenado vamos a ser ‘Mazatlán, tierra sin venados’. Tenemos monumentos muy bonitos, pero también debemos dar significado e importancia a los venados vivos“, expresó.
El crecimiento urbano ha reducido el hábitat de la fauna silvestre, incluyendo los venados, símbolo de Mazatlán. / Foto: Fausto McConegly / El Sol de Mazatlán
El PDUCP muestra que el municipio resguarda un total de 21 mil 599 hectáreas de áreas naturales protegidas, que salvaguardan la biodiversidad y los ecosistemas frente a la deforestación, la expansión urbana y agrícola, y otras actividades humanas.
Paco’s Reserva de Flora y Fauna y los sitios Ramsar de Laguna, esta última es una Área Destinada Voluntariamente a la Conservación (ADVC) se decretó el 19 de enero de 2017, cuenta con una vigencia de 99 años.
Su superficie es de 10.02 hectáreas, el ecosistema de prioridad es la selva baja caducifolia y dentro del predio se localizan especies de flora y fauna registradas en la NOM-059-SEMARNAT-2010.
La fauna existía muchísimo antes de que el desarrollo llegara, reconoció Juan Francisco Flores Espinosa, presidente del Colegio de Arquitectos del Sur de Sinaloa, y este proceso no se va a detener, de ahí la necesidad de contar con zonas de contención.