Terrenos en disputa forjaron la historia de la glorieta Sánchez Taboada
Este lugar creció en medio de conflictos legales y los hitos históricos que han definido al Mazatlán moderno
Este lugar creció en medio de conflictos legales y los hitos históricos que han definido al Mazatlán moderno

Efrén Palacios
Mazatlán no comenzó como la ciudad costera que vemos hoy.
Detrás de su malecón, de sus playas, y de sus atractivos turísticos, existe una historia de conflictos por un terreno que definió su desarrollo. Y no se trata solo de un conflicto reciente.
Lo que ocurre en la actualidad tiene raíces profundas, forjadas a lo largo de los siglos 19 y 20. Enrique Vega Ayala, cronista oficial de Mazatlán, revela los detalles más importantes de esta lucha por la tierra que comenzó en el siglo antepasado.
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“La mayor parte de los terrenos de Mazatlán fueron objeto de apropiación privada desde que la ciudad comenzó a formarse. Este proceso de disputa de terrenos llega hasta la Suprema Corte de Justicia”, explica Vega.
Los primeros litigios surgieron a raíz de una vieja reclamación de los comuneros de Villa Unión, que alegaban que los terrenos donde se estaba desarrollando Mazatlán pertenecían originalmente a la familia Hernández, quienes recibieron los derechos de estas tierras desde la época colonial, en 1565.

Sin embargo, fue el gobierno de Benito Juárez el que dio el golpe definitivo, estableciendo el fondo legal de la ciudad que permitió la distribución de los terrenos para el desarrollo urbano.
Esto fue un cambio significativo, ya que permitió que el puerto creciera más allá de los límites de los terrenos originarios.
Un ejemplo de esto es el cerro de la Nevería, cuyos terrenos fueron apropiados y parcelados, a pesar de la falta de documentación formal en las primeras compra-ventas.
Vega relata que, incluso en 1940, el gobierno federal compró la cima del cerro para instalar las primeras antenas de telecomunicaciones, lo que llevó a la creación de la red ‘inalámbrica’.
Estos terrenos, con el paso de los años, se fueron reconfigurando en diversas etapas.
Fue en los años 50 cuando el área comenzó a tomar la forma del Mazatlán moderno que conocemos, con la creación de fraccionamientos como Loma Linda.
Pero en medio de toda esta historia de apropiación de tierras apareció Aurelia, una mujer que hoy reclama la propiedad de un terreno que se encuentra cerca de la Cueva del Diablo, una zona reconocida por su atractivo turístico.

“Ella es solo uno de los personajes que reclama la propiedad de esos terrenos, pero la realidad es que toda esa zona tiene una serie de propietarios”, apunta el cronista.
Isaura Valenzuela fue conocida por haber sido propietaria de terrenos en la zona de la Sánchez Taboada, específicamente en áreas cercanas a la Cueva del Diablo.
Estos terrenos se encontraban en una zona de gran interés histórico y turístico de Mazatlán, lo que generó disputas legales relacionadas con su propiedad.
De acuerdo con Enrique Vega, Valenzuela reclamó la propiedad de estos terrenos basándose en títulos de propiedad que salieron a la luz pública en los últimos años.
Esto se dio a conocer especialmente cuando comenzaron los proyectos de remodelación en la zona, lo que desató controversias sobre la legalidad y el origen de la posesión de esas tierras.
Si bien ella fue una de las personas involucradas en la reclamación de la propiedad, también es importante resaltar que muchos de los terrenos en Mazatlán han estado sujetos a disputas históricas desde la época colonial hasta el siglo XX, como ocurre con muchas áreas del puerto.

La historia de Mazatlán no solo se define por disputas territoriales, también está marcada por las intervenciones urbanísticas que transformaron la ciudad y la convirtieron en un atractivo turístico.
Uno de esos momentos clave fue la remodelación del malecón, que comenzó en 1910 como parte de las celebraciones por el centenario de la Independencia.
Fue entonces cuando el ingeniero alemán Jorge Claussen, parte del grupo de la casa Melchers, diseñó las primeras mejoras urbanísticas en la zona costera de la ciudad.
El resultado fue la creación del Paseo Claussen, que conectaba Olas Altas con la avenida del Mar.
“El objetivo de este proyecto era darle a Mazatlán un aire de modernidad y embellecer la ciudad para los festejos del centenario”, explica Vega Ayala.
Claussen también fue responsable de la creación de las glorietas Redo y Allende (áreas de los clavadistas), que adorna el Paseo Claussen, y que hoy en día es un lugar emblemático de la ciudad.
Durante las décadas siguientes, Mazatlán vivió una transformación más profunda.
En los años 50 la ciudad experimentó un boom de desarrollo urbano que incluyó la ampliación del Paseo Claussen hacia la Casa del Marino y el Hospital Civil, en la zona sur, hoy Parque Ciudades Hermanas.
Este crecimiento se consolidó en la década de los 60, cuando el Gobierno municipal inició un proceso de ganancia de terrenos al mar.
Fue en este contexto que nació la actual Avenida Sánchez Taboada, una de las principales avenidas de Mazatlán.
“Los terrenos ganados al mar fueron clave para el desarrollo de Mazatlán. La zona costera se amplió, y junto con ella, los espacios recreativos, creando lo que hoy conocemos como la Sánchez Taboada”, relata el cronista.
Esta avenida, que une la ciudad con la playa, no solo ha sido fundamental para la expansión urbana, sino también para la creación de un símbolo cívico: el asta monumental que se erige en su honor.
El nombre de Sánchez Taboada se le puso en honor a Rodolfo Sánchez Taboada, Secretario de Guerra y Marina, quien tuvo un papel destacado en el proceso de urbanización de Mazatlán.
Aunque el proyecto fue concebido como una obra para el embellecimiento de la ciudad, su impacto fue mucho más allá, ya que la zona adquirió relevancia como espacio cívico, convirtiéndose en un lugar para actos oficiales, y con el tiempo, en un atractivo turístico de gran relevancia.
Lo que comenzó en los años 60 como un simple acto de osadía, hoy se ha convertido en uno de los mayores atractivos turísticos de Mazatlán, los clavadistas del Paseo Sánchez Taboada.
“Los clavadistas comenzaron como jóvenes que se lanzaban desde las alturas de la glorieta Redo (área de los Clavadistas) por diversión”, dice Vega Ayala.
Sin embargo, a medida que la práctica se fue popularizando, Mazatlán empezó a convertirse en el escenario principal de este espectáculo, ganando reconocimiento a nivel nacional e internacional.
Los clavadistas no solo son parte de la identidad de Mazatlán, son un referente del turismo en la ciudad.
“Este fenómeno recuerda en muchos aspectos a lo que sucedió en Acapulco, donde los clavadistas también se convirtieron en un atractivo turístico. Aquí, el salto desde la glorieta Redo ha sido símbolo de valentía, audacia y turismo”, sostiene el cronista.
A lo largo de los años, los clavadistas han logrado mantener su relevancia como atractivo turístico, lo que contribuye al dinamismo del puerto y a la proyección internacional de Mazatlán.