Uzbekistán: el corazón del mundo vuelve a latir
La antigua joya de Asia Central resurge como un símbolo de la modernidad digital y decidido a conectarse con el planeta sin renunciar a su historia milenaria
La antigua joya de Asia Central resurge como un símbolo de la modernidad digital y decidido a conectarse con el planeta sin renunciar a su historia milenaria

Hugo Maguey
Entre cúpulas turquesa, mosaicos dorados y el rumor del desierto, Uzbekistán vuelve a reclamar su lugar en el mapa del mundo. Este país, alguna vez epicentro de la legendaria Ruta de la Seda, está invirtiendo miles de millones de dólares para recuperar su papel como punto de encuentro entre Oriente y Occidente: un centro de comercio, cultura y turismo, como lo fue entre los siglos XIV y XVI, cuando caravanas, poetas y sabios hacían de Samarcanda el corazón del mundo.
Ubicado en Asia Central y con el peso de haber pertenecido a la URSS, Uzbekistán se sacude el halo de haber sido el principal proveedor de algodón, oro y gas natural del gigante soviético para erigirse como un centro cultural y turístico para todo el orbe. Ciudades milenarias como Samarcanda (con cerca de 560 mil habitantes según estimaciones recientes), Bujará (aproximadamente 295 mil) y la capital, Tashkent (alrededor de 2.7 millones de habitantes) están al centro de esta transformación y apuesta decidida.
En estas tres urbes —todas bilingües en uzbeko y ruso— el inglés aún es incipiente; los trabajadores de servicios hablan más frecuentemente ruso que inglés, lo que evidencia cuánto camino queda por recorrer para abrirse plenamente a Occidente.
Por primera vez en más de 40 años, la Conferencia General de la UNESCO no se celebra en París, sino aquí, en Samarcanda, símbolo de los cruces de civilizaciones. No es una decisión logística sino política y cultural: la organización busca dejar atrás su imagen eurocentrista para mostrar que el conocimiento, la creatividad y el desarrollo no pertenecen a una sola región del planeta.
La guerra o la paz comienzan con los libros de texto que se reparten en las escuelas- Audrey Azoulay directora general de la UNESCO
La directora general de la UNESCO, Audrey Azoulay, quien preside por última vez este encuentro, inauguró la 43ª Conferencia General con un mensaje de apertura: “Reunirnos en el corazón de Asia Central es una invitación a mirar el mundo desde otros ángulos. La cultura y la educación son la base para sostener la paz”.
Azoulay puso en claro que la misión del organismo es promover la paz a través de la educación, la ciencia, la cultura y la información, y aseguró con tono firme que “la guerra o la paz comienzan con los libros de texto que se reparten en las escuelas”. Habló también de los grandes retos que enfrenta la humanidad —la inteligencia artificial, la desinformación, la crisis climática y la brecha educativa— y subrayó que estamos en un momento decisivo para el futuro del multilateralismo.

En un momento en que el mundo occidental envejece, Uzbekistán resalta por su bono demográfico: cerca de 65 por ciento de su población tiene menos de 34 años, lo que le da una ventaja frente a otros países de la región y globalmente. Y una gran mayoría de estos jóvenes se dedica o estudia carreras de tecnología, información o ingeniería, lo que convierte a la nación en una competencia franca ante gigantes como India y China, si se aprovecha esa energía con inversión en tecnología, educación y cultura.
Queremos ser un puente entre civilizaciones, como lo fuimos durante siglosShavkat Mirziyóyev, presidente de Uzbekistán
El presidente uzbeko Shavkat Mirziyóyev aprovechó el foro para mostrar al mundo un país en plena transformación. “Queremos ser un puente entre civilizaciones, como lo fuimos durante siglos”, dijo ante delegaciones de 194 países reunidas en el moderno Centro de Conferencias de la Ruta de la Seda, y ante más de 300 periodistas de todo el mundo. Uzbekistán invierte en restaurar monumentos, en zonas económicas especiales, turismo cultural e inversión extranjera, además de impulsar la renovación de los complejos históricos de Bujará, Jiva y Samarcanda, al tiempo que fomenta la enseñanza del inglés y el desarrollo tecnológico entre los jóvenes.
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Queda claro que la misión de ser sede de la conferencia es lograr visibilidad mundial y demostrar que este país tiene el potencial y los recursos para volver a brillar. Aún tiene un gran camino por recorrer, pero la ciudad luce renovada: calles recién pavimentadas, edificios restaurados, una gran inversión en hoteles y servicios, con una actitud de su gente que, aunque recién aprendiendo a ser anfitriones globales, transmite entusiasmo. Su corazón vuelve a latir, con la esperanza de convertirse pronto en una atracción que valga la pena el viaje.
Más allá de los mosaicos y de los minaretes, Uzbekistán está colocando en su agenda una robusta estrategia digital. Según datos oficiales, para enero-septiembre de 2024, el 92.7 por ciento de la población de 10 años o más ya usaba internet. Esta cifra representa un salto respecto al 83.9 por ciento registrado en enero-septiembre de 2022. A su vez, el porcentaje de hogares con acceso a internet en casa llegó a 79.2 por ciento en el primer semestre de 2024.
Esta rápida adopción tiene al segmento joven (menores de 34 años) en el centro: ellos utilizan internet y redes sociales de manera cotidiana; un estudio señala que el 34.4 por ciento de los jóvenes se conectan entre una y tres horas al día, otro 32.4 por ciento entre tres y cinco horas, y aún una fracción pequeña se conecta seis o más horas al día.
Para enero-septiembre de 2024, el 92.7 por ciento de la población de 10 años o más en Uzbekistán ya usaba internet, un aumento significativo respecto al 83.9 por ciento registrado en el mismo periodo de 2022
El gobierno ha impulsado la creación de espacios tecnológicos: por ejemplo, el parque tecnológico IT Park Uzbekistan, lanzado en 2019 desde Tashkent, reúne miles de empresas de software, startups, y tiene la meta de convertir al país en un hub de servicios digitales para el mundo.
Sin embargo, no todo el mundo avanza al mismo ritmo. Entre la población de 60 años o más, la alfabetización digital es más baja, y aunque no hay un dato reciente exacto que la cuantifique, los expertos indican que este grupo tiende a quedar rezagado en la adopción de nuevas herramientas. Así, el desafío para Uzbekistán no es sólo conectar, sino formar: capacitar a quienes aún no dominan el entorno digital.
En el terreno regulatorio, Uzbekistán mantiene controles estrictos sobre el ecosistema digital. La aplicación TikTok está bloqueada desde julio de 2021, por no cumplir con la ley de datos personales del país. Asimismo, sitios web con contenido para adultos están restringidos, mientras que páginas de citas no lo están formalmente, aunque se observan muy poco usadas: factores sociales, étnicos y culturales pueden incidir en ello.

El país es mayoritariamente islámico —alrededor del 96 por ciento de la población se identifica con el Islam— pero no hay llamados al rezo públicos ni obligatoriedad para mujeres de usar velo, hiyab o burka: quienes lo hacen lo hacen por convicción personal. Este perfil social influye también en los hábitos digitales.
Aunque el acceso a internet es elevado, el entorno de libertad digital aún es limitado: según el informe “Freedom on the Net 2024”, Uzbekistán sigue siendo uno de los entornos menos libres en materia de internet, debido a arrestos arbitrarios de personas que critican al gobierno en línea, bloqueos rutinarios de sitios y supervisión excesiva del tráfico digital.
La estrategia de Uzbekistán busca combinar apertura al turismo occidental con preservación de tradiciones y sinónimo de modernización. Tashkent, Bujará y Samarcanda están en el centro de ello. En Samarcanda, en particular, la restauración de sus madrazas, sus mosaicos turquesa y su rica historia han sido impulsadas por el gobierno como pilares de la nueva narrativa nacional.
La dualidad lingüística del país —uzbeko y ruso— todavía marca la interacción con visitantes extranjeros: muchos guías y trabajadores turísticos dominan ruso, pocos hablan inglés fluido, lo que limita la experiencia del turista angloparlante aunque abre puertas a visitantes del espacio postsoviético.
La estrategia de Uzbekistán busca combinar apertura al turismo occidental con preservación de tradiciones y modernización, colocando a Tashkent, Bujará y Samarcanda en el centro de este proyecto
En Samarcanda, la inversión en infraestructuras turísticas se hace visible: nuevos hoteles, mejor transporte interno y restauración de sitios históricos conviven con cafés tradicionales donde se sirven pilaf, té verde y pan naan.
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Se trata de un equilibrio: atraer al mundo occidental sin perder la identidad que forjó su historia milenaria. Uzbekistán apuesta a convertirse en un destino cultural de primer orden, con la satisfacción de haber sido sede de la 43ª Conferencia General de la UNESCO como un punto de inflexión.
Desde Uzbekistán, el corazón del mundo vuelve a latir con fuerza renovada. No sólo es un reclamo simbólico al pasado, sino una acción concreta hacia el futuro: conectar, innovar, acoger. Si todo marcha según lo previsto, Samarcanda, Bujará, Tashkent y todo Uzbekistán podrían convertirse en referentes de una nueva Eurasia que mira hacia delante, sin olvidar sus raíces. La pregunta que queda es si la inversión, la juventud y la apertura digital serán suficientes para que esta nación recupere ese latido que, siglos atrás, la convirtió en el cruce de caminos del mundo.
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