Melanio Zapata, el hombre de la máscara y la denuncia
El artista mexicano muestra su más reciente retrospectiva en la que expresa su inconformidad hacia la retórica estadounidense de la migración y otros temas políticos y sociales
Gerardo León / El Sol de México
El arte alternativo, subliminal y disruptivo, puede ser para algunos, algo complicado de descifrar, pero para muchos, una forma de descubrir a creadores con un pensamiento que va más allá de la estética y lo recurrente de la técnica plástica.
Era Melanio Zapata, el personaje en cuestión. Comenzó la conversación sin preámbulos, como quien abre un portal a otro mundo. Su obra, exhibida en ese espacio, el cual, “no reconozco como galería”, dice, “es un espacio donde convergen diferentes tipos de sentimientos y formas de expresión”.
“¿Y cuántos años tienes?”, le preguntamos. “Tengo 29”, respondió sin titubeos. Pero su tono de voz, un tanto cansada y la textura de su cuello, ligeramente flácido, no resultaban coherentes con ese dato.
“Ok —dijo—, básicamente, el tema es que mi trabajo artístico surgió a partir del trabajo que mi mamá tenía cuando yo era niño; ella se dedicaba a hacer limpieza de alfombras de hoteles en Nogales, Arizona, donde yo nací. Mi papá trabajaba en el campo, y mi mamá también hacía limpieza de casas”.
“¿Estás seguro que tienes 29 años?”, interrumpimos, casi en tono de broma. “Sí, estoy muy golpeado, la verdad, pero sí, tengo…”, “¿Seguro?”, insistimos. “¿Ves, Cynthia?”, dice, dirigiéndose a su publirrelacionista, “te dije que iba a decir que me veo muy…”
“¿No me crees nada? Bueno, ok. ¿Quieres una identificación o algo?”, responde mientras se despoja lentamente de la máscara de luchador. Lo que revela no es sólo un rostro, sino una historia: “Lo sustancial… efectivamente no tengo 29. Es más, te voy a contar la historia tal cual”.
A partir de ahí, la charla se convierte en una confesión. Melanio explica que el personaje nació del hartazgo, del absurdo político y de una necesidad urgente por crear un alter ego capaz de gritar lo que él, como hombre común, no se atrevía.
“Lo que pasó fue que no pude controlar la rabia. Veía lo que decía Trump, la forma en que atacaba a los migrantes, a los mexicanos, a la gente que trabaja limpiando, cocinando, que hace lo que nadie quiere hacer. Y pensé en mi mamá, en todo lo que ella vivió para que yo estudiara arte.
La máscara no es un disfraz sino una piel simbólica. “Es mi manera de volverme invisible y al mismo tiempo ser visto”, explica. “Cuando me la pongo, ya no soy yo. Soy un puente entre todo ese enojo y la posibilidad de transformarlo en algo que la gente pueda mirar”.
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“Viajé a la frontera, hicimos un plan, fui a los hoteles y arrancamos pedazos de alfombra de las habitaciones. Cada pedazo es un fragmento de un hotel, un lugar que mi madre limpiaba de manera humillante y mal pagada. Lo que hago es llenar un vacío interior a través de recuperar eso.
“Es una colección de actos que parecen pequeños, pero en realidad tienen un peso enorme”, relata Melanio mientras muestra un video del proceso. Cada alfombra, dice, representa un espacio de trabajo invisible, un símbolo de la fuerza y la dignidad que el sistema ignora.
En su obra se aprecia un contenido dedicado a diferentes aspectos sociales, desde la diversidad hasta la crítica política
La Reforma Judicial, a color y sarcasmo
La exposición funciona como un espejo de las estructuras de poder y de las jerarquías que determinan quién es visible y quién no.
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El artista también trabaja con objetos cotidianos transformados en símbolos de resistencia como las corcholatas de grandes dimensiones donde plasma su visión de la migración. Cada pedazo de alfombra, cada recorte de periódico o fotografía, se convierte en un acto de memoria y justicia.
Sus instalaciones son minuciosas, denuncian la desigualdad y la invisibilización de quienes sostienen la sociedad sin reconocimiento, un recordatorio tangible de que incluso los detalles más pequeños pueden contar historias enormes.
Tal vez, Anna Wintour, Naomi Campbell o el rey Carlos III no sepan de mí, pero yo sé mucho de ellos. Más de 25 años de trayectoria periodística.





































