Whatsapp y los encuentros sexuales: Caso Julio Iglesias
En tiempos donde la intimidad cabe en un pantallazo y la fama confunde los límites, vale la pena decirlo: el consentimiento no vive en un chat. Todo lo contrario.
Esto no solo carece de sustento judicial, sino que tensiona un principio básico en los casos de violencia sexual: proteger a quien denuncia para que denunciar no tenga un costo social devastador.
El caso llegó a la justicia española con la expectativa de que se analizaran las pruebas completas, contextos, peritajes y testimonios para garantizar a ambas partes la presunción de inocencia y la protección de las víctimas.
Publicar mensajes no es defenderse: es intimidar
Sin embargo, esta semana la fiscalía española anunció que archivaba el caso por falta de competencia: las denunciantes no son españolas y los presuntos hechos no ocurrieron en territorio español.
En Spotify, el artista suma actualmente 6,122,455 oyentes mensuales, de acuerdo con los datos públicos que muestra la plataforma. Quizá el escándalo empuje a los curiosos a buscar sus canciones y dispare, otra vez, sus reproducciones.
No por puritanismo, sino por lo que siguen imponiendo: la idea de que a los hombres se les permite —o incluso se les exige— gestionar el dolor con alcohol, silencio y pose.















