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Culturamartes, 4 de noviembre de 2025

No escribimos para enseñar, sino para aprender: Rosa Montero

La escritora explora el papel de la ficción frente a la realidad, denuncia la crisis del periodismo y defiende que ciencia y humanidades no son contrarios, sino parte del conocimiento

Alejandro Castro / El Sol de México

Para Rosa Montero, la imaginación es el ingrediente esencial no sólo de la ficción, sino también de lo que solemos llamar realidad.

Para ella, la imaginación es el componente que nos lleva a convertir el caos cotidiano en algo más o menos razonable, llevadero.

Ya con el tema de la realidad y la fantasía sobre la mesa, se antoja preguntarle en dónde se encuentran la ficción y el periodismo, dos géneros que ella misma ha cultivado durante décadas.

Recuerda que cada uno tiene sus propias reglas y que hay que conocerlas, incluso para romperlas. “Por ejemplo, si haces un teatro demasiado ensayístico, pues será un teatro aburridísimo”.

Y es que para la autora uno no escribe novelas para enseñar, sino para aprender. Y en todo caso, si el autor no aprendió nada cuando terminó su obra, significa que lo hizo mal.

Y ahí sí que le da su lugar al periodismo y a los ensayos puros y duros, como vías para luchar o defender ciertas ideas.

Una minoría… siempre en aumento

Eso sí, dice que contrariamente al buen estado de salud del que goza la literatura, el mundo del periodismo lleva décadas sin saber cómo encontrar un modelo económicamente viable.

Escribe para perderle el miedo a la muerte

Acerca de lo que ella misma ha aprendido de escribir novelas, lo piensa un poco y cuenta que han habido tres novelas con las que sí notó un aprendizaje concreto.

“La primera fue Historia del rey transparente… Un lector me dijo que después de leerla tenía menos miedo a morir y eso es algo con lo que me identifico, algo que a mí me pasó después de escribir esa novela”.

Acerca de cómo hace para mantenerse firme en la carrera de fondo que parece ser la literatura, asegura que en El peligro de estar cuerda analiza el cuestionamiento de qué es lo que lleva a escribir a quienes escriben.

“Entonces sigues y sigues, porque te gusta la vida y porque sigues siendo curiosa y porque aprendes cosas”, agrega.

Letras y ciencias no son mutuamente excluyentes

Es entonces que viene a nuestra mente que el día anterior, en esta misma feria, la madrileña dijo en otro foro: “No podemos entender el mundo si nada más te metes en lo científico o nada más en lo humanístico”.

Cuando se le pide que abunde, argumenta que la finalidad de la vida es tratar de llegar a la muerte lo más sabios posible, entendiendo esto como un conocimiento no de datos, sino de quiénes somos, de qué es la vida y de cómo nos relacionamos.

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