UNAM publica el primer estudio integral del Centro SCOP; académicos lamentan silencio de autoridades
Los proyectos ejecutivos del espacio siguen siendo un misterio y se ignora si para estos se consultó información histórica crucial para prevenir futuras tragedias
“Todo está perfectamente planificado, los arquitectos, los ingenieros y el propio Carlos Lazo, se dieron a la tarea de diseñar cada cosa con un significado”, explica la historiadora y destaca la importancia de que se preserven en el orden que estaban distribuidos.
El libro ya disponible para su descarga digital de forma gratuita www.ebooks.esteticas.unam.mx. Próximamente tendrá su edición impresa que se presentará en ferias universitarias del libro y otros recintos, ya con costo.
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La demolición en el Centro SCOP comenzó en noviembre de 2023 / Foto: Daniel Galeana / El Sol de México
Aún se desconocen los proyectos ejecutivos para la rehabilitación del espacio donde hoy se encuentran las ruinas del Centro SCOP, cuya demolición fue decidida en 2023 por la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT), la Secretaría de Cultura y el gobierno de la CdMX, tras los daños sufridos en los sismos de 2017.
El hecho preocupa a académicos de la UNAM, quienes, después de siete años de investigación y poco productivos intentos de colaboración con las autoridades, publican el primer estudio integral del Centro SCOP, cuyos murales y esculturas serán reinstalados en el mismo lugar dentro de lo que se ha dicho será el nuevo Parque del Muralismo Mexicano y un centro cultural Utopía.
“Para nosotros lo más importante es que las autoridades competentes tengan los fundamentos históricos, estéticos y técnicos del Centro SCOP para que lo puedan salvaguardar. Es algo que siempre hemos querido hacer también de la mano de los mismos habitantes de la Narvarte, en el entendido de que la arquitectura es algo que se habita”, dice Zyanya Ortega, miembro del Seminario de Investigación sobre el Centro SCOP de la UNAM, en entrevista con El Sol de México.
“Seguimos preocupados porque persiste mucha desinformación. Se sabe que se va a construir algo, pero no cuándo, cómo, ni quiénes van a participar en el proyecto. Pero esperamos que con el libro también las autoridades se interesen y se acerquen para apoyarlos en lo que ellos decidan. Esperamos que se reanuden las reuniones que quedaron pendientes”, agrega la investigadora, que apunta que la UNAM sólo tiene carácter de entidad observadora.
Hasta la fecha, asegura la entrevistada, y después de siete años el seminario al que pertenece, sólo ha tenido alrededor de cuatro encuentros con las instituciones responsables, interrumpidos meseds atrás por el cambio de gobierno sexenal. Sin embargo, a pesar de que las labores se demolición ya estén avanzadas, los académicos se muestran dispuestos a seguir buscando canales de colaboración.
“Tal vez si las autoridades no tienen el tiempo por alguna razón de hablar con nosotros, tienen el libro a su alcance para que lo puedan revisar y si tienen dudas nos consulten. Sabemos que los trabajos están avanzados y que no pudimos ayudar como hubiéramos querido, pero no queremos reprochar lo que se ha hecho, sino con lo que hay comenzar a trabajar para que se haga lo mejor posible”, dice la historiadora.
“Nos preocupa conocer el proyecto y conocer si las personas que lo están realizando tienen todo el antecedente histórico que nosotros hemos logrado reunir, precisamente para evitar que se cometan las mismas u otras tragedias, es por eso que esa información sobre lo que pasó hace 60 o 70 años es útil”, agrega la especialista.
Entre las investigaciones que realizaron se encontraron estudios de suelo y distribución de pilotes que deben ser considerados para evitar daños en los nuevos inmuebles que se construyan, así como en los hogares de los habitantes de la unidad aledaña al recinto, que formaban parte del proyecto original.
Parte de sus preocupaciones desde los daños de 2017 es el destino de los murales de Juan O’Gorman, José Chávez Morado, Guillermo Monroy, José Gordillo, Arturo Estrada, Luis García Robledo, Rosendo Soto y Jorge Best, que según se ha informado, permanecerán en el sitio.
/ Foto: Gobieno de México
“En el caso de los murales, en específico el de Juan O’ Gorman, lo que vemos es que al separar los mosaicos (de la estructura) podemos leerlos como si fueran un códice prehispánico. Todo está perfectamente integrado, aunque la integración original se perdió con las reconstrucciones de la década de los 90, después del terremoto de 1985”.
En cuanto a la declaratoria que firmó el expresidente Andrés Manuel López Obrador en 2023 con la cual se reconoció al Centro SCOP como Monumento Artístico, la historiadora explica que este ha generado incógnitas respecto a si se están violando acuerdos internacionales, por lo que también es necesario abrir ese debate con las autoridades.
Bajo el título de “Los murales del Centro SCOP”, el estudio publicado por el Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM consta de 12 ensayos, en los que ofrecen al lector el contexto en que se construyó el edificio, los detalles arquitectónicos del mismo, la forma en que se ejecutó la integración plástica al proyecto, la explicación de los murales, la historia de las trabajadoras que los instalaron, y sus múltiples transformaciones, además de fotografías e imágenes inéditas.
“El Centro SCOP es un recinto del que se había estudiado poco y del que se tenían pocos registros fotográficos en conjunto. Así que este libro es a su vez una memoria del propio centro, de lo que fue y que ya nunca más será. Es por eso que nos resulta muy importante que se conozca cómo se construyó y lo que significó, y que no quede en el olvido para que se siga resignificando, porque todos sus elementos no tienen ningún sentido si no nos apropiamos de ellos o si no nos reconocemos en ellos”, finaliza.