por Dr. Edgar González Villalobos, Dr. Eduardo Quiroz Guzmán
La resistencia a los antibióticos es una de las principales amenazas para la salud pública en el mundo, y México no es la excepción. Cada año, miles de personas enfrentan infecciones difíciles de tratar por bacterias que ya no responden a los medicamentos habituales. Este fenómeno complica intervenciones médicas comunes como cirugías, partos o tratamientos contra el cáncer y representa un riesgo creciente para la población.
En México ya existen sistemas de vigilancia clínica que permiten vigilar la resistencia a los antimicrobianos en hospitales. A través del Instituto de Diagnóstico y Referencia Epidemiológicos “Dr. Manuel Martínez Báez” (InDRE) y del Plan Estratégico contra la Resistencia a los Antimicrobianos, se recopila información sobre bacterias resistentes en pacientes atendidos en distintos centros de salud. Estos datos son esenciales para orientar tratamientos y diseñar políticas públicas. Sin embargo, este enfoque presenta limitaciones porque se centra en quienes buscan atención médica. Deja fuera a portadores asintomáticos y a comunidades con menor acceso al sistema de salud, lo que permite que la resistencia se expanda silenciosamente sin ser detectada de inmediato.
Una alternativa prometedora es la vigilancia de las aguas residuales. En un artículo publicado recientemente en la revista científica BioEssays, el Dr. Jose L. Balcazar, investigador sénior del Instituto Catalán de Investigación del Agua (ICRA-CERCA) en España, resalta el valor de esta estrategia para anticipar la propagación de genes de resistencia a los antibióticos. La epidemiología basada en aguas residuales consiste en analizar el material genético presente en estas aguas para identificar la circulación de bacterias resistentes en la población. Su principal ventaja es la capacidad de funcionar como sistema de alerta temprana, incluso antes de que los hospitales registren los casos clínicos.
Este método ofrece beneficios adicionales. Es inclusivo porque refleja tanto a personas sanas como enfermas. Es adaptable porque puede implementarse en ciudades con sistemas de alcantarillado, pero también en comunidades rurales mediante muestreos en fosas sépticas o cuerpos de agua. Y es rentable porque no depende de pruebas individuales, lo que lo hace viable para países con sistemas de salud bajo presión.

Conscientes de esta necesidad, el Dr. Balcazar colabora actualmente con el Dr. Edgar González Villalobos, profesor del Departamento de Salud Pública de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el Dr. Eduardo Quiroz Guzmán del Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste (CIBNOR). Juntos investigan el resistoma presente en aguas residuales hospitalarias mexicanas, es decir, el conjunto de genes de resistencia a los antibióticos detectados en estos entornos. Este esfuerzo representa una oportunidad para que México complemente su vigilancia clínica con vigilancia ambiental y fortalezca sus estrategias de salud pública.
La implementación de este enfoque no está exenta de retos. Requiere protocolos estandarizados, infraestructura de laboratorio suficiente y marcos regulatorios adecuados. Sin embargo, la colaboración entre instituciones internacionales y mexicanas es un paso decisivo para superar esas barreras y generar conocimiento útil para el país.
La resistencia a los antibióticos es un problema global que también impacta de manera concreta en hospitales y comunidades mexicanas. Incorporar herramientas innovadoras como la vigilancia de aguas residuales permitirá detectar amenazas de forma más temprana, mejorar la capacidad de respuesta y proteger la salud de la población ante una crisis que exige respuestas inmediatas.