Así que historia y naturaleza nos tocan a la puerta y piden que nos asomemos para vislumbrarlas, para no olvidarlas mientras caminamos por ahí, sin sentirnos extranjeros en nuestra propia patria.
Por estos días como que el estado de ánimo se renueva a pesar de todo, decíamos. El ánimo reverdece y nos dice que sí, que después de todo The sun also rises.
Y también hay una gran floresta. Flores de distintos colores: rojas –unas que les dicen cola de conejo por su forma pero de un carmesí brillante; las hay amarillas, violeta, anaranjadas…
Una Laguna Grande, o Encantada de la que sus habitantes cuentan historias increíbles y misteriosas. No hay pueblo que se precie de respetable que no tenga en su haber historias de aparecidos, ahora desaparecidos.
Ahí reciben a los visitantes que llegan a granel para decirles que, después de todo, la grandeza del hombre está en su origen, como también en sus actos y en su obra.
La guerra de EU e Israel contra Irán ha disparado los precios del petróleo y agravado el temor a la inflación por la falta de acuerdos para finalizar la ofensiva
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A pesar de todo. A pesar de los momentos incomprensibles que hoy vivimos en México, todavía hay forma de encontrar rendijas en nuestra casa nacional por las que penetra la luz del sol. Es ese resplandor que nos anuncia que la vida está aquí aunque estemos atemorizados y a la expectativa de que un día, pronto, este panorama de incertidumbres dolorosas termine.
Y es que nos acordamos que a lo largo de nuestra gloriosa historia, muchas veces trágica, los mexicanos siempre hemos salido avante de los problemas; siempre hemos encontrado salidas y hemos recuperado el auténtico orgullo y dignidad nacionales; no las del grito estruendoso vacío y ocurrente del “¡Viva México… cabrones!”, con la botella de cerveza en la mano. No.
Sí el orgullo que produce la victoria en la lucha, en la gesta grandiosa y esencial, que es la preservación de nuestras vidas, la preservación –también- de nuestra identidad nacional, nuestra cultura, nuestras raíces hondas en la historia milenaria y nuestra trascendencia futura puesta en trabajo, en esfuerzo, en lucha, en sueños y verdades satisfechas y en donde todo esté cumplido para todos. La preservación de nuestro país, que es, a fin de cuentas, el único que tenemos.
De tal forma, esos atisbos de vida en paz que hoy valoramos cuando parecen haber desaparecido, nos reviven y nos muestran que a pesar de los pesares la vida sigue, el mundo sigue y la historia sigue, porque en este mismo momento, los mexicanos estamos escribiendo la historia que un día conocerán nuestros descendientes… Y quizá entonces no nos perdonen el haber puesto al país en vilo, polarizado y encolerizado, violento y mentiroso desde el poder.
Estamos en pleno marzo y la primavera ya está aquí, en México. Según los científicos que de esto saben, el equinoccio de primavera comenzará este 2026 el 20 de marzo a las 8.46 de la mañana. “Este evento astronómico equilibra la duración del día y la noche, dando inicio a la estación más cálida y al florecimiento en el hemisferio norte”.
Ya está aquí la ‘primera verde’ que se soma al paso de nuestra vida. Alrededor estallan los colores brillantes, con la luz intensa y brillante del día y las noches luminosas que no apaciguan los calores que ya llegan luego del invierno frío con el que concluyó el ciclo de estaciones.
Y, claro, nada mejor que descubrir esa primavera en el campo. Lejos del mundanal ruido urbano. Y qué mejor que ir a la tierra en donde el 21 de marzo de 1806nacióBenito Juárez García, el presidente que fue de México durante 14 años, desde 1858 hasta su muerte en 1872. Un mexicano ejemplar que gobernó a un país al que quiso rescatar de las divisiones políticas, de las traiciones, de los intereses extranjeros y para construir instituciones y leyes que dan sentido aun hoy a la República mexicana.
Juárez vivió la Guerra de Reforma, la intervención francesa y la consolidación del Estado laico, forjador de una constitución liberal con libertades y derechos, con igualdad y responsabilidades políticas y públicas, y, por su propia experiencia, con una visión defensiva del tema internacional: “El respeto al derecho ajeno es la paz” escrituró el oaxaqueño de carácter indomable y de dignidad y respeto a toda ley…
Pero eso, nada mejor que recordarlo y recordar que aquí está la primavera y recorrer el camino y el lugar en donde nació el oaxaqueño, San Pablo Guelatao de donde salió para ser impresor, abogado, juez, ministro, presidente de la Suprema Corte y presidente de la República Mexicana. Todo hasta su muerte a los 66 años. Y es que “si Juárez no hubiera muerto… todavía viviría…”
Guelatao de Juárez es un poblado que está a 62 kilómetros de la Ciudad de Oaxaca de Juárez, un recorrido que se hace en poco menos de una hora y que permite ver parte de la sierra norte de Oaxaca, con rumbo a Ixtlán, y por una carretera que llega a Tuxtepec muchas horas después.
Es unacarretera curvada y angosta que se eleva poco a poco para enfrentar a las montañas. El recorrido está rodeado de paisajes que no se recuperan en unas cuantas palabras: apenas decir que son unamaravilla de distintos tonos de verde que ya se notan en esta primavera. Al paso el aroma de la vegetación nos recuerda que no hay perfume mejor que el que la naturaleza nos envuelve.
En el primer recorrido, apenas se deja Oaxaca, la vegetación es bajita, con cerros cubiertos de la misma vegetación verdeque te quiero verde, que relumbra a la luz del sol y que nos distancia de la capital del estado a través de montes y bajo un cielo azul turquesa, como nadamás hay en Oaxaca. Nadamás hay que ver este pedacito de Huaxyacac.
Luego, poco a poco se van descubriendo los árboles que pueblan la montaña boscosa. Árboles que son pinos, encinos, ayacahuite y pino negro. Altos todos ellos. Generan una sensación de misterio y protección: ambos. El viento sopla suave, más frío que en la planicie. Pero oloroso los pinos que se mueven suavemente, con gusto, porque se sienten dueños de su espacio y de su mundo…
En menos de una hora llegamos al municipio de Guelatao. Que como ya se ve, está ubicado entre sierras y montañas y nubes que casi se tocan con las manos. El centro del municipio es un pequeño poblado que brilla con la luz del sol. No es muy grande si se considera que ahí viven aproximadamente 657 personas según el censo de 2020 y muchos hablaban el zapoteco. Las casas son sencillas y algunas de ellas mantienen el gusto por el adobe en su construcción.
Preside el lugar, en un enorme patio, con los arcos municipales a un lado, un monumento en bronce de Benito Juárez García, el presidente liberal y republicano, que en sus manos posa un libro que, se dice, son las leyes de Reforma. Al pueblo llegan cientos de turistas a lo largo del año para conocer el lugar en donde nació el “Benemérito de las Américas”, como se le denominó en República Dominicana.
Es un pueblo que mantiene como regla de gobierno y de participación social los usos y costumbres. No se ve pobreza. Si se ve respeto y dignidad entre sus habitantes, orgullosos de su linaje y de ser descendientes consanguíneos del hombre que frente al ataúd con el cadáver de Maximiliano de Habsburgo diría casi en silencio: “No tenía talento”.
El mismo que dijo: “No se puede gobernar a base de impulsos de una voluntad caprichosa, sino con sujeción a las leyes” o “Nunca abuses del poder humillando a tus semejantes, porque el poder termina y el recuerdo perdura” o “No se puede gobernar a base de impulsos de una voluntad caprichosa, sino con sujeción a las leyes”.
En el Palacio del Ayuntamiento, pintado de blanco y verde, está otro busto en bronce de Juárez, y un mural colorido. Y está el recuerdo de Benito en Guelatao cuando fue un pequeño pastor de las ovejas de su tío y con las que pasaba horas a su cuidado a orillas de la Laguna Encantada, porque precisamente Guelatao --”Yelatoo” en zapoteco-- significa “laguna grande”.
Caminamos un poco y se percibe una tranquilidad, casas pequeñas y tranquilas; tranquilidad sólo atribuible a un lugar en el que la gente convive en paz, en armonía y en la que, sin duda habrá conflictos, pero que son resueltos en común acuerdo.
Pero ya está. Ahí está el recuerdo de Juárez en un lugar que es casi el paraíso y está la primavera que nos recuerda que… “Si para enamorarme ahora, volverá a mí la maldita primavera … Pasa ligera la maldita primavera … Pasa ligera … Dulce embustera…”