La exposición reúne más de 70 obras de 27 artistas y colectivos que reflejan la evolución del movimiento desde sus orígenes hasta las nuevas propuestas
La muestra “Fútbol y Arte. Esa misma emoción” reúne obras, archivos históricos y objetos emblemáticos del balompié para ofrecer una mirada crítica y cultural rumbo a la justa mundialista
Esta edición se proyectará en las tres sedes del inmueble: Xoco, De las Artes y Chapultepec; así como en el Cinematógrafo del Chopo y el Centro Cultural Universitario
La novela "Tango satánico" del ganador del Nobel de Literatura László Krasznahorkai fue llevada al cine / Foto: Cortesía/Acantilado
Dicen que “el maestro del apocalipsis” László Krasznahorkai, ganador del Premio Nobel de Literatura 2025, no sólo escribe novelas, también es guionista. También dicen que no trabaja con cualquier director, sino nada menos que con su compatriota húngaro, el mítico cineasta Béla Tarr, cuyas experimentaciones y temáticas existenciales han impresionado tanto que se le conoce como “el filósofo del cine”.
El dato apantalló desde el primer minuto —en el mismo discurso con que Anders Olsson, presidente del Comité del Nobel, reveló al ganador— y fue replicado por cinéfilos, lectores, influencersy medios internacionales que celebraron esta combinación ganadora, asegurando, casi casi, que las películas del cineasta son una expresa extensión del estilo del narrador.
Sin embargo, aunque hay bastante de cierto en las afirmaciones, la forma de trabajo de estos dos monstruos de la creación es mucho más compleja de lo que parece, ya que Béla Tarr nunca ha utilizado un guion escrito por Krasznahorkai, durante la filmación de ninguna de sus películas.
El propio Béla Tarr lo dijo así en una entrevista que tuvo en 2023 con el reconocido crítico de cine estadounidense Scott Foundas, a quien reveló que varios de los secretos de sus filmaciones, hechas con métodos poco convencionales, apelan mucho a la improvisación, la contemplación y la percepción del tiempo. Un lenguaje complejo que comparte con sus actores y su equipo de trabajo.
“Algunas veces, no detengo las escenas, incluso si ya han concluido, porque me da curiosidad cómo reaccionarías si la cámara continuara grabando. No puedes escapar de la situación, pero sí descubrir montones de pequeños detalles y alcanzar eso que es el ser humano, la vida humana”, dice Tarr, con voz parsimoniosa.
“Es por eso que nosotros no escribimos un guion y nunca hablamos sobre la filmación sino sobre la vida, lo que vemos, cómo lo vemos y lo sentimos. Así es como trabajamos: la situación tiene que ser humana y simple. Por supuesto que tenemos un guion escrito, pero es para los bancos, las fundaciones y el financiamiento, nunca lo usamos”.
El director lleva sus anotciones en los bolsillos, pero nunca las usa. Al menos así ha sido desde la primera colaboración de ambos creadores, la cual fue la adaptación de la primera novela de László, “Tango satánico”, escrita en 1985. Cuenta el novelista que Tarr se enamoró de la historia apenas se publicó, sin embargo, no pudo llevarse a cabo en ese momento por prohibición del partido comunista húngaro.
El escritor relató en una presentación en la Librería del Congreso de Estados Unidos en 2012, que su participación en la película sucedió durante la postproducción de la misma y no durante su rodaje ni en la escritura de ningún guion: “Él no tenía la intención de hacer una adaptación, sino una película con el nombre ‘Tango satánico’. El libro no necesita una adaptación”, dijo ahí.
¡Ah, caray! ¿Entonces cómo es que han trabajado estos dos? En otra entrevista para la Plataforma europea para el intercambio literario, la traducción y el debate político, “Literatura a través de las fronteras”, Krasznahorkai lo explicó.
“Yo no soy guionista. Las películas casi siempre se hacen a partir de mis libros, excepto una (”El hombre de Londres”). Yo le trazo a Béla el trasfondo filosófico de nuestras preguntas, día y noche, día y noche; ese es nuestro método de colaboración. Nunca he querido una adaptación literaria, nunca, porque para mí es absolutamente innecesario”, dice el autor.
Al ser cuestionado, por la última colaboración entre ambos, que es —hasta ahora— “El caballo de Turín” (2011), inspirada en la vida del filósofo Friedrich Nietzsche, Krasznahorkai, asegura que para él no fue difícil alejarse del cine y que de hecho la consideraba su última incursión, pues cada vez era más difícil encontrar apoyos, principalmente con el resurgimiento del neofascismo en Hungría.
Sus declaraciones parecen duras contra el séptimo arte, el cual considera de menor capacidad de resistir a la censura que la literatura: “Una película no defiende nada. Las películas son absolutamente ligeras, fáciles, demasiado suaves. Frente a lo brutal, frente a lo malo, carecen totalmente de poder. El cine no puede liberarse de la historia, aunque Béla y yo siempre intentamos alejarnos lo más posible de ella, pero nunca lo logramos”.
Pero de vuelta a los mitos entre estos dos y sólo para no dejarlo pasar: si bien Tarr y Krasznahorkai en sus leguajes coinciden en longitudes —uno en planos secuencia largos y el otro en largas oraciones— sus fines son distintos. En las fuentes referidas ambos creadores explican sus intenciones: mientras Béla busca jugar con la percepción de las cosas y el tiempo, László busca emular el habla cotidiana, que a su parecer no usa ni puntos ni comas.