elsoldemexico
Análisissábado, 7 de marzo de 2026

Hojas de papel volando / Mujer de luz resplandeciente…

Síguenos en:whatsappgoogle

Ocurrió el 25 de marzo de 1911. Se incendio la fábrica Triangle Shirtwaist en Nueva York. Mató a 146 personas, de ellas 123 eran mujeres, costureras, la mayoría jóvenes inmigrantes.

Digamos que esta tragedia se sumaría a las muchas en las que las mujeres trabajadoras vivían en condiciones laborales injustas, desiguales, abusivas…

El 8 de marzo de ese mismo año se llevaron a cabo marchas, mítines, manifestaciones masivas exigiendo derechos laborales. De forma progresiva el movimiento alcanzó lo político y lo económico.

Participaron empleadas, obreras, incluso amas de casa rusas que provocaron revueltas para pedir el fin de la guerra y poder tener alimentos, lo que se conjuntó con la exigencia de justicia laboral. Justicia para la mujer; igualdad.

Pero con estos movimientos y otros anteriores, en el siglo XIX, comenzó el largo camino que habrían de transitar para exigir y conseguir que se les tratara con respeto, dignidad, igualdad, justicia. Hombre y mujer con derechos y responsabilidades similares.  

Así que por acuerdo de la Asamblea General de las Naciones Unidas, se declaró a 1975 Año Internacional de la Mujer, y de ahí en adelante cada 8 de marzo.  

En su respuesta Sor Juana reivindica el derecho de la mujer a la educación, a la participación en asuntos en los que la condición femenina no es obstáculo para su desempeño, creatividad y crecimiento: “Poner belleza en mis pensamientos y no mis pensamientos en la belleza”.

Ella es mujer de trabajo, esa misma que se conmemora este 8 de marzo en todo el mundo.

Lo son también las obreras de cada día, la joven costurera que cose y cose y cose ropa que nunca será suya, la vendedora eventual de gelatinas, la vendedora de tamales que dan sabor y alimento a gente de trabajo, gente de muy temprano cada día.

Las hay mujeres de la noche. Las que exponen su cuerpo y su alma por ganar el sustento para ellas, para su familia… sus hijos. Mujeres que caminan y caminan sin conocer la meta, el fin, la salida…

Pero también están las de la cordialidad, las de la mano tendida, las de la sonrisa en el trabajo febril y en la ayuda.

Sí, es la mujer trabajadora. Es el homenaje a la mujer que tiene dos dedos de frente, un corazón enorme y una fuerza inimaginable para defenderse cuando hombres quieren aprovecharse de su condición femenina y les exigen lo inexigible.

La mujer. El eterno femenino. El eterno amor que mira a la vida con esa luz que, dijera Navarrete de Oaxaca, con esa luz que hace brillar la cara de los cielos.

Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresión

ÚLTIMAS COLUMNAS

Más Noticias