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Cambio la ingeniería electrónica por las letras / Cortesía: Planeta de Libros
Como si la escritura fuera “una gran sinfonía”, la escritora Karla Suárez suele dedicar series de novelas que, a modo de movimientos, tratan un tema más grande. Así es como su más reciente libro “Objetos perdidos” (Tusquets, 2024) es la nota capital de una nueva entrega de novelas en las abordará cada una de las bellas artes, siendo la danza la primera de ellas.
“En esta ocasión estaba interesada en la relación de la mujer con el cuerpo y la memoria; en la posibilidad de que el cuerpo puede ser un medio de expresión y al mismo tiempo un castigo”, cuenta Karla Suárez en entrevista con El Sol de México.
La trama relata la historia de “Giselle”, una mujer cubana que deja todo por seguir su sueño por ser bailarina, pero que una noche pierde todas sus cosas tras un robo, por lo que deambula por las calles de Barcelona, recordando su natal Cuba, sus objetos y todo lo que ha tenido que hacer para concretar su sueño de ser bailarina de danza contemporánea.
“Giselle es cubana y se le cierran las puertas porque no entra en el sistema, ella es una outsider desde todo punto de vista, además es mujer, lo cual cuenta mucho porque las oportunidades no son iguales. Ella lo que llega a hacer como bailarina en Cuba es poca cosa, es así que busca un proyecto para irse a otro país, para hacerse y regresar.
“Creo que, para todas las personas, independientemente si eres cubano o no, la realización personal es importante y muchas veces priman otras cosas porque la sociedad impone lo contrario. La sociedad cubana, que es en la que yo crecí hablaba más del conjunto que del individuo. ‘Giselle’, como muchos de mis personajes no luchan contra el mundo sino por ella misma, porque para ser la verdadera colectividad es la unión de muchas realidades individuales.
De este modo la novela, no sólo es la diatriba personal de esta mujer, sino un registro de la forma en que se vive la música dentro de la isla, la cual, asegura Karla, es muy viva. “La danza y el baile están muy presentes en la vida de todos allá. Con esta novela todos me preguntan si yo bailo y digo que sí, pero en fiestas, para divertirme, jamás me presentaré en un escenario.
“Pero hay una gran presencia de bailes porque cuba es un país muy musical, con diferentes ritmos de la música afrocubana que es super fuerte y es lo primero que escucha Giselle y le mueve algo adentro. Pero la relación de la danza y el cuerpo es tan marcada que incluso caminando nos movemos de una manera muy sensual y marcada”, afirma la escritora, quien además destaca que cuba tiene una gran escena de música clásica y contemporánea, en las que se funden tradición y novedad.
Lo que destaca de la creación de Giselle es la gran cantidad de elementos físicos y cercanos a su cuerpo —desde un tatuaje de unas aves que revolotean en su pecho, hasta pulseras y otras prendas— que disparan tanto la memoria como la imaginación, revelando su danza interior.
“Cada uno de nosotros tenemos nuestras particularidades, eso para mí es fundamental a la hora de construir personajes, para que dejen de ser de palabras y sean de carne y hueso. Para ella esos pájaros son el símbolo de libertad porque cuando niña era como un pájaro enjaulado en su casa y ella siempre tuvo alas.
“Para ella su vida es lo que lleva en el cuerpo, como las pulseras donde está la historia de su vida, porque cada pulsera está relacionada con alguien o algo que la marcó profundamente”, finaliza la autora, quien revela que la idea de esta novela nació cuando ella misma fue víctima de un robo en Barcelona y al denunciar lo que había sucedido y tener que dar un número telefónico, el único que recordaba era el de su casa en aquella isla.