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En "El arco y la lira", Octavio Paz reflexiona sobre el significado de la poesía / Foto: Cortesía Fondo de Cultura Económica
Hace 70 años, en 1956, Octavio Paz escribió uno de los tratados de poesía más importantes en la historia de la literatura mexicana y en lengua española, el cual tituló El arco y la lira. En él, el poeta mostró tener un agudo sentido crítico y teórico de la materia de su propia obra.
En un primer capítulo, el Premio Nobel se propone dar un panorama general de lo que es la poesía, pero a lo que se enfrenta es que es no un río, sino un mar de definiciones con las que se ha tratado de comprender. Desde las visiones generales de que la poesía es “conocimiento, salvación, poder, abandono”, hasta “voz de pueblo”, “revelación”, “juego” o “arte de hablar de una forma superior”.
Todas las definiciones le parecen atractivas y no considera el contradecirlas a primeras. Sin embargo, en un afán de encontrar una explicación a esta multitud de significaciones, Paz se pregunta por la experiencia poética misma, tomando en cuenta que es necesario preguntarse de igual forma lo que es un poema, como unidad en la que entendemos comúnmente que opera la poesía.
El joven Paz no encuentra un modo específico de escritura, métrica, o ritmo que definan la poesía. Un soneto no es un poema, sino una forma literaria, excepto cuando ese mecanismo retórico —estrofas, metros y rimas— ha sido tocado por la poesía. Hay máquinas de rimar, pero no se poetizan (como puede suceder ahora con las Inteligencias Artificiales).
“Por otra parte, hay poesía sin poemas; paisajes, personas y hechos suelen ser poéticos: son poesía sin ser poemas, trato desnudo con el poema. […] El poema no es una forma literaria sino el lugar de encuentro entre la poesía y el hombre. Poema es un organismo verbal que contiene, suscita o emitepoesía. Forma y substancia son lo mismo”, apunta.
Así, lo que Octavo Paz propone es ver a los poemas como productos humanos que permiten compartir a través de la historia una especie de revelación colectiva, un sentir que trasciende la idea lineal de la historia, encuentra significado en sí misma y se recrea en el tiempo, con cada lectura, como un acto humano colaborativo.
“El poema es una posibilidad abierta a todos los hombres, cualquiera que sea su temperamento, su ánimo o su disposición. Ahora bien, el poema no es sino eso: posibilidad, algo que sólo se anima al contacto de un lector o de un oyente. Hay una nota común a todos los poemas, sin la cual no serían nunca poesía: la participación. Cada vez que el lector revive de veras el poema, accede a un estado que podemos llamar poético”.
El libro también tiene otros epílogos en los que Paz ahonda un poco más sobre la función de la poesía en la sociedad en relación con el Estado; la poesía como parte del hecho fisiológico de la respiración; así como la relevancia del poeta Walt Whitman para pensamiento moderno y americano.