8 de cada 10 estudiantes de la UNAM usa IA para su formación
En medio del creciente uso de Inteligencia Artificial, investigadores de la UNAM llaman a explorar el uso ético y construir normativas, sin satanizar sus funciones
En medio del creciente uso de Inteligencia Artificial, investigadores de la UNAM llaman a explorar el uso ético y construir normativas, sin satanizar sus funciones

Aura García
Ocho de cada 10 estudiantes de la UNAM usa la Inteligencia Artificial como parte de su entorno educativo y de investigación; mientras que 7 de cada 10 profesores también reconoce haberla empleado para obtener información de un tema que desconoce, buscar datos bibliográficos, diseñar actividades o analizar datos, según reveló un estudio de la Máxima Casa de Estudios.
El documento titulado “Presencia y uso de la inteligencia artificial generativa en la Universidad Nacional Autónoma de México” fue publicado este 2025 y demostró que la comunidad universitaria no solo está dispuesta a integrar a su formación la IA, sino que de hecho lo hace en el día a día, algunas veces con tutela o permiso del profesor.
Los resultados de este trabajo –elaborado por Mario Alberto Benavides-Lara y Víctor Jesús Rendón Cazales, así como tres autores más– demuestran que los alumnos de bachillerato son quienes más usan IA y los de posgrado los que menos; mientras que con los profesores ocurre exactamente al revés. De modo que el recelo o desconocimiento sobre esta tecnología se concentra en los maestros del nivel intermedio de la educación y en los estudiantes más avanzados.
El estudiantado reportó que emplea estas herramientas para facilitar su propio aprendizaje, y reconoció que le solicita contenidos curriculares de forma más comprensible, propuestas para elaborar trabajos o apoyo en la escritura de sus textos.
Frente a este panorama, el director del Laboratorio de Inteligencia Artificial, Sociedad e Interdisciplina de la UNAM, Luis Josué Lugo Sánchez, plantea la necesidad de incorporar la IA en las aulas de un modo ético y crítico.
En entrevista con El Sol de México, el investigador llamó a construir políticas y programas inter-generacionales que permitan a la comunidad universitaria apropiarse de esta herramienta, sin dejar que el pensamiento creativo y humano pase a segundo plano.
“Eso implica fijar posturas institucionales respecto a qué y cómo queremos que sea adoptada esta inteligencia y establecer códigos o reglamentos, pero también programas de acompañamiento para que las comunidades universitarias y el personal docente y administrativo, tengan un marco normativo para usarla”, dijo.

Lugo Sánchez aclara que el uso ético de la Inteligencia Artificial implica cuestionarse, por qué y para qué se va a utilizar, y destaca que una vez resuelto este dilema, es posible y necesario generar mecanismos de uso responsable en cada institución educativa, que contemple protocolos claros de actuación.
El investigador del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH) reconoce que “es indispensable dejar de satanizar las herramientas de IA”, porque lo queramos o no son parte del mundo joven y del estilo de vida actual. Pero más allá de eso –acota– los estudiantes van a necesitar esta habilidad en su campo laboral, la habilidad de conocer, utilizar y aprovechar la inteligencia artificial a su favor.
“No escuchar lo que está ocurriendo con la IA es cerrar los ojos a prácticas que complementan la formación. La IA abre la puerta a nuevas habilidades y posibilidades de empleabilidad, hace más rápidos ciertos procesos y si la satanizamos terminaríamos amplificando las brechas”, sentencia.
Lugo Sánchez apunta que el reto más importante consiste en “no tecnificar nuestro pensamiento”, de modo que las y los estudiantes sean quienes piensan a la herramienta y no al revés. En ese sentido, urge a que la Universidad produzca los diagnósticos necesarios y estudie no solo el acceso, el uso, y la apropiación de la IA, sino también las motivaciones y barreras de quienes la utilizan.
“Necesitamos hallar las posibilidades del uso ético, fomentar la colaboración multi e interdisciplinaria, analizar los desafíos, desarrollar estrategias que consideren la sensibilización y concientización y pensar más allá de lógicas unidireccionales. No puede ser Open AI sea quién produzca protocolos éticos para el uso en la educación, tienen que hacerlo todos los actores de este sector”, concluye.
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