Por José Raúl Pérez Aguilar
Cada palabra que se pronuncia tiene el poder de abrazar o de herir. El lenguaje no es solo una herramienta para comunicarse: es una forma de habitar el mundo, de mirar a quienes nos rodean, de nombrar lo que somos y lo que soñamos.
En un tiempo donde la diversidad florece y las voces antes silenciadas se alzan con fuerza, hablar con respeto, ternura y conciencia se vuelve un acto profundamente transformador.
Durante generaciones, muchas expresiones han sido usadas sin cuestionamiento, aunque cargaban estigmas, burlas o exclusiones. Decir “locos”, “viejitos”, “ilegales” o “maricones” no solo es ofensivo: es una forma de negar la humanidad de quienes viven realidades distintas. Hoy, tenemos la oportunidad —y la responsabilidad— de cambiar eso.
La amororidad es la ética del cuidado, una disposición afectiva hacia el otro, la otra, lo otre. Es la fusion de amor y sororidad. Aplicada al lenguaje, la amororidad nos invita a hablar con ternura, con empatía, con la voluntad de no dañar. Es elegir palabras que no hieran, que no reduzcan, que no excluyan. Es mirar a cada persona como única, valiosa y digna, más allá de cualquier etiqueta.
Una de las claves del lenguaje incluyente es poner a las personas en el centro. No se trata de corregir por corrección política, sino de reconocer que nadie es solo su diagnóstico, su situación económica o su identidad de género. Decir “persona con discapacidad” en lugar de “discapacitado”, o “persona que vive con VIH” en vez de “sidoso”, es un acto de justicia y de reconocimiento.
Las palabras no se las lleva el viento. Dejan marcas, construyen imaginarios, moldean relaciones. Usar diminutivos para hablar de personas adultas mayores, bromear con condiciones de salud mental o asumir identidades sin preguntar, perpetúa desigualdades. Cambiar el lenguaje no es censura: es evolución, es sensibilidad, es humanidad.
Nombrar bien es hacer visible. Es decir “persona trans”, “persona indígena”, “persona en situación de calle”, “persona trabajadora sexual”, y hacerlo con respeto, sin prejuicios ni morbo. Es entender que cada quien tiene derecho a ser nombrade como desea, y que preguntar cómo hacerlo es una muestra de cuidado, no una incomodidad.
Presidente de Codisex Los Cabos A.C. -
@kbalistikomx
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