Trabajadoras del hogar y de cuidados organizadas por la justicia de género
“En los tiempos en los que a mí me educaron era super normal que las mujeres hiciéramos todo el trabajo en la casa, entonces así fui creciendo, me iban prestando mis tías en las casas”.
Memoria viva y mirada al futuro
Coordinador del Programa Género y Trabajo en el ILSB, entrevista a Amalia Morales, trabajadora del hogar y cuidadora.
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Amalia se ha dedicado desde niña a los trabajos de cuidado. De pequeña lo hacía en su casa y en la de sus tías, lo que asumía como algo normal en las dinámicas familiares. Con el tiempo, el trabajo doméstico y de cuidados constituyó su fuente principal de ingresos.
Su trabajo le permitió sostenerse y sostener económicamente a su hijo y a su madre. A sus 67 años, cuenta con experiencia suficiente y especializada tanto en trabajo del hogar, como de cuidados a personas mayores, actividad en la que acaba de certificarse junto con un grupo de compañeras.
Recuerda con especial cariño el proceso de certificación en el Estándar de Competencia EC0669 “Cuidado básico de la persona adulta mayor en domicilio” acompañada por el Simone. Si bien ya tenía experiencia en esta labor, nunca había tenido la oportunidad de formalizar oficialmente sus competencias. Además de los aprendizajes técnicos, Amalia atesora el intercambio con otras compañeras, con quienes construyó un espacio de resiliencia, fuerza e inspiración colectiva.
Para ella es importante continuar con el proceso de formación que la ha llevado al reconocimiento de su trabajo como necesario para la sostenibilidad de la vida, como un bien público, como un trabajo que aporta económicamente en el PIB nacional y que, por todo ello, debe desarrollarse en condiciones dignas y con remuneración justa y regulada.
Frente a la pregunta sobre cómo consolidar condiciones de trabajo decente, Amalia es clara: es mejor hacerlo “en bola” que sola, por lo que procura continuar con los procesos organizativos que reúnen a las compañeras en torno a esa agenda de reconocimiento laboral.
Amalia es una de las muchas mujeres que ha participado en las actividades de formación e incidencia impulsada por el Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir (ILSB) a lo largo de sus primeros 25 años de existencia, periodo durante el cual esta organización feminista de la sociedad civil ha dedicado una de sus líneas de trabajo a evidenciar la centralidad que tienen los cuidados en el desarrollo social, la necesidad de equilibrar la división sexual de ese trabajo y de dignificarlo, ya sea remunerado o no remunerado.
En México, las labores de cuidado se contabilizan desde la primera edición de la Encuesta Nacional sobre el Uso del Tiempo (ENUT 2002). A pesar de ello, a 23 años de la publicación de los primeros resultados y después de cinco ediciones de la ENUT, la última de las cuales fue publicada el año pasado, es claro que los trabajos de cuidado y el trabajo del hogar que forma parte de ese rubro ha estado y continúa estando ampliamente feminizado, poco reconocido y que las condiciones en las que se desarrolla contribuyen a perpetuar la desigualdad de género.
Además, los ingresos de las trabajadoras suelen ser bajos: en zonas urbanas, muchas reciben alrededor del salario mínimo diario por jornadas de ocho horas o más. En otras zonas del país la situación es aún más grave, pues los pagos oscilan entre 180 y 200 pesos por jornada, es decir, por debajo del salario mínimo legal.
Ellas ganan poco por realizar mucho ya que además de las tareas de limpieza, muchas veces se les asigna sin previo acuerdo y de forma discrecional el cuidado de infancias, personas adultas mayores, con discapacidad o en situación de enfermedad: preparar alimentos, brindar compañía, asearlas o administrar medicamentos. Estas tareas, que requieren formación y alta responsabilidad, suelen ser asumidas por las trabajadoras debido a la necesidad de conservar el empleo, aún cuando implican mayores cargas físicas y emocionales, aunque no necesariamente un mejor salario.
Las trabajadoras del hogar enfrentan condiciones laborales precarias. Según datos del INEGI en 2024, el 97%no cuenta con contrato escrito, 70% no tiene ningún tipo de prestación laboral y sólo 2.4% está afiliada al IMSS. Aún cuando han pasado cuatro años de la puesta en marcha del programa piloto de afiliación y de dos años y medio de la entrada en vigor de la obligatoriedad legal de seguridad social para las trabajadoras, de acuerdo con datos del IMSS a marzo de este año, unas 66 mil personas se encontraban afiliadas bajo esta modalidad.
La cifra de afiliación contrasta, por ejemplo, con la de personas trabajadoras de plataformas, que supera el millón de personas a menos de un año de la modificación legislativa que permitió su reconocimiento laboral. ¿Qué factor se identifica como determinante para diferenciar las tasas de afiliación entre sectores de personas trabajadoras que tradicionalmente han desarrollado sus labores en esquemas precarizados de seguridad social y protección de trabajo decente?
Sin duda, una de las causas está relacionada con la diferencia entre el esquema tripartito que caracteriza a uno y a otro trabajo. Mientras que las personas trabajadoras de plataformas se reúnen en torno a un mismo empleador corporativo, las trabajadoras del hogar no cuentan con esa correspondencia consolidada, lo que las enfrenta a los desafíos tradicionales de hacer de reconocimiento público relaciones que social e históricamente han sido consideradas del ámbito privado o doméstico.
Por ello, fortalecer los mecanismos de inspección laboral junto con campañas de concientización para la dignificación del trabajo cruzan por dirigir información tanto a las partes empleadoras -integrantes individuales de las sociedades- y por informar y acompañar a las trabajadoras.
Amalia se ha convertido en una líder que inspira y acompaña a cada vez más compañeras. Con ellas trabaja, se organiza y busca abrir caminos para que más trabajadoras puedan formarse y transformar sus realidades. Es parte de un movimiento que, desde hace décadas, lucha por la dignidad laboral de las trabajadoras del hogar. “En bola, de la mano de sindicatos y de la sociedad civil organizada como el ILSB, logramos la ratificación del Convenio 189 de la OIT que protege las condiciones en las que debe realizarse el trabajo del hogar”.
Desde ese entonces, Amalia reconoce los avances legislativos y normativos alcanzados, pero también sabe que no son suficientes: se necesitan más voluntades y compromisos, tanto del Estado como de las personas empleadoras, para transformar verdaderamente la realidad de las trabajadoras.
Su mirada hacia el futuro nos recuerda que debemos redoblar esfuerzos para hacer de los derechos de las trabajadoras del hogar una realidad tangible. Ello implica repensar nuestras estrategias, innovar en nuestras apuestas y actuar con visión política.
El reciente reconocimiento del derecho al cuidado y la creciente visibilización de la economía del cuidado representan una oportunidad histórica. Las trabajadoras del hogar deben ser reconocidas como pilares centrales de esta agenda, no sólo como trabajadoras de los cuidados, sino también como titulares de este derecho en sus tres dimensiones: cuidar, ser cuidadas y contar con condiciones estructurales que les permitan ejercer su autocuidado, individual y colectivo.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha señalado a la economía del cuidado como uno de los sectores clave del futuro del trabajo, con un enorme potencial para generar oportunidades, especialmente para las mujeres. Sin embargo, no podemos permitir que este futuro se construya sobre la misma precarización laboral que, hasta hoy, ha marcado al trabajo del hogar y de cuidados remunerados. La última declaratoria de la OIT así lo señala: “es preciso saldar la deuda histórica con millones de mujeres trabajadoras del hogar”.
Los cuidados son un derecho, un bien público, una necesidad y un trabajo. Para quienes los realizan de manera remunerada, representan también la posibilidad de justicia y dignificación laboral. Desde el ILSB, llevamos 25 años apostando por la formación, la vinculación y el acompañamiento de las trabajadoras del hogar y de otros sectores, pero nuestro mayor compromiso ha sido y seguirá siendo construir esperanza y abrir caminos hacia la justicia social.
Entendemos los cuidados como una apuesta política y cultural que puede conducirnos a un nuevo pacto civilizatorio en el que la vida y las personas estén en el centro. Desde el ILSB seguiremos trabajando para que el derecho al cuidado se reconozca y se ejerza plenamente, y para que el trabajo del hogar y de cuidados sea un espacio de dignidad, justicia y derechos para todas las trabajadoras y trabajadores.
Sobre el Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir (ILSB): Somos una organización feminista que durante 25 años ha contribuido a crear una sociedad democrática y justa a través de la formación, vinculación y acompañamiento de liderazgos sociales con perspectiva de género, derechos e interculturalidad.
“Formadas para transformar” es una serie editorial de 5 entregas en las que integrantes del equipo del ILSB entrevistan a activistas y aliadas que se han formado en la organización para visibilizar su liderazgo, los retos que enfrentan en sus territorios y el papel que organizaciones como el ILSB juegan en la construcción de un mundo más equitativo y con justicia social.