Del estante / ¿Es arte o no es arte? Por qué el arte contemporáneo sigue dividiendo opiniones
La teórica del arte Angela Vettese escribió un libro sobre cómo el arte transita entre el negocio y las expansiones del lenguaje
La teórica del arte Angela Vettese escribió un libro sobre cómo el arte transita entre el negocio y las expansiones del lenguaje

Kevin Aragón
¿Y eso qué? ¿En serio que eso es arte? ¿Quién pagaría por algo así? Al andar entre las galerías y las ferias que se abarrotan año con año durante la Semana del Arte en la CDMX es casi imposible no escuchar por lo menos alguna vez una de estas tres preguntas. También suele haber miradas de incredulidad, burla y hasta menosprecio. Así es la conmoción que el arte contemporáneo provoca con sus instalaciones, sus arte-objetos, performances, intervenciones, esculturas y representaciones pictóricas.
En su libro El arte contemporáneo. Entre el negocio y el lenguaje (Ediciones Rialp), la teórica del arte Angela Vettese menciona que en realidad tratar de definir el arte contemporáneo es complejo, ya que actualmente se cuestiona si se trata de una categoría propia de finales del siglo XX o si se trata de una forma de hacer arte, que en nuestro siglo “está ante nosotros, con una identidad aún por descifrar, y se funda en el nuevo modo de construir relaciones entre personas y culturas”.
Pero, dice Vettese, el desconcierto por la definición es aún mayor, ya que no basta con que un autor presente una pieza como arte para que esta sea considerada como tal, sino que es una convicción compartida, en la cual tanto los grandes públicos como los académicos suelen debatir y dudar.
“Se teme que nos estén tomando el pelo”, entre otras razones, porque el arte contemporáneo no se trata de un único lenguaje, sino que “más aún, es el reino de lo múltiple”, con piezas que pueden incluir la suma de varias disciplinas y técnicas, incluso tecnológicas y conceptuales, en las que se pueden crear objetos destinados al consumo dentro de un mercado de lujo o, simplemente, “el examen” de métodos y problemas.
“El arte contemporáneo permite expresar temáticas personales o sociales; resbalar hacia lo cotidiano o hacia la protesta; permanecer anclado en las técnicas tradicionales o buscar inspiración en el activismo. Es difícil definir un sector que puede ser un campo tanto para la especulación financiera, como para la especulación filosófica. Ir de la poesía al dinero, o viceversa”, afirma la teórica.
Este extenso número de posibilidades, en comparación con el arte que se exhibe en museos dedicados al arte de siglos pasados, puede resultar para muchos en una pérdida de referencias, desconcierto, ansia e inseguridad, para la que “todos querríamos tener una piedra de toque con la cual saber qué es arte y qué no lo es”.
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Pero aquí Vettese encuentra otro gran problema: el nombramiento de lo que es arte y lo que no lo es, ha sido cambiante a lo largo de la historia. Un tema para el que “incluso los mejores estudiosos del sector se han rendido, dejando la cuestión en el aire”.
“Ernst Gombrich afirmó que el arte en sí no existe; existen solo los artistas con sus obras; Larry Shiner está convencido de que la historia del arte comenzó a existir en el siglo XVII, mientras que, no solo en el Medievo, sino incluso en el Renacimiento, los artistas eran considerados buenos artesanos. Morris Weitz sostiene que cualquier definición de arte haría imposible la creatividad artística”, ejemplifica la autora.
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Pero ante todo este desconcierto, de especulaciones, Vettese se muestra bastante optimista y apasionada: “Quizá, a la espera de que el tiempo pase su hacha sobre las obras que no merecen sobrevivir, sería mejor no encerrarse en problemas de definición general; es mejor, como afirma Nigel Warburton en su ensayo ‘La cuestión del arte’, concentrarse en obras concretas, por qué son arte y por qué pueden ser importantes para nosotros. Siempre con esta glosa: sea lo que fuere, el arte es también pensamiento visualizado, que, a su vez, nos invita a pensar”.
Soy reportero especializado en temas culturales con 7 años de experiencia. Estudié Letras en la FFyL de la UNAM.
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