Música electrónica: del underground al expediente oficial
Dicho estilo musical, nacido en la informalidad y la disidencia, empieza a ser reconocido por los Estados como patrimonio, oficio y política cultural, pero ¿a qué costo?
Ángel Ponce
Alemania a la vanguardia
En 2024, la cultura techno de Berlín fue incorporada al inventario nacional del patrimonio cultural inmaterial como respuesta al cierre sostenido de clubes emblemáticos
En este renglón es obligatoria la mención desde los pioneros del género hasta quienes lo llevaron más allá de las fronteras de su país, entre ellos WestBam, Dr. Motte, Tresor Collective, Basic Channel, DJ Hell o Modeselektor, entre muchos otros.
Orgullo francés
El patrimonio cultural inmaterial no protege objetos, sino prácticas vivas que las comunidades reconocen como parte de su identidad
En este apartado han destacado a nivel global nombres como Air, Bob Sinclar, Cassius, Daft Punk, Étienne de Crécy, Laurent Garnier, Mr. Oizo, Phoenix, Sébastien Tellier, The Supermen Lovers y un largo etcétera.
El primer caso en Latinoamérica
Uno de los objetivos de la certificación es facilitar el acceso a capacitación y ampliar la protección social de quienes trabajan en la industria musical
En el caso chileno, destacan nombres como Ricardo Villalobos, Matías Aguayo, Cristian Vogel, Argenis Brito, Nicolás Jaar y DJ Raff, entre otros.
No todo es color de rosa
Lo cierto es que algo ha cambiado. La música electrónica ya no sólo ocupa pistas de baile y festivales; comienza a ocupar registros oficiales, marcos legales y agendas públicas.
En ese tránsito, el Estado redefine qué entiende por cultura y patrimonio, y reconoce que las expresiones contemporáneas también forman parte de la historia colectiva.
































