“Reefline”: el proyecto que combina arte y ecologismo al sumergir vehículos en el agua
Arriba, los vehículos son una fuente de contaminación, pero sumergidos en el mar, ayudan a recuperar la biodiversidad
Hugo Barcia
Cuando la artista argentina Ximena Caminos tuvo permiso para crear un arrecife artificial en Miami Beach no tardó en pensar en el automóvil como un símbolo de transformación.
Este proyecto, que combina arte y ecologismo, aspira a crear un arrecife artificial de coral de once kilómetros a lo largo de la costa que permita que especies marinas casi desaparecidas vuelvan a estas aguas.
Con apenas dos meses de vida, el arrecife ya está viendo crecer a sus primeros corales, gracias al empleo de un tipo de material ecológico para fabricar las esculturas vehiculares que favorece su adhesión.
“Los autos son como macetas”, explicó, y con la ayuda de los corales, que son “especies fundacionales”, el resto de animales llegarán de manera natural.
Este concepto, sin embargo, no es nuevo para Miami Beach, una isla en gran parte artificial que sufre de problemas de erosión y antiguamente tenía un arrecife propio que lo protegía.
El calentamiento de las aguas y la contaminación del mar acabó con él, por lo que el proyecto de Caminos desea recuperar esa fauna perdida poniendo el arte “al servicio de la naturaleza”.
La instalación a gran escala fue realizada con la ayuda de grandes barcos y de la mano del artista argentino Leandro Erlich. Las esculturas han sido testadas para aguantar posibles huracanes.
Un acto de peregrinaje
Visitar esta “ciudad subacuática”, como la define Caminos, parece sencillo, pero conlleva ciertas complicaciones.
Por ello, la organización Reefline, que comparte nombre con el proyecto, organiza recorridos a bordo de una embarcación que proporciona el equipo de buceo necesario para que los interesados se sumerjan cuanto lo deseen. El único requisito es no tocar.
Esta forma de peregrinaje lo convierte en una experiencia con un inmenso poder, según la artista argentina, que reveló que “el arte más importante muchas veces fue invisible”, al permanecer a puerta cerrada.
En medio de este optimismo por constatar el impacto de su proyecto, Caminos se mostró más cauta al referirse a los próximos meses, en los que la hoja de ruta está definida, pero no la financiación.
Para instalar once kilómetros de arrecife artificial requieren de 33 millones de dólares, una cantidad que tratarán de alcanzar a través de acuerdos con la Administración y con iniciativas privadas.
Hasta que logren esa financiación y el proyecto pueda concluir en no menos de diez años, Reefline no descarta replicar su arrecife artificial en otras playas también paradisíacas.
“Tenemos un par de invitaciones para Dubái y para Maldivas”, dijo Caminos.



























