Colección Gelman: los puntos clave para entender por qué no se queda en México como pidieron sus creadores
Acusaciones de fraudes multimillonarios, subastas y opacidad en la cesión de derechos empañan la historia de este acervo con obras emblemáticas de Frida Kahlo, Diego Rivera y José Clemente Orozco
En 1938 se trasladó México para expandir su empresa con una sucursal, donde conoció a la también migrante judía, pero proveniente de la República Checa, Natasha Zahlka, quien se convirtió en su esposa en 1941.
Los amigos y la colección
Despertar con Frida
En total, la Colección Gelman cuenta con 11 obras de Frida Kahlo, entre ellas el codiciado óleo Autorretrato con mono (1938) y el bodegón La novia que se espanta de ver la vida abierta (1943).
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En total, la Colección Gelman cuenta con 11 obras de Frida Kahlo, entre ellas el bodegón "La novia que se espanta de ver la vida abierta" (1943). / Foto: Adrián Vázquez / El Sol de México
Muy pocos han de saber su precio real, pero es bien conocido que la Colección Gelman se trata de una de las más caras de México, con una cifra tan alta que el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) ni siquiera consideró adquirirla este 2026 por la insuficiencia de recursos públicos, según reconoció su titular, Alejandra de la Paz, a El Sol de México.
Tal es el valor de la Colección Gelman que sus obras -entre ellas varias emblemáticas de artistas como Frida Kahlo, Diego Rivera y José Clemente Orozco-, tras casi dos décadas ocultas al pueblo mexicano, ahora se exhiben temporalmente en la muestra Relatosmodernos. Obras emblemáticas de la Colección Gelman Santander en el Museo de Arte Moderno (MAM), antes de viajar a España sin fecha de retorno concreta, bajo la administración del Banco Santander.
Pero más allá de las estimaciones monetarias, la historia que guarda esta colección inaugurada en vida por el matrimonio Gelman está marcada por la intriga, dudas y falta de interés del Estado mexicano, que van desde una supuesta traición al actor Mario Moreno Cantinflas y una pelea legal entre herederos, hasta su reciente y sorpresiva adquisición por la acaudalada familia Zambrano, famosa por ser dueña de Cementos Mexicanos (Cemex).
Jacques Gelman nació en San Petersburgo el 30 de octubre de 1909, en una adinerada familia de terratenientes madereros judía que, tras el estallido de la Revolución Rusa en 1917, migró a Alemania. En Berlín estudió cine y fundó una distribuidora de películas.
Los Gelman eran amantes del arte y de ahí su obsesión coleccionista. / Foto: Adrián Vázquez / El Sol de México
Al escalar la violencia bélica de la Segunda Guerra Mundial y el peligroso crecimiento de la persecución nazi a la comunidad judía en Europa, el empresario tomó la decesión de refugiarse en nuestro país. Tiempo después ambos adquirirían la nacionalidad mexicana.
La crítica de arte Sylvia Navarrete, que escribió un texto para una exposición de la colección en la Fundación PROA en Argentina en 1999, asegura que Jacques conoció a Mario Moreno Cantinflasen 1941, cuando se presentaba en el teatro Follies Bergere de la Plaza Garibaldi, donde contaba chistes políticos. El empresario ya tenía la intención de producir su primera película y encontró en aquel un popular cómico de carpa a su protagonista.
Gelman y Cantinflas comenzaron una relación de amistad y negocios que derivó en la fundación de la compañía Posa Films junto al empresario guerrerense Santiago Reachi. Realizaron varias películas con las que Cantinflas saltó a la fama internacional, entre ellas Ni sangre, ni arena (1941), El padrecito (1964) y El barrendero (1982).
A raíz de esta amistad y el éxito inmediato de esta empresa, el matrimonio Gelman comenzó a estar cada vez más cerca de los círculos culturales del país, logrando con ello entablar contacto con varios artistas a los que les pedía obra por encargo. De ellos, el primero fue Diego Rivera, que para ese entonces era el pintor más célebre del movimiento muralista, al que Jacques encargó un retrato de su esposa en 1943.
De ese modo es que quedó inaugurada la sección mexicana de la colección de los Gelman. Sin embargo, en palabras de Sylvia Navarrete, este no necesariamente es el origen de la obsesión coleccionista del empresario; comenzó por comprar arte europeo desde su estancia en aquel continente, donde adquirió unos dibujos de Renoir.
El matrimonio también encargó retratos a Frida Kahlo, David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco, Gunter Gerzso, Rufino Tamayo, María Izquierdo y otros artistas, volviéndose uno de los primeros coleccionistas en comprar obras de artistas modernos mexicanos antes de que alcanzaran los precios exorbitantes que tienen ahora, como la Vendedora de alcatraces (1944), de Diego Rivera. Con todos ellos entablaron relaciones de amistad y contacto en distintos niveles.
Junto a la colección mexicana, el matrimonio de igual forma amasó una colección de arte europeo con obras de artistas adscritos a diversas vanguardias, desde el impresionismo hasta el surrealismo, entre ellos Paul Cézanne, Henri Matisse, Pablo Picasso, Salvador Dalí y Giorgio de Chirico.
Frida Kahlo tiene una presencia especial en la colección. Se dice que Natasha Gelman llegó a despertar cada día con cinco cuadros de Frida Kahlo en su recámara. La pintora, para cuando se conocieron, ya había logrado una exposición en Nueva York y había sido fotografiada por la revista Vogue, pero no era la figura famosa que es hoy.
En una anécdota recogida por Sylvia Navarrete, Natasha Gelman cuenta que, poco después de ser presentados por Diego Rivera, el matrimonio fue invitado por Frida a un coctel donde vio el famoso autorretrato de Frida Kahlo, Diego en mi pensamiento (1943), y le maravilló tanto que rogó a su esposo que se lo comprara. El precio parece irrisorio visto a la distancia: 12 mil 500 pesos de aquel entonces.
Las obras de Frida Kahlo y Diego Rivera tienen una presencia especial en la colección. / Foto: Adrián Vázquez / El Sol de México
La historia de esta colección se empieza a torcer tras la muerte de Jacques Gelman, el 22 de julio de 1986 en Texas, tras haberse sometido a una operación a corazón abierto. Es entonces que Natasha Gelman toma posesión de todas las obras de la colección y el curador estadounidense Robert R. Littman se vuelve su asesor y amigo.
Littman había llegado a México en 1984 para dirigir el entonces recién inaugurado Museo Tamayo, dedicado al artista Rufino Tamayo, con financiamiento del empresario Emilio Azcárraga. Tras varias inconformidades con Rufino Tamayo por la curaduría del museo, Televisa deja de participar en el recinto y crea su propio museo: Centro Cultural Arte Contemporáneo (CCAC), del cual Littman fue director.
Entre las obras que se presentan en la exposición en el MAM se encuentra “Vendedora de alcatraces” (1943), de Diego Rivera. / Foto: Adrián Vázquez / El Sol de México
En el CCAC, la Colección Gelman fue exhibida desde 1992 a 1998, el año en que Natasha Gelman murió, dejando como albacea a Littman. Se ha reportado en medios que esta trasferencia fue investigada por posible fraude, ya que Natasha tenía 86 años y padecía Alzheimer.
La parte de la colección de arte moderno europeo fue donada supuestamente por voluntad de Gelman al Museo Metropolitano de Nueva York; mientras que la parte mexicana, con alrededor de 90 piezas, sería responsabilidad de Littman, quien tenía la obligación de asegurar que ésta se exhibiera en un museo privado pero no que no saliera del país. Aunque cuestionado por la prensa, Littman jamás hizo público el testamento.
Para cumplir con el testamento, Littman creó la Fundación Vergel y ordenó que la colección se exhibiera en distintas partes del extranjero con la intención de recaudar fondos. Hasta 15 años después la colección regresó a México, con un número mayor de piezas de artistas contemporáneos con la intención de seguir con la vocación de sus anteriores dueños.
Se exhibió en el Centro Cultural Muros (CCM) durante un breve tiempo, por el supuesto temor de Littman a que no se cumpliera la voluntad de Natasha, ya que en ese momento enfrentó peleas legales con un presunto sobrino de la coleccionista, así como con el hijo de Mario Moreno Cantinflas, Mario Moreno Ivanova, quien se decía con derecho sobre el acervo.
En la exposición se puede admirar el codiciado óleo "Autorretrato con mono" (1938), de Frida Kahlo. / Foto: Adrián Vázquez / El Sol de México
En redes sociales, Mario Moreno del Moral, nieto del actor, ha argumentado que la colección fue agrupada de forma colaborativa por su abuelo y los Gelman. De hecho, acusa que en 1985 Cantinflas y Jaques Gelman habían firmado un acuerdo en el que las piezas quedarían bajo resguardo de la empresa Rioma Films, encabezada por el actor.
“Jacques muere en 1986 sin respetar el trato que tenían y olvidándose completamente de la palabra que le había dado a mi abuelo. Dejó la cesión de derechos de todas las obras a su esposa, incluyendo las que eran de mi abuelo”, acusó Moreno del Moral, quien asegura que Littman hizo firmar a Natasha Gelman un documento que cedía los derechos de la colección, valuada en 300 millones de dólares, por un dólar.
Tras ser retirada del CCM, la colección dejó de exhibirse íntegra en México, aunque siguió viajando a otros países, pero se desconocía su lugar de resguardo. El escándalo volvió cuando en 2024 varias de las piezas salieron a subastas en Nueva York, a pesar de contar con la declaratoria de Monumento Artístico.
La controversia se avivó este 2026, cuando a mediados de enero el Banco Santander hizo público que se hará cargo de la administración de este acervo. El hecho causó revuelo porque también develó que la familia Zambrano es la actual dueña de la Colección Gelman.
Ambas instancias firmaron un acuerdo, con el consentimiento del INBAL, para que la Fundación Santander se encargue de la preservación del acervo, así como el inicio de una etapa itinerante que comenzará en España. Las piezas están obligadas a volver a México para renovar el acuerdo cada cinco años, pero se desconoce cuándo podrían volverse a ver en algún museo en nuestro país.