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Alma Mancilla se inspiró en la historia del mayor suicidio colectivo registrado en el mundo / Foto: Cortesía Hachette Literatura
Por su magnitud, con más de 900 víctimas, el caso del suicidio colectivo de miembros de la comunidad religiosa de Jonestown, en el territorio de la Guyana, al sur del continente americano, ha sido objeto de morbo y juicios maniqueos por casi seis décadas.
Sin embargo, para la escritora y antropóloga Alma Mancilla este suceso se trató del entramado de elementos mucho más complejos que un simple caso de fanatismo. Con las licencias que otorga la literatura, en su nueva novela “Los seguidores”, propone una nueva interpretación de este acontecimiento, ocurrido el 18 de noviembre de 1978.
“El caso de Johnstown es muy interesante porque la gente que buscaba unirse lo hacía más por una mejora de índole social que propiamente religiosa. No olvidemos que se trató de una población en su mayoría afroamericana, todavía en un contexto de segregación racial. Lo que yo creo que había de fondo fue el intento de la realización de una utopía, que resultó fallida”, comenta autora en entrevista con El Sol de México.
El trágico suceso tuvo lugar luego de que el pastor estadounidense Jim Jones decidiera mudar su secta, llamada Templo del Pueblo a aquella región del mundo. Entre los ideales de esta agrupación religiosa, fundada originalmente en Indiana, Estados Unidos, estaba la idea de crear una comunidad en la que no hubiera diferencias sociales fundadas en el origen racial ni nacional de las personas.
En el libro, la autora se permite imaginar y experimentar, a través de la perspectiva de diferentes personajes, tanto reales como ficticios, las consecuencias de los contextos sociales y morales que rodean y entrecruzan este suicidio masivo, pero desde una dimensión humana e individual.
“Yo tiendo a una narrativa que es muy introspectiva, pero procuro no olvidar que los personajes tienen tanto un contexto social y político como una vida propia. Cada personaje es como una pequeña viñeta que conforma la parte de un todo, en la que cada uno habla desde su propia perspectiva”, apunta Mancilla, quien insiste que no se trata de un estudio de caso, sino de una funcionalización.
“Así es como, por ejemplo, aparece el policía que resulta impresionado por el hallazgo, pero que tiene otras preocupaciones, como su familia. Y esto lo hago porque creo que así vamos por la vida, nos habitan muchas inquietudes. Pero también hay personajes como un profesor que yo decidí poner ahí para discutir ciertas cuestiones como la definición del mal, la culpa y la responsabilidad de los líderes”, agrega.
Tomando en cuenta que las consecuencias de los fanatismos políticos y religiosos han derivado a lo largo de la historia de la humanidad en hechos igual de trágicos, como guerras, genocidios, desplazamientos y desapariciones, se le pregunta a Alma Mancilla si cree que el mirar el caso de Jonestown ofrece alguna lección para no repetir los mismos errores.
“Yo más bien creo que tendemos tendencia a repetir las cosas. El conocimiento no nos vuelve criaturas inmunes al horror y la falla. Basta mirar un poco a nuestro alrededor. Los liderazgos arrastran a sus huestes a fines terribles y siguen ahí. Me parece sorprendente que quienes están involucrados en hechos como estos en el fondo son gente como tú y como yo”, razón por la cual, tal vez, este tipo de casos sólo dé pistas prácticas para evitarlos, pero no para su completa prevención.
“Me acuerdo mucho de una frase, que creo que es de Piglia que dice que la experiencia es una lámpara muy tenue que sólo ilumina a quien la sostiene. Yo no sé si uno puede realmente aprender sin haber estado ahí. La historia nos enseña que podemos ver atrocidades, masacres y horrores de las que sólo nos acordamos un rato y luego las olvidamos”, finaliza.