Banda Los Panchitos cuenta su propia historia en nuevo documental
El cineasta Gustavo Gamou les da la palabra en el documental “Sex Panchitos”, que narra la vida de la pandilla aterrorizó la CDMX en 1980 y hoy procuran su reinserción social
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Los integrantes de la banda Los Panchitos siguen viviendo en la zona de Tacubaya / Foto: Cortesía Ambulante gira de documentales
“Fuimos, somos y seremos. Aquí estamos y no nos vamos”, con esa consigna como grito de aguante y resistencia, la famosa pandilla Los Panchitos sigue existiendo por casi cinco décadas entre las intrincadas calles de Tacubaya y otras zonas del poniente de la Ciudad de México.
Con una mala fama de malandros, drogadictos y delincuentes, fue la banda punk que más resonancia tuvo en la capital del país desde la década de los 70 hasta la última década del siglo XX. Se convirtieron en un mito de violencia sin causa aparente, principalmente por las frecuentes menciones en periódicos de la época.
Ahora, 48 años después de su creación, integrantes de esta pandilla, alzan la voz con el documental “Sex Panchitos”, del director Gustavo Gamou, el cual se presentará como parte de la cartelera para la edición 2026 de la gira de documentales Ambulante.
“Éramos unos niños de unos 11 o 12 años, con familias disfuncionales, pocas oportunidades de estudio y de todo en realidad. Pero nos empezaron a satanizar y a poner como los grandes delincuentes. Nos pusieron en las pantallas y las fotos como si fuéramos los culpables de todo.
“Vernos es este documental es algo muy bonito porque así contamos nuestra propia historia y no la que cuentan las personas que han estado hablando mal de nosotros desde antes. Nuestras mismas vivencias nos han hecho vernos como hermanos”, dice en entrevista con El Sol de México, Javier Maya, integrante de Los Panchitos y compositor de la música que acompaña la cinta.
Sin negar los actos delictivos que realizaron en sus épocas de juventud, el documental se centra en las historias de varios integrantes de la pandilla, quienes a través de sus propios relatos y la documentación de su día a con día, ponen de manifiesto su búsqueda de redención e integración en la sociedad.
Casos como el de Fidel Pérez “Chivo Loco”, quien pasó 30 años en la cárcel, donde aprendió a actuar y tiene el deseo de llevar acabo una carrera profesional; Ramón González “Ulti”, quien trata de educar a su hijo, mientras su esposa se encuentra recluida en el penal de Santa Marta o José Legorreta “Canon”, que busca impulsar una fundación para que Los Panchitos ayuden a prevenir que gente llegue a vivir en situación de calle o niños sufran lo que ellos pasaron.
“Los seres humanos nos vamos transformando conforme va pasando el tiempo. Hacer la película ha sido romper con los prejuicios. Al principio, cuando comenzamos el proceso de filmación nos decían que no nos acercáramos, que nos iban a asaltar y robar las cámaras, que iba a pasar algo, pero fue todo lo contrario. Resultaron ser unas personas muy empáticas.
“Fue por eso que profundicé en el significado de la palabra ‘compartir’, porque la misma película terminó por volverse un lazo y una amistad que hasta el momento de hoy perdura con los protagonistas de la película”, dice Gustavo Gamou, director del largometraje, también en conversación con este diario.
El cineasta cuenta que el origen del documental fue el deseo de hacer una película del lugar donde habita en Tacubaya. Así comenzó el proceso de filmación que duró más de 10 años, siendo de los primeros interesados en lograr ingresar con cámaras en las calles y casas donde Los Panchitos aún siguen llevando a cabo reuniones y fiestas de aniversario.
“Son personas que abrieron las puertas de sus hogares de par en par, que se hicieron partícipes de la película y se pusieron la camiseta. Fue así que la cinta terminó por hacerse una película de barrio en la que todo el mundo colaboró. La gente piensa que una película se hace de forma rápida, pero la realidad es que no es así, más los documentales como este, que están hecho de una forma austera.
“Podemos decir que está hecha con equipo de filmación muy básico. Fue una película que fue hecha con pedacería de diferentes cámaras que teníamos disponibles en ese momento”, explica Gamou sobre la cinta cuya estética visual termina por identificarse con la alocada vida de Los Panchitos.
El documental se estrenó en 2025 durante la edición del Festival Internacional de Cine de la UNAM, donde fue galardonado con el Premio TV UNAM. Desde entonces ha tenido presentaciones en distintas zonas de la ciudad, entre ellos el Festival de Cine de Barrio (FECIBA), que se celebró en Azcapotzalco.
“Hemos tendido participación del INJUVE (Instituto de la Juventud), con infancias y adolescencias en situación de readaptación social, reuniones en las que nos hemos percatado que genera una gran reflexión, porque que de alguna manera hay quienes se sienten identificados”
“Creo que es importante hablar de temas que pueden ser incómodos, injusticias y desgracias que viven las personas por desigualdades sociales. Lo que hemos podido ver es que la película se está consolidando como un instrumento de reflexión social.”, dice Chantal Guedy, productora del documental.
Actualmente, la fundación que buscaba promover “Canon” se encuentra detenida por problemas de salud. Sin embargo, Los Panchitos han impulsado otra asociación civil llamada “Nadie es invisible”, que se dedica a dar talleres de ajedrez, futbol, karate, música y arte a la infancia en su barrio.