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Antolina Oritz Moore escribe una historia sobre la empatía / Foto Cortesía Antolina Oritz Moore
“En México estamos acostumbrados a crisis, a dolores colectivos y a tormentas… pero aquella tormenta fue como ninguna”, dice la escritora Antolina Ortiz Moore al hablar de su novela “El día que no paró de llover”.
La historia toma como escenario el acuoso año de 1951, en cuyo mes de julio se soltó una torrencial tormenta que inundó dos terceras partes de la ciudad durante tres meses. En esos días los habitantes de una vecindad aprenden a sobrevivir.
“Lo que quise manejar en esta novela, tal vez no de una manera tan consciente, fue la búsqueda de la empatía. Creo que a través de ella es que podemos entendernos. Eso es lo que sucede en esta vecindad, en que la gente comienza a conocerse; creo que es la única forma que podemos afrontar los dilemas sociales”, dice Antolina Ortiz Moore, en entrevista con El Sol de México.
“En esta historia traté de poner a varias familias con varios pasados, porque en realidad eso somos los mexicanos. Si lo piensas bien, la palabra mexicano es demasiado abstracta. ¿Qué es lo que somos los mexicanos? Entonces, de alguna manera, es la puesta en escena de lo que somos, que bien puede ser conflictiva porque puede suceder que nuestro propio vecino sea lo contrario de lo que queremos que suceda en nuestras vidas”, agrega.
Su objetivo se refleja en las páginas, pues a través de ellas conocemos las historias de un niño con poliomielitis que sueña con volar, un panadero español, una maestra feminista, un artista homosexual, un judío refugiado. Cada uno con sus tragedias personales, al amparo de los entonces populares medios de comunicación: la televisión y la radio.
“Los medios de comunicación han acelerado el proceso de dar conocer cosas a gran velocidad, pero también la desinformación ha crecido de forma impresionante. Eso no quiere decir que antes no sucediera, porque la desinformación ha sido parte del inconsciente colectivo.”
“Pero los 50 es la época del Cine de Oro, con Cantinflas y la Doa; y también de la radio emblemática con gran música como Cri-Cri, Agustín Lara, con todo lo políticamente no correcto que ahora lo vemos. Y es que me interesa mucho porque eso de lo políticamente no correcto, porque nos acerca al entendimiento de lo que aún hay contemporáneamente en nuestra forma de ser mexicanos”, apunta.
Los 50 es la época del Cine de Oro, con Cantinflas y la Doña; y también de la radio emblemática con gran música como Cri-Cri y Agustín Lara, con todo lo políticamente no correcto que ahora lo vemos
En este sentido, llama la atención que, en esos mismos medios, constantemente se anuncia el caso de desaparición de mujeres y la presencia de feminicidios, así como de otras violencias. Sobre ello Antolina considera que es importante revisar esos años, pero de forma crítica, no sólo negacionista, pues, aunque hay ecos claros de los contextos indeseables, también ha habido avances, aunque no por ello progreso.
“Odio la palabra progreso. Creo que de haber una asimilación y un entendimiento (de los procesos históricos), que son un poco como ir a terapia o superar un trauma. Hay que hacer una toma de consciencia. Cuando estaba haciendo la investigación me impresionó mucho darme cuenta de los parecidos con lo que estamos viviendo ahora.”
“En los años 50 el mundo estaba saliendo de la poliomielitis y las mujeres estaban siendo asesinadas como ahora. Pero uno pensaría que seguimos estancados, pero es muy importante tomar perspectiva porque podemos notar que hemos cambiado; yo quiero creer que para mejor. En ese entonces ni siquiera había una palabra para nombrar los feminicidios y los homosexuales tienen una vida mucho mejor ahora. Esto no significa que vivamos hoy en la panacea, sino que hay que darnos cuenta que hay trabajo por hacer”, finaliza.