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Análisissábado, 7 de marzo de 2026

Disco duro / La UAM: raíces profundas, futuro posible

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A sus 51 años, la Universidad Autónoma Metropolitana llega a 2026 en un punto de inflexión que no implica ruptura, sino ajuste. El informe presentado por su rector general, Gustavo Pacheco López, ofrece algo más que cifras: expone fortalezas, admite rezagos y coloca a la institución frente a sus propios desafíos.

La matrícula activa supera ya los 61 mil estudiantes. El incremento sostenido en licenciatura no se explica por mayor ingreso, sino por rezago: alumnos que permanecen más años de los previstos. Aquí hay un reto claro. Reducir tiempos de egreso sin sacrificar calidad académica será determinante para la viabilidad del modelo.

Donde la UAM confirma su perfil es en el posgrado. En poco más de dos décadas prácticamente duplicó su matrícula. Maestrías y doctorados crecen de manera sostenida, reforzando su carácter de universidad intensiva en investigación. Ese es uno de sus activos más sólidos.

En el plano simbólico, el relevo de metáforas institucionales —del olivo a la ceiba— no es trivial. La gestión anterior apostó por la imagen de consolidación; la actual subraya raíces profundas y expansión. El mensaje es continuidad con transformación. No parece un cambio cosmético, sino una invitación a equilibrar tradición y futuro.

La frase fundacional de Miguel León-Portilla —“Casa abierta al tiempo”— conserva vigencia. En un entorno donde las universidades públicas enfrentan presiones presupuestales y exigencias sociales crecientes, mantenerse abierta al diálogo, al conocimiento y a la crítica es más que un lema: es una necesidad.

El informe no maquilla tensiones. Reconoce rezagos, admite límites y plantea una agenda hacia 2030. La UAM no es una institución perfecta, pero sí es una pieza estratégica del sistema universitario mexicano.

Si logra convertir diagnóstico en acción —mejorar inscripción, permanencia y egreso; fortalecer investigación sin descuidar docencia; planear la transición generacional—, su segundo medio siglo puede consolidarla aún más. La UAM ha demostrado capacidad de adaptación. Ahora necesita afinar ejecución.

No es momento de estridencias. Es tiempo de raíces firmes y decisiones precisas.

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