EFE
La ceremonia de entrega del Premio Nobel 2025 en distintas disciplinas, tuvo como protagonistas a la ciencia y la literatura, reconocidas como un antídoto para superar “estos tiempos oscuros, de división, polarización y conflicto” que atraviesa el mundo.
“En un contexto mundial sombrío, de acontecimientos rápidos, impredecibles y confusos, los galardonados de 2025 nos ofrecen la esperanza de que a través del conocimiento, de la integridad y de la creatividad es posible abordar los retos globales a los que nos enfrentamos”, subrayó la presidenta de la Fundación Nobel, Astrid Söderbergh, en el discurso inaugural de la ceremonia de Estocolmo.
El trabajo de los premiados, continuó Söderbergh, “apela a nuestra responsabilidad, a que no debemos ser meros espectadores pasivos, sino contribuyentes activos a la defensa de la ciencia, de la literatura y de la paz para transformar el mundo en un lugar mejor”.
Los galardonados recibieron de manos del rey de Suecia la icónica medalla y el diploma en la centenaria Sala de Conciertos de Estocolmo, Konserthuset, en la que también estaban presentes la reina Silvia, la princesa heredera Victoria y su esposo, el príncipe Daniel.
Comité del Nobel de Literatura asegura que la esperanza no está perdida
“La grandeza de László Krasznahorkai como escritor reside en su fe inquebrantable en el poder de la literatura en un mundo en decadencia”, indicó Anders Olsson, presidente del Comité Nobel de Literatura de la Academia Sueca.
Krasznahorkai nos dice también que “no toda la esperanza está perdida en este mundo oscuro, solo que no sabemos cómo ni cuándo surgirá. Quizás de un orden oculto en este desorden de guerras que desgarran nuestro pobre mundo”, concluyó.
El escritor húngaro ofreció la víspera a la ceremonia de entrega del Nobel una conferencia en la que hizo un llamado a estar atentos a “esos nuevos ángeles sin alas”, entre los que citó al multimillonario Elon Musk, quienes “con sus planes demenciales se están adueñando del espacio y el tiempo”.
Krasznahorkai (Gyula, Hungría, 1954) reconoció que quería dedicar su discurso de aceptación en la Academia Sueca, “a la esperanza”, pero que, dado que sus “reservas de esperanza se habían agotado totalmente”, prefería hablar “de los nuevos ángeles”.
No tienen alas ni capas que los envuelvan dulcemente. Caminan entre nosotros vestidos con ropa de calle y no sabemos cuántos hay. Aparecen de forma inquietante aquí y allá en todo tipo de situaciones de nuestra vida.
László Krasznahorkai
En su única intervención en la semana de homenajes, dado que por motivos de salud su agenda es limitada, Krasznahorkai también tuvo presente una de las preocupaciones que ha marcado su vida y su escritura: la dignidad e inocencia de quienes viven en los márgenes.
Experiencia al margen
Su gran amigo (y traductor de su obra al español para la editorial Acantilado) Adan Kovacsics, le acompaña estos días en Estocolmo y ha explicado que el interés por las personas que viven en la pobreza ha sido “una constante” en la trayectoria del escritor húngaro, y lo sigue siendo hoy día.
Con apenas 19 años, Krasznahorkai decidió aparcar sus estudios de Derecho y vivir en la calle para “entender mejor a los excluidos”. De aquella experiencia surgió el profundo respeto hacia aquellos de quienes viven en la marginalidad que impregna gran parte su obra, y fue el eje de su discurso.
Recordó un episodio que vivió en el Metro de Berlín hace años, cuando “un vagabundo, con la espalda encorvada por el dolor y una mirada que imploraba compasión, intentaba orinar sobre las vías cuando fue sorprendido por un policía”.
Rememorar aquella escena le hace preguntarse “ser humano, criatura asombrosa, ¿quién eres? Inventaste la rueda, inventaste el fuego, te diste cuenta de que la cooperación era tu único medio de supervivencia, inventaste los sentimientos, la empatía. Hasta que de forma repentina, empezaste a no creer en nada, y, gracias a los dispositivos que tú mismo inventaste, destruyendo la imaginación, ahora solo te queda la memoria a corto plazo”.
Lo kafkiano (Franz Kafka es su héroe literario) pero también la sensibilidad extrema por la belleza a través de la literatura han estado muy presentes en las palabras de Krasznahorkai, un hombre de apariencia humilde y tímida, que ha confesado que quiso haber escrito un sólo libro, pero no convertirse en escritor, “porque no quería ser nadie”.
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Años después de publicar su primera novela (Tango Satánico, 1985), llevada al cine por su amigo, el director de cine Béla Tarr, sintió que no era perfecta y que quería mejorar su estilo, por lo que decidió escribir otro libro, un proceso que se fue repitiendo de forma sucesiva. “Mi vida es una corrección permanente”, reconoce.