por Enrique Zúñiga Vázquez
Hablar de tortura nos pone frente a uno de los más grandes flagelos que se le pueda infringir a una persona, ya que nos coloca ante el hecho de hallar a alguien que a partir de ese evento su subjetividad y vida cambian.
¿Cómo podemos observar el impacto de la tortura en una persona? Me preguntaron muchas veces como psicólogo y aplicador del Protocolo de Estambul -estudio médico-psicológico que indaga el impacto de la tortura- y la respuesta siempre fue la misma: quien vive este evento deja de ser lo que era antes, algo se rompe en su interior y todo cambia.
Sólo me sentiré bien si cumplo mi función, si alcanzo mi objetivo. Porque de lo contrario seré efectivamente un cruel, un sádico, un inhumano, porque habré ordenado que te torturen para nada, y eso sí es una porquería que no soporto. Le dice el Capitán a Pedro mientras los tortura.
Mario Benedetti en su novela Pedro y el Capitán, entiende magistralmente esa especulación entre víctima y victimario. Y en eso se resume gran parte de la tortura, que el otro, la víctima, hable, proporcione información, que “legitime” el acto atroz de torturar, que no haga ver a los verdugos como unos sádicos, sino como quienes “cumplen con una función”: obtener información.
La tortura, más allá de su impacto psicológico y su función como un ejercicio asimétrico del poder sobre los cuerpos, también está inscrita en cuatro registros:
No jurisdiccional: Es una violación grave a los derechos humanos.
Jurisdiccional: Es un delito contenido en los códigos penales.
Jurisdiccional internacional: Se encuentra inscrito en el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, el cual lo considera un crimen de guerra y/o crimen de lesa humanidad.
Cuasi jurisdiccional: En el caso de América, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) ha dictado sentencias, las cuales son dirigidas a los Estados por eventos relativos a ese hecho. En México, por ejemplo, lo hizo con el caso Mujeres Víctimas de Tortura Sexual en Atenco Vs. México en 2018.
La idea de inscribir en diversos registros a la tortura se hace con la intención de que se abarque con mayor amplitud. Lo que se intenta reforzar con mecanismos de supervisión como el Subcomité para la Prevención de la Tortura, órgano parte de las Naciones Unidas, que se encarga de hacer visitas esporádicas a diversos países buscando la prevención de esta, así como de los tratos crueles, inhumanos y/o degradantes, mediante la supervisión de lugares de detención.
Las visitas realizadas a México por el Subcomité tuvieron lugar en 2008 y 2016, siendo la última la efectuada del 25 al 30 de enero de 2026.
Los lugares supervisados han correspondido a centros penitenciarios, hospitales psiquiátricos, separos de policías, fiscalías, centros para tratamiento de adicciones, “anexos”, entre otros, que, a pesar de los años, y más allá de las cifras -las cuales siguen manifestando que la tortura es un hecho que se manifiesta en algunos lugares de forma reiterada y estructural- ha prevalecido las mismas dinámicas, donde la tortura es una forma de control sobre los cuerpos de los cautivos, de despojo de identidad, de desubjetivización sobre las víctimas.
Y que, a pesar de los múltiples señalamientos en los informes, de mostrar la existencia de falencias por parte del Estado, y su aparato administrativo, en la prevención de este evento, persiste, se recicla, se perfecciona en algunas instancias o se brutaliza en otras.
En las prisiones no vemos solamente la tortura que quiebra, la que lastima el cuerpo, sino que también hallamos esa que va socavando las subjetividades, que va apagando e inhabilitando a los cautivos, sea mediante la imposibilidad de saber la hora del día, de estar con las luces encendidas 24/7, de ser ubicados en celdas aisladas y donde prevalece el silencio, como ejemplo de tortura psicológica.
O en lugares como los anexos, muchos de estos irregulares, no accesibles para cualquier ente institucional, donde se utilizan métodos burdos, crueles, para “combatir adicciones”, y que muchas veces terminan en tortura y muerte, y donde también organizaciones criminales han realizado masacres.
Estos ejemplos son una pequeña muestra que el Subcomité ha encontrado anteriormente y, con mucha posibilidad, lo observó nuevamente. Así como también optó por no supervisar, en esta última visita, lugares como estaciones migratorias, donde han ocurrido hechos funestos como los extranjeros asfixiados y calcinados en Ciudad Juárez, muertos bajo el mando de autoridades completamente apartadas de la noción de los derechos humanos, despiadadas, y donde muchos de ellos obtuvieron certificados de impunidad a pesar de sus responsabilidades.
Es por eso que se torna necesario, más allá de las formas institucionales, que lo encontrado por el Subcomité sea de orden público, se den a conocer sus hallazgos y se instauren mecanismos reales y eficientes, donde se integren diversas instancias, que logren prevenir la tortura, así como todos aquellos eventos conexos que diariamente ocurren en los