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Locallunes, 20 de octubre de 2025

Miedo, sangre y nota roja: el reflejo de la violencia en Mazatlán

Entre 2008 y 2011, los reporteros de la sección policiaca en Mazatlán trabajaron con frecuencias de corporaciones policiales, contactos telefónicos y el riesgo constante de morir en medio del fuego cruzado

Efrén Palacios

Era cuando sonaban las claves que ya se sabían de memoria, que ellos se tenían que mover de inmediato a lugar, ya sea por profesionalismo o por el mero instinto y la vocación.

Las fuentes

“Tu contacto era el que siempre te mantenía informado, te decía: hay esto en tal parte, y te ibas con tus propios recursos”, añadió José “N”.

Guerra que los puso en jaque

Meses después, en Celestino Gasca, un grupo armado dejó camionetas regadas y cuerpos calcinados mientras que el líder de la agrupación, llamada “Los Mazatlecos”, conocido como “El Chaguín”, se había dado a la fuga.

“Meses después, en Celestino Gasca, un grupo armado circulaba por la autopista. Quedaron camionetas regadas, cuerpos calcinados dentro de los vehículos. El cabecilla, Chaguín, escapó”, añadió.

Escenas que se podían sentir

Su expertis en el presente

Los reporteros recuerdan que la violencia en Mazatlán cambió con el tiempo. Antes, los homicidios ocurrían en la vía pública y eran visibles; ahora, la estrategia de los criminales se centró en desaparecer a las víctimas.

“Obviamente ahora son más los desaparecidos, pero antes los mataban en la vía pública, los mataban en la calle. Lo que sí veo es que ahora no hay homicidios, pero sí es alarmante el número de desapariciones”.

Además, la violencia adoptó nuevas formas de intimidación, con ataques directos a negocios y el uso de explosivos.

La cobertura: un mar de amenazas

José “N”, cuenta que la adrenalina convivía con el miedo, pues las amenazas eran parte del entorno, pero que antes sí eran apoyados por las autoridades, en comparación de hoy en día.

En aquella época, los reporteros tenían acceso directo a las escenas de violencia y podían documentarlas con fotos, que luego aparecían en portada, sin importar la crudeza.

Las familias no salían en la noche, mientras que los cruceros cancelaron arribos y la economía se detuvo.

Los reporteros de aquella cobertura no hablan de heroísmo. Hablan de miedo, de incertidumbre y de una época en la que el periodismo era también una forma de supervivencia.

“Fue una época llena de incertidumbre”, concluye uno de ellos.

“La diferencia es que antes los mataban, ahora los desaparecen. Cambiaron las formas, pero el miedo sigue igual”.

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