El trío mexiquense presenta el tercer adelanto de un álbum que explora el amor desde la metáfora del mar y culmina, en este single, con una tensión lírica entre perdón, deseo y heridas abiertas
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El vínculo con Juan Sebastián Rodríguez, ganador del Grammy por su trabajo con Zoé en Aztlán, fue también un elemento clave / Cortesía Mau y Mendoza
El dúo originario del Estado de México, Mau y Mendoza, concluye una trilogía creativa con el estreno de su sencillo “Hanguear”, tercer adelanto del álbum (A) Mar, programado para principios de 2026.
Tras el lanzamiento de los sencillos “Huapango” y “Acapulco”, vinculados a las metáforas de la flor y el agua respectivamente, “Hanguear” incorpora el fuego como símbolo central: una carta ardiente que habla de amor, perdón y heridas que permanecen.
El proyecto nació como una propuesta solista de Mauricio (Mau) que, con el tiempo, se transformó en un colectivo. La agrupación desarrolló su propio espacio de trabajo, Good Good Bueno, concebido para aislar el proceso creativo y fomentar la experimentación.
Parte de la grabación también se llevó a cabo en el estudio Topetitud; entre ambos recintos se gestó el material que integrará (A) Mar, un álbum de 11 canciones que exploran el amor en distintos registros: desde la inocencia del enamoramiento hasta la madurez y la pérdida.
La composición del disco estuvo a cargo de Mau junto con Emmanuel Martínez. En la interpretación vocal participa Cassandra Dávila, cuya voz dulce contrasta con el timbre rasposo de Mau. La mezcla y la masterización estuvieron a cargo de Juan Sebastián Rodríguez, ganador del Grammy, cuya intervención fue definitoria para pulir el sonido sin desnaturalizarlo.
“Hanguear” funciona como cierre elemental de una narrativa simbólica iniciada por los primeros singles. Mientras “Huapango” aportó imágenes festivas y florales y “Acapulco” introdujo la metáfora del agua, “Hanguear” concentra una intensidad lírica en torno al fuego: él pide perdón por un pasado que pesa; ella, aún enamorada, se debate entre el recuerdo y la herida. Esta tensión se plasma en la canción mediante un diálogo vocal que subraya la confrontación y la fragilidad emocional.
El videoclip de “Hanguear”, disponible en línea, refuerza la propuesta estética del sencillo con imágenes donde lo corporal y lo elemental se entrelazan. La pieza audiovisual busca ampliar la sensación del álbum, que los integrantes describen como un mapa de afectos anclado en la analogía del mar: sensaciones que van desde la caricia hasta el dolor, y que se despliegan como olas de distinta intensidad.
La vocación independiente de la banda es un eje persistente en su discurso. Mau y Mendoza reconocen que la autogestión ofrece libertad creativa y, al mismo tiempo, representa un desafío económico. Para ellos, la independencia permite experimentar sin ataduras comerciales, pero obliga a diseñar estrategias propias de difusión y sostenibilidad. En este sentido valoran el apoyo de sus colegas y amistades, y resaltan la importancia de comunidades pequeñas pero comprometidas.
En lo creativo, el grupo explica que las canciones se concibieron de forma independiente y luego se ordenaron para construir un flujo emocional coherente. Aunque las pistas no siguen una narración lineal, están conectadas por la constante del amor, abordado desde perspectivas diversas: el descubrimiento, la devoción, la ruptura y la reconstrucción. Ese tono plural encuentra anclaje en la metáfora marina, con canciones que funcionan como olas: festivas, profundas o eufóricas según su temperatura afectiva.
El trabajo con Juan Sebastián Rodríguez consolidó la mezcla de elementos tradicionales con una propuesta contemporánea. Para la banda, esa combinación es coherente con su intención de experimentar respetando la esencia de las piezas. Consideran que la música tiene vida propia y que, por ello, los procesos colectivos en el estudio son fundamentales para su desarrollo.
Mau y Mendoza sintetizan su identidad artística en palabras que remiten a su eje temático: Mau define su alma creativa como amor, quiebre y renacimiento; Monserrat la resume en amor, vaivén y descubrimiento. Estas coordenadas expresan la intención del álbum: examinar el amor más allá del cliché, con honestidad y sin artificios.
Por otro lado, reconocen los desafíos de ser artistas emergentes. La autogestión, insisten, es “dos caras de la misma moneda”: permite libertad creativa pero complica la sostenibilidad económica. La música, subrayan, no es un bien tangible y por ello resulta complejo equilibrar el bienestar económico con la continuidad del proyecto. Ante la ausencia de grandes estructuras, la banda ha apostado por redes de apoyo: amigos, colegas y comunidades locales que amplifican su trabajo de forma orgánica.
El camino que han transitado desde sus primeros lanzamientos incluyó presentaciones íntimas en cafeterías de la Roma, aniversarios culturales y festivales regionales. Sus release parties mezclaron performance y escucha atenta; el público pudo oír adelantos y participar del proceso creativo. En contraste con la lógica de la viralidad, la agrupación valora la fidelidad de quienes regresan a sus presentaciones por interés genuino en la música.
El vínculo con Juan Sebastián Rodríguez, ganador del Grammy por su trabajo con Zoé en Aztlán, fue también un elemento clave. La banda describe la colaboración como de confianza mutua, ya que depositaron en él la mezcla y la masterización del disco. Para Mau y sus compañeros, esa intervención profesional permitió conservar la naturalidad del proyecto mientras se alcanzaban estándares técnicos que facilitan la escucha en plataformas digitales y formatos físicos.
Así, la banda entrega un cierre potente a su trilogía y plantea, con honestidad, la pregunta por el valor del afecto cuando este duele. El sencillo y el álbum que lo engloba invitan al oyente a una experiencia que mezcla tradición y experimentación, calor y nostalgia, economías de pequeño circuito y aspiraciones de mayor alcance. En ese cruce reside la apuesta de Mau y Mendoza: mantener la esencia mientras amplían su voz.