La plática con Daniel Liebsohn comenzó con el recuerdo de nuestro primer encuentro hace algunos años en su casa-galería de la colonia Roma, donde conocimos una de sus grandes aficiones: coleccionar muñecos antiguos.
Confiesa que su afición por los objetos del pasado va de la mano con la idea de mantenerlos a la vista del público y no sólo en una galería o espacios exclusivos para conocedores o coleccionistas.
Al cuestionarlo sobre si su personaje principal es también un reflejo de él mismo pero en una época diferente, responde:
Su historia
“Se trata de una historia pasional, tiene partes de cosas de las que yo he investigado, que es el retrato, el mueble, la indumentaria, las artes aplicadas y dentro de eso, existe toda una trama basada en circunstancias inesperadas”.
Los temas de la pasión y el romance están presentes en las páginas de esta novela, y su autor los maneja hábilmente dentro del contexto histórico en el que se desarrollan.
Una vida rodeada de objetos
La colección de arte mexicano del siglo XVI a principios del XX, de Daniel Liebsohn participa con la mayoría de los museos de México y publicaciones de arte.
“Por ejemplo, aquí están los retratos de gran tamaño de las hermanas gemelas que aparecen en el libro, sólo que en estos se muestran ya como señoritas, como son en el final de la novela.
La exposición reúne cerca de 100 fotografías analógicas en blanco y negro que dialogan entre distintas épocas, con la mirada puesta en lo cotidiano y en los personajes anónimos
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El autor se basa en la ficción para dar vida a personajes únicos e irreverentes para los tiempos en los que les toca vivir / Fotos: Cortesía Daniel Liebssohn
Esos bebés, niños y niñas de diferentes tamaños, algunos de porcelana, otros de tela o plástico, en aquella ocasión nos vigilaban en silencio con sus grandes ojos mientras esperábamos al anfitrión, convirtiendo el momento en algo eterno. Y nos preguntábamos, “¿cómo es que puede dormir tranquilo aquí?”.
Pero esas figuras inertes no estaban solas, se encontraban en la estancia principal de la casona de estilo porfiriano, rodeadas de máscaras, figuras de porcelana, jarrones, retratos de personas, arte y mobiliario de épocas pasadas que cubrían hasta el último rincón.
Algo similar ocurre en Filomeno, un restaurante donde actualmente Daniel muestra sólo una parte de las tres mil piezas que componen su colección de antigüedades, una de las más grandes de México, que a su vez recrean la atmósfera de los espacios de principios del siglo pasado en los que habita el personaje homónimo que da título a su primera novela.
“Empecé a escribir Filomeno pensando en que sería el guión para una película muda, un cortometraje que llevaría sólo algunas unas frases, pero de ahí me seguí y me seguí, y aunque nunca había escrito una novela, me divertí mucho y me tardé bastante tiempo en terminarla.
“Por un lado tiene toda una parte de investigación y ahí se ve reflejada toda mi pasión por las antigüedades, las artes aplicadas, la indumentaria y todas las atmósferas de aquella época que se narran entre Zacatecas, Londres y la Ciudad de México. Pero, por otro lado, lleva un sentido irreverente, me gusta mucho que sea una trama de juego y de risa, que funciona de manera eficaz para quitarle esa parte de seriedad a las antigüedades o la idea de que son frágiles o costosas”, dice Daniel en entrevista para El Sol de México.
“Siempre trato de llevarlos un poco a lo cotidiano. En este caso se integran a la historia de mi personaje Filomeno y cómo alternaba este charro con todo este mundo de pretensión porfiriana y moralista, es una historia que se desarrolla a través de una picardía especial, con una carga erótica muy fuerte”, explica Liebsohn.
El anticuario mexicano se basa en la ficción para dar vida a personajes únicos e irreverentes para los tiempos en los que les toca vivir. Sin embargo, algunos objetos de su colección son mencionados siendo parte de su realidad. Otros los recrea, y al respecto de estos, cuenta una experiencia misteriosa que sucedió al escribir la obra, de la que aún no encuentra respuesta.
“Al escribir, empezaron a suceder coincidencias que de repente no entendía, pues mencionaba objetos que imaginaba o describía y al día siguiente, me los venían a ofrecer, cosas así que hasta miedito me dio, pero miedo alegre, de sorpresa; es toda una experiencia e incluso mis personajes se hablaban y se contestaban entre ellos dentro de mi cabeza”.
“Realmente somos diferentes, sobre todo en cuestión de que a mí no me gustan las etiquetas de soy anticuario, soy decorador, soy museógrafo… Creo que de repente, las etiquetas lo que ocasionan es que se pierda el misterio y esta forma de relacionarse, se pierde el amor, el deseo, esto ha sucedido en todas las épocas. Y no creo que sea diferente en el periodo del porfiriato o en nuestros tiempos de hoy.
“El tiempo es muy relativo y pienso que también estamos formados por todo el pasado. No existe el presente sin el pasado. Y el futuro definitivamente no existe. Entonces, para mí es muy importante integrar todos estos elementos en una vida cotidiana como lo describo en la novela”.
El texto transcurre en un año durante la vida de Filomeno; está dividido en cuatro capítulos que son los solsticios y los equinoccios. “Filomeno aparece en la portada del libro, y en esta foto se encuentra en una cantina, está enseñando las nalgas, que no era cosa común en un charro, entonces, ¿por qué las está enseñando? Ahí empieza la historia, porque ésta es una fotografía que luego se convirtió en acuarela y retocada en carbón. Es original, es parte de mi archivo. Pero en la original trae inscrito el nombre de Filomena y no Filomeno, él es Filomena y sí existió, pero desconozco su historia original. Es una fotografía de un desconocido y yo los bauticé”.
El personaje de Filomeno es un charro que alternaba con un mundo de pretensión porfiriana y moralista / Cortesía Daniel Liebssohn
El libro narra cuando Filomeno llega a Zacatecas, proveniente de Lagos de Moreno y entra en el seno familiar de una familia donde se acaba haciendo todo un juego erótico entre todos los personajes de la familia y de ahí nace todo un enredo en el que él, quiere poner una cantina, todos viajan a Londres, pasan por Cuba y luego todo se desarrolla en la Ciudad de México hasta llegar a esta casa (el restaurante Filomeno) donde que se desenvuelve toda la historia.
El coleccionista cuenta que uno de los socios del restaurante Filomeno, se interesó en realizar un documental sobre la historia de este charro, “porque ahora todo mundo piensa que es real y todos cuentan una historia diferente de él. Si existió, si no, si vivió aquí. Entonces, eso es lo bonito, cuando tu personaje ya no es tuyo, sino del público”.
Se trata de una historia pasional, tiene partes de cosas de las que yo he investigado, que es el retrato, el mueble, la indumentaria, las artes aplicadas y dentro de eso, existe toda una trama basada en circunstancias inesperadas
“El protagonista tiene una relación especial con Aurelio, y yo describo este tipo de relaciones como las imaginó, tal vez, suponiendo cómo se daban en aquella época, mucho menos explícitas. No todo se tenía que decir. Y no creo que hoy en día se diga todo. ¿Tú crees que todas las relaciones que conoces, realmente se digan exactamente lo que sienten? Realmente hay todo un juego de roles tan exagerado que de repente se pierden un poco otras cosas que hay que decir, o silencios donde no hay que decir nada. Contemplaciones que actualmente son muy fáciles de percibir”.
Y agrega que “hasta cierto punto, también hay cosas que perdemos al existir tanta apertura actualmente, muchos valores o muchas relaciones también se diluyen. Pienso que somos las mismas personas que hace 100 años, pero hace cuatro mil años tampoco creo que hayamos sido diferentes. Obviamente, dentro de la comunidad LGBTQ+ hay una gran diferencia, ya que las relaciones han cambiado también al lugar que la sociedad les ha permitido dar”.
“Ya contando los archivos históricos y fotográficos, son alrededor de tres mil piezas. La colección está concentrada en pintura y artes aplicadas. Mi relación con cada pieza, se basa en la filosofía de que si tienes la suerte de tener objetos tan valiosos de otras épocas, y convivir con ellos, primero debes estar consciente de que ellos existieron mucho antes que nosotros y nosotros nos vamos a ir y ellos van a seguir. Son relaciones temporales, que si los llevas a una galería nadie los puede ni siquiera tocar. Entonces, bueno, aquí obviamente está todo, para usarlo y vivirlo, porque yo soy de la idea que las cosas están más seguras usándolas”.
Mi relación con cada pieza, se basa en la filosofía de que si tienes la suerte de tener objetos tan valiosos de otras épocas, y convivir con ellos, primero debes estar consciente de que ellos existieron mucho antes que nosotros y nosotros nos vamos a ir y ellos van a seguir
La ambientación del restaurante Filomeno ubicado en la Plaza Río de Janeiro de la colonia Roma, además de ofrecer una gastronomía mexicana donde en esta temporada destaca el chile en nogada, y platillos de origen ancestral que son parte de nuestras historia, se encuentran elementos como jarrones, retratos antiguos, arte y diseño que es parte de la colección de Liebsohn, incluyendo imágenes de algunos personajes de su novela.
“También hice los facsímiles (imitación o reproducción) de cartas y correspondencia de la época de la novela, todo es recreado. Sin embargo, la receta del chile en nogada es de una monja de quien tengo su foto y es parte de la colección, que perteneció a la generación del convento de Santa Mónica de Puebla donde surgió por primera vez el chile en nogada”.
Daniel abrió su primera galería a los 17 años. “Todavía hacía mis tareas ahí en las tardes, estaba en la avenida Durango esquina Pomona en la colonia Roma. Es una casa muy bonita, porfiriana.
La Roma es un barrio que siempre me ha encantado y pero la primera galería ya en forma, la abrí en la Plaza del Ángel, todavía la tengo. Tiene mi nombre y luego he tenido diferentes espacios, por el coleccionismo siempre ha estado ahí”.