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Como en Esperando a Godot, de Samuel Beckett, los personajes aguardan la llegada de alguien que nunca termina de aparecer. Así parece la escena de Mondiacult 2025 en Barcelona: el mundo de la cultura espera que México aparezca con claridad y compromiso, aunque la duda sobre su protagonismo y sobre su capacidad de sostener el liderazgo que le caracteriza persista.
La paradoja es evidente. México ha sido epicentro de este proceso: en 1982 organizó la primeraMondiacult, y en 2022, en la Ciudad de México, se firmó una declaración histórica donde más de 150 países reconocieron la cultura como un bien público global. Esa declaración marcó un parteaguas: la cultura ya no debía entenderse como accesorio, sino como un derecho humano y como condición para el desarrollo sostenible. Mondiacult 2025 es, en ese sentido, el examen que pondrá a prueba si las palabras se transforman en políticas efectivas.
La UNESCO ha sido enfática en lo que quiere impulsar: una agenda cultural integrada en los Objetivos de Desarrollo Sostenible, con indicadores claros en educación, innovación, igualdad de género, empleo y preservación digital. Pero lo más relevante es el cambio conceptual. Dejar de mirar la cultura con la óptica miope liberal, como un sector que únicamente requiere subsidios para corregir las “fallas de mercado”, y asumirla más bien desde una visión social, donde lo importante es la construcción de comunidades de sentido, derechos culturales garantizados y narrativas que vuelvan legítima la cooperación cultural internacional.
En esto hay confusiones conceptuales en México que es necesario corregir. La noción de bienes públicos globales desde un ángulo constructivista promueve una visión social, integradora e incluyente. James C. Roberts ha demostrado que los bienes públicos no existen en abstracto: se construyen colectivamente, dependen de identidades en diálogo y de consensos plurales sobre qué bienes precisamente merecen protección colectiva. No nos equivoquemos. La cultura es un ejemplo perfecto para lo anterior: lo que se reconoce como “bien cultural global”, pudiendo ser las gastronomías, patrimonios indígenas, diversidades lingüísticas, memorias digitales, creatividad contemporánea en arte y ciencia, la tecnología en IA, entre otros, no surge de propiedades técnicas propiamente, sino de acuerdos políticos y sociales que los validan como tales.
Como la potencia cultural que es, México podría jugar un papel central en esa construcción, precisamente porque encarna tensiones y potenciales de manera muy evidente. Su riqueza patrimonial, su innovación y su vitalidad cultural contemporánea lo convierten en laboratorio de cómo integrar tradición, diversidad y creatividad en un proyecto global. Pero para ello hace falta un mínimo de consistencia: presupuesto, planeación, indicadores de impacto y, sobre todo, la capacidad de articular un “nosotros” cultural que se proyecte hacia afuera.
Mondiacult 2025 no es solo un foro, es una encrucijada. O consolidamos la Cultura como un Bien Público Global que estructura la cooperación internacional para la paz y el desarrollo, o se la mantiene como un discurso elegante diplomático que se repite sin consecuencias. México, que tantas veces ha levantado la voz en esta arena, deberá decidir si llega como protagonista o como espectador.
En Beckett, la espera de Godot nunca se resuelve; los personajes quedan atrapados en la inmovilidad. Ojalá que en Barcelona no asistamos a esa versión cultural del absurdo. Porque el telón, en la política internacional, nunca cae: lo que está en juego es el derecho de todos a un futuro común sostenido por los bienes culturales públicos y globales.
Director del equipo “Imagen de México en el Mundo”, su trabajo se centra en el estudio de las diplomacias pública y cultural, el poder suave y la imagen país. Su educación formal ha tenido lugar en México, EUA, y Suecia, donde obtuvo su Doctorado en Ciencia Política en 2007.
Actualmente trabaja como profesor en los Departamentos de Estudios Internacionales y en el Doctorado en Comunicación, y colabora como investigador en el Instituto de Investigación Aplicada y Tecnología (InIAT) en el área de Ciencia de Datos, todos pertenecientes a la Universidad Iberoamericana (CDMX). Entre sus actividades de gestión, fue Coordinador de la Licenciatura en Relaciones Internacionales y Director del Departamento de Estudios Internacionales en la Universidad Iberoamericana entre 2016 y 2020.
Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) del CONACyT, de la Asociación Mexicana de Estudios Internacionales (AMEI) y de la International Studies Association (ISA). Colaboró en la organización de la Conferencia Mundial sobre Políticas Culturales (MONDIACULT) de la UNESCO, en septiembre de 2022.