“Me admiran, pero no quieren ser como yo”, dice María Luisa Solórzano, bailarina de pole fitness de 87 años
Mientras que los millennials se quejan del cansancio, esta mujer de pelo lila y sangre de torero en las venas entrena cuatro horas diarias, desayuna caldo de pescuezo y demuestra que la vejez es, sobre todo, falta de voluntad
Alejandro Castro / El Sol de México
Pero inmediatamente después de la confesión, vienen las justificaciones: “Es que no tengo tiempo”. “Es que me duele una rodilla”. “Es que de verdad yo no sirvo para eso”.
Su historia ha sido motivo de incontables notas inspiracionales, en las que frecuentemente se pasan por alto ciertos detalles.
Su alimentación tampoco sería algo que cualquier influencer moriría por instagramear:
“Y más tarde mi consomé de hueso de perico -continúa-, con tuétanos, patitas de pollo y pescuezo, todos los días. Si un día no se me antoja eso pues me hago un huevito y ya”.
Como es de esperar, no es la primera vez que María Luisa practica algún deporte. Antes practicaba otras disciplinas que también combinan baile y entrenamiento físico, lo que le ayudó a incursionar en su nueva aventura sin demasiados inconvenientes.
“Empecé a hacer ejercicio muy joven, en la época de Evelyn de la Puente, y hacíamos todo con palos de escoba, con botecitos y con unas mallas o con payasitos, y mira ahora, ya se usan el shortcito y el top”.
Sobre su rutina de ejercicios, comenta:
Y aunque pudiera parecer poco recomendable para una persona que hace tanto ejercicio, tampoco duerme mucho:
“Todos los días me levanto a las 5 o 6 de la mañana, y me acuesto a las 12 de la noche, porque tengo muchas cosas que hacer y muchas cosas que pensar”.
Entre sus otras actividades, está ir a otras escuelas a entrenar, caminar y aceptar invitaciones para compartir su historia.
“Y aunque me ves todas estas arrugas, yo me siento como de 20 años todavía”, presume.
A nuestra entrevistada le gusta dar clases a algunas de sus vecinas, aunque también ahí encuentra reticencias y pretextos:
Por cierto, María Luisa es hija de Chucho Solórzano, el torero mexicano conocido como “El Rey del Temple”, que en 1929 ganó la Oreja de Plata en la Plaza de toros “El Toreo de la Condesa”.
Rafael Gómez, del blog Toreros Mexicanos, escribió acerca de él que “fue un banderillero finísimo” y que “alcanzó sobresaliente conocimiento y dominio sobre los duros astados de la época”. O sea que lo intrépida le viene de familia.
Su familia no le aguanta el paso
La mujer tiene 10 hijos, 14 nietos y 11 bisnietos, pero dice que ninguno tiene la fuerza y la vitalidad de ella.
Tampoco le gusta la idea de estar pegada a sus hijos, ni de vivir con ellos.
Sobre otras personas jóvenes que se encuentra, comenta:
“Me gusta cortarme el pelo y pintármelo de este color, es algo que me encanta”.
Para llegar al estudio de pole, María Luisa llega en Metro. Dice que es un buen trayecto, pero que lo aprovecha para ponerse a pensar en distintas cosas.
Una vez que llega al estudio de pole, no prefiere escuchar alguna música en particular, pero cuenta que en su época le gustaba mucho oír a Pérez Prado, Celia Cruz y Bienvenido Granda.
Por cierto, también llegó a emparentar con Pablo Beltrán Ruiz, el famoso compositor y director de orquesta.
“Él se casó con una de mis tías y tuvieron dos hijos: Jorge y María Esther”.
Cada vez más gente la busca, pero aún así no tiene muchas amistades.
@djconchaytoro
Periodista especializado en música, arte y cultura. 25 años de experiencia en radio y medios impresos.































