Esta opinión es compartida también por el poeta Hernán Bravo Varela, director del “Periódico de Poesía de la UNAM”, quien reconoce que la obra de Wilde tiene una alta premeditación estructural, que enaltece la belleza de lo que dice.
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Oscar Wilde se convirtió en un símbolo literario; murió en la indigencia, hace 125 años / Foto: Cortesía/Paris Fine Art Museum
Las últimas palabras escritas por el irlandés Oscar Wilde parecen contener su vida entera y su legado: “Viniste a mí para aprender el goce de la vida y el goce del arte. Quizá he sido elegido para enseñarte algo más maravilloso: el significado y la belleza del dolor”.
Son las líneas de despedida de la extensa carta que Wilde escribió desde la cárcel a su amante, Lord Alfred Douglas, bajo el título “De profundis”. Un texto íntimo y revelador, cuyos ecos resuenan en el 125 aniversario de su fallecimiento, el 30 de noviembre de 1900, en completa indigencia, después de haber alcanzado la fama.
“Oscar Wilde representa el ingenio y el humor irlandés en la lengua inglesa. Sus palabras eran de una crítica feroz contra la burguesía victoriana. Aunque tenía la pose de dandy, tuvo una gran capacidad de solidarizarse con lo mejor de la condición humana, lo reflejó en su obra y por su puesto, en esa famosa epístola”, dice en entrevista con El Sol de México, el cronista Ernesto Reséndiz.
“Fue un gran desafiante de los valores conservadores y ese desafío terminó por convertirlo también en una imagen de mártir para la cultura homosexual, puesto que Wilde fue posiblemente el homosexual más visible de su época. Su deseo lo condenó a la cárcel, pero también al ostracismo, que fue casi una sentencia de muerte, pero que dio a muchos homosexuales un autor de primer orden como referente”, agrega el también miembro del extinto Seminario de Literatura Lésbica de la UNAM.
Oscar Wilde nació en Dublín en 1854, hijo del cirujano William Wilde y la poetisa Jane Frances Agnes. Estudió literatura griega en el Trinity College, donde publicó sus poemas en revistas literarias, con los que tuvo relevancia y reconocimiento. Se graduó en Magdalen College de Oxford en 1878. Durante toda su vida, tanto en sus letras como en su actitud, señalado por “excéntrico”.
Su obra comprende poesía, novelas y cuentos, entre los que destacan “El retrato de Dorian Gray”, “El fantasma de Canterville” y “El ruiseñor y la rosa”; obras de teatro como “La importancia de llamarse Ernesto” y “Salomé”. Además, destacó como articulista, ensayista y conferencista.
“Para Wilde el genio del artista era sobre todo una construcción del artificio elaborada a través de la inteligencia. A diferencia de otros autores no pensaba que el artista fuera un producto de generación espontánea, sino que se trataba de una orquídea de invernadero que se construía con las condiciones del arte y del trabajo personal del creador”, apunta Reséndiz.
“Su obra está llena de encantamiento verbal y de extraordinarias flexiones y reflexiones en torno al lenguaje. Él, con el cálculo casi de un inquieto matemático se permitió modificar la realidad a partir del cuestionamiento de nuestra retórica”, dice el poeta y editor.
En su juventud Oscar Wilde tuvo como gran amor a Florence Bolcombe, quien después se comprometió con Bram Stoker, el autor de “Drácula”. Wilde, decidió dejar Irlanda para viajar por Estados Unidos, París y Londres. En esta última ciudad fue donde conoció a Constance Lloyd, hija del consejero de la reina que se convirtió en su esposa en 1884.
Con Lloyd el escritor tuvo dos hijos y llevaba una vida relativamente holgada, en la que el autor se había vuelto una figura conocida. Lamentablemente la familia se destruyó, luego de que en 1895 estallara el escándalo, justo en la cima de su carrera. El caso fue tan irreparable que la esposa cambió el apellido de ella y sus hijos para luego abandonar al escritor.
Resulta que Wilde tenía una amistad con el poeta y escritor Alfred Douglas, hijo del marqués de Queenberry, quien descubrió la relación y denunció públicamente el hecho. Wilde trató de defenderse acusando de difamación al marqués. Se entablaron investigaciones, un juicio y Wilde terminó siendo sentenciado a dos años de cárcel por “sodomíta” y por realizar actos de “flagrante indecencia”.
¿Y eran reconocibles manifestaciones expresas de su sexualidad en su obra? “Digamos que estaba en clave para quien quisiera y pudiera codificar las referencias del deseo homoerótico de Wilde. Pero lo que sucedió es que después del escándalo y los juicios, se convirtió en el homosexual por antonomasia, lo que hizo que su obra se pudiera leer desde una mirada gay que antes no había quedado tan clara”, dice el cronista Reséndiz, que apunta que el escritor irlandés nunca dijo expresamente “soy homosexual”.
El especialista apunta que la influencia de este caso fue grande, al grado que la noche del juicio decenas de ingleses homosexuales huyeron a Francia por el temor de ser víctimas de la ley, como documentaron algunos de los biógrafos de Wilde, citados en el libro “Extraños. Amores homosexuales en el siglo XIX”, de Graham Robb.
Oscar Wilde dejó la cárcel en 1897, vivió unos meses en Nápoles con Douglas, pero se separaron por falta de dinero. Wilde se exilió en Paris, donde se hizo llamar Sebastián Melmoth. Se dice que deambulaba por los bares y que el poco dinero que conseguía lo gastaba en alcohol. Murió el 30 de noviembre de 1900, tras haber desarrollado una meningitis. Un día antes de partir, pidió a un sacerdote que lo bautizara, por lo que se volvió católico.
La obra de Wilde, dice Reséndiz ha dejado gran mella en escritores de todas las lenguas: “Yo diría que su legado es un legado de la inteligencia, la belleza y la libertad, pero sobre todas las cosas el legado de una firme defensa por la dignidad humana”, finaliza.