La necesidad de entretenimiento por parte de la sociedad de la alta alcurnia le dio a las autoridades de la Nueva España la oportunidad de crear un teatro principal
De cara a la Copa del Mundo 2026, la capital del país se convertirá en un espacio en el que se mezcle la cultura, el deporte, el conocimiento y la diversión
La exposición reúne más de 70 obras de 27 artistas y colectivos que reflejan la evolución del movimiento desde sus orígenes hasta las nuevas propuestas
La muestra “Fútbol y Arte. Esa misma emoción” reúne obras, archivos históricos y objetos emblemáticos del balompié para ofrecer una mirada crítica y cultural rumbo a la justa mundialista
En este libro, Miguel León Portilla explora las disertaciones sobre la verdad en la cultura náhuatl / Foto: Cortesía/UNAM
Miguel León-Portilla (1926-2019) cuenta en sus memorias que tras presentar en 1956 su tesis de doctorado en la UNAM, titulada La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes, las opiniones fueron encontradas.
“Más tarde pude percatarme de que no todos me alababan. Ya referí el episodio con el marqués Romero de Terreros, pero ahora añadiré que varios filósofos de la Facultad de Filosofía en la UNAM manifestaron que estaba yo probablemente trastornado sosteniendo el dislate de que los indios habían tenido una filosofía”, se puede leer en su libro póstumo “Soy mi memoria”, publicado este 2026 con motivo de su centenario de natalicio.
El encontronazo fue tal que incluso otros académicos salieron en su defensa: “Mi amigo Eduardo Matos Moctezuma me ha contado que él y varios estudiantes de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, al enterarse de esas críticas, reaccionaron y contestaron a tales filósofos con energía y aun con duras palabras”.
Lo que hizo en aquel texto, con un agudo criterio filológico, fue atreverse a calificar de filosofía a un conjunto de textos que contienen descripciones y planteamientos de problemas sobre la visión del mundo de los antiguos mexicanos, como la concepción de la divinidad, el ser humano, su destino y posible libertad, así como su ética y sus ideas sobre el arte, problemas e interrogantes paralelos a los de filósofos de otras épocas y latitudes.
Esto, además, porque argumentaba que el mismo franciscano fray Bernardino de Sahagún, autor del mayor compendio enciclopédico del mundo mexica, “Historia general de las cosas de la Nueva España”, había anotado que los tlamatinime eran “sabios, filósofos”.
Entre los conceptos que analizó se encuentra el de la verdad. Según León-Portilla para los nahuas, la verdad (neltiliztli) significaba la cualidad de estar firme, bien cimentado o enraizado. Así, en el pensamiento náhuatl se considera verdadero (nelli) aquello que está cimentado en algo firme y permanente, con raíz (nel-hua-yotl). Sin embargo, lo único cimentado en sí mismo era la máxima deidad dual, Ometéotl, que es principio origen y sostén de las fuerzas cósmicas.
En cuanto a la vida en la tierra (tlalticpac) los nahuas se preguntaban si algo podía ser realmente firme o verdadero. La vida en tlalticpac es vista como algo que “no (es) para siempre en la tierra: sólo un poco aquí”, similar a un sueño. Ante esta fugacidad presente en todas las cosas, los tlamatinime(sabios) se preguntaban si el hombre podía tener la cualidad de estar bien enraizado.
Para los nahuas la “flor y canto” (in xóchitl in cuícatl), que se puede entender como “la poesía” era considerada, única cosa verdadera en la tierra. A través de ella, por su carácter expresivo, metafísico y divino, basado en metáforas, se concebía como intento de superar la futilidad en tlalticpac. Es decir que, si bien no se podía decir verdad a través de conocimiento llano, sí se podía alcanzar lo verdadero a través de la poesía.