Guillermo Arriaga explora el origen del capitalismo en “Hombre”, su regreso a la novela de época
El escritor narra una historia contada a seis voces, ambientada en el siglo XIX en la frontera entre México y Estados Unidos, antes de la anexión de Texas
Me interesaba saber cómo el lenguaje da identidad, pero también cómo conforma realidades
Intento cinematográfico
Al hablar sobre el origen de la novela, el escritor relata que en realidad se trata del intento fallido de llevar esta historia al cine, aunque asegura que se siente contento de los resultados.
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Esta edición se proyectará en las tres sedes del inmueble: Xoco, De las Artes y Chapultepec; así como en el Cinematógrafo del Chopo y el Centro Cultural Universitario
El autor dice que hay que crear personajes interesantes, no adorables / Foto: cortesía Alfaguara/Mariana Arriaga
Con momentos de gran acción, al más puro estilo del western americano, pero también con una inquietante polifonía de voces que hurgan sin piedad la tragedia humana, la nueva novela de Guillermo Arriaga, “El hombre” (Alfaguara, 2025), toma como escenario la árida frontera entre México y Estados Unidos, en el siglo XIX, años antes de que Texas dejara de ser parte del territorio nacional.
Es ahí donde el terrateniente “Henry Lloyd”, a costa de sus esclavos y la férrea administración de sus tierras, logra erguir un emporio tan grande que su poder tiene influencia, más allá de generaciones, en la política de Estados Unidos en nuestro siglo XXI. Una historia que lleva al lector a sentir los orígenes del capitalismo “a ras de suelo”, en un choque de conflictos entre mexicanos, apaches y afroamericanos, donde la muerte abunda, a costa del progreso.
“El siglo XIX fue un siglo muy sangriento. Lo dice en la novela: Matamos, destruimos, quemamos, asolamos, pero construimos la civilización. La civilización está sostenida sobre un trono de sangre. Lo que quise en esta historia fue entender ese proceso histórico, no como un ensayo sino a través de lo que pudo haber pasado entre los individuos”, explica Guillermo Arriaga, en entrevista con El Sol de México.
“Es por eso que esta no es una novela histórica sino una ‘ucronía’ —como he aclarado también en una novela anterior ‘Extrañas’—, así que esta historia está basada en hechos reales que jamás sucedieron”, agrega el autor, que, al comentarle que esa era una práctica que solía hacer el argentino Jorge Luis Borges, afirma que el célebre argentino es una de sus más grandes influencias.
Por la zona geográfica en que sitúa su novela, se le pregunta al escritor si William Faulkner, que es otro de sus atores fundacionales, influyó en el motivo. A esto responde que en cierto, modo, pero en dirección contraria: “Faulkner hablaba de la miseria del sur y yo habló cómo de ahí derivaron las grandes fuerzas del capitalismo”, precisa.
Sobre el personaje de “Henry Lloyd”, Arriaga dice que se trata de un personaje “hijo de puta”, pero un “un hijo de puta que se enamora, que es un buen padre, que protege a sus hijos”, incluso a los bastardos, el cual es descrito por otros personajes mostrando claroscuros que ellos también experimentan dentro de un mundo salvaje.
“Yo lo que quise fue entender a ese hijo de puta, con sus claroscuros. Los americanos dicen que hay que crear ‘lovable characters’(personajes adorables), pero yo no. Yo siempre he dicho que hay que crear personajes interesantes, no que sean amados, sino que nos interesen”, dice el autor, al que se le sugiere que este terrateniente corresponde a una tradición de personajes contradictorios presentes en la literatura latinoamericana como son la dictadores y tiranos, a lo que el afirma que “Pedro Páramo” es un ejemplo de cómo “los grandes capitales vienen salpicados de sangre”.
Como novela polifónica, los diferentes narradores que la componen cuentan su versión de los hechos, generando discursos que buscan su propia hegemonía. Sobre esto, Arriaga afirma que le interesaba saber cómo el lenguaje —porque cada personaje tiene una forma de hablar muy propia— da identidad, pero también cómo conforma realidades.
“Cuando yo estudié la maestría en historia, mi obsesión no era la verdad histórica, mi obsesión era cómo se construye el mito, porque realmente nunca podemos saber qué pasó. Incluso lo que nosotros mismos vivimos, muchas veces está matizado por un recuerdo que a lo mejor no es exacto y tiene contradicciones. Lo que más me interesa es el mito y cómo se reproduce en el hecho histórico a través de la visión de un mosaico, que al final es más que diverso”, de ahí la razón de contar desde seis perspectivas distintas.
“Todo empezó durante mis primeros viajes a Coahuila, cuando descubrí que la zona donde yo cazaba (actividad que Arriaga suele practicar con pasión) era territorio apache, donde hubo cónclaves negras de de esclavos americanos que huyeron a México cuando se abolió la esclavitud. Al cruzar a pie el puente que une México y Estados Unidos y conocer las historias sobre lo que sucedió entre ambos países en ese territorio, me llamó la atención.
“Tanto fue así que yo lo había pensado todo como una película y de hecho mis agentes, hace 25 años que se las conté, me empujaban a que lo hiciéramos así. Pero por alguna razón no terminaba por funcionar. Hubo varios arranques de la obra para cine, pero no cuajaron, pero que a la hora de escribir la novela sucedieron bastante bien”, finaliza.