Cicciolina: “a Dios le diré que siempre hice lo que quise”
La ex actriz porno y ex diputada italiana, ahora de 73 años de edad, habla de su leyenda y de su lucha personal contra el puritanismo
Gonzalo Sánchez
Actualmente vive en un ático cercano comprado con la fortuna de su época dorada, acompañada por nueve gatos persas: “Me entretengo con las redes sociales, cocino, paseo… Mi vida es bastante simple”, confiesa.
No puedo decir nada malo del porno porque gané mucho dinero. No hay que escupir sobre el plato del que se come
Cicciolina dio la gran sorpresa en 1987, cuando fue elegida diputada del Partido Radical: “Hacía campaña en las discotecas. Pedía el voto y repartía besos. Fue una locura”, recuerda entre carcajadas.
Feminista a su manera
Cicciolina define su “innata” vocación política con el lema “paz y amor” y destaca una docena de proyectos de ley que impulsó, como uno para garantizar intimidad sexual a los presos (este año un tribunal ordenó una medida similar).
En otros proponía impartir sexualidad en las escuelas o prohibir la vivisección. “Algunas de mis propuestas siguen siendo modernas”, destaca.
A sus 73 años, la política todavía le interesa y sigue atentamente los avatares de su Hungría natal, donde reside parte de su familia, tildando de “dictador” al primer ministro, Viktor Orban.
Cicciolina define su vocación política con el lema ‘paz y amor’ y asegura que varias de sus propuestas legislativas siguen siendo modernas
La actriz se considera feminista ‘a su manera’ y asegura que nunca se ha sentido usada: “Siempre fui una mujer libre, desde niña”, asevera, aunque reconoce alguna afrenta de representantes y colegas.
Y acepta que sus papeles eróticos dificultaron una carrera televisiva: “Algunos santurrones me cerraron la puerta en las narices. No entendía la razón, mi trabajo era como el de una funcionaria. Fichaba, grababa y me iba”.
Actualmente percibe una pensión vitalicia por su legislatura como diputada y también cobra sus trabajos en televisión, entre programas y Reality Shows, aunque en el pasado ha denunciado algunas estrecheces.
Hace las paces con Koons
En el plano sentimental, está “soltera por elección” y afirma que su persona más querida es su hijo Ludwig, fruto de su convulso matrimonio con el escultor Jeff Koons.
Atrás quedan los litigios con el famoso artista que la esculpió en variadas posturas sexuales: “Ambos hemos entendido que debíamos dejar de reñir, ya somos mayores”, dice.
Otra de las guindas de su extraordinaria existencia es el rumor de que, trabajando de joven en un hotel en Budapest, hizo de espía y, aunque lo confirma tímidamente, evita hablar de ello.
¿Cree en Dios? “Sí, aunque creería más si castigara a los malvados que hacen la guerra”, se revuelve. ¿Y si un día se encontrara ante Él? “Le diría que siempre hice lo que quise”, imagina.
“Yo repetiría mi historia, del mismo modo”, reconoce la “pornodiva”, acariciando el cristal de un vaso ya vacío.



























