En Tlalcuapan, un escarabajo despertó la lucha comunitaria
Paola Chavely Torres Nahuatlato y Aldo Ortiz Castillo / Periodismo de lo Posible
“Primero fueron cambios muy tenues, muy despacio, y después fueron cambios radicales. Llegamos a subir [a la montaña] y llorar; en los lugares donde había un bosque, luego no había nada”, recuerda.
El antiguo guardián
“Los abuelos nos decían que, después del incendio, de que pasaba la chamusquina, los árboles se podían enfermar. Y justo llegaba este escarabajo, mataba el árbol y ya no pasaba a mayores”, recuerda Diana.
“Por incendios de más, por debilitar más al suelo, por el exceso de calor, incrementó su población y se convirtió en plaga, pero siempre ha estado [presente]; es parte del ecosistema”.
Las afectaciones, sin embargo, eran cada vez más evidentes. Ya no eran unos cuantos árboles, sino cientos, los que empezaron a adquirir un tono café inconfundible.
Eduardo, excomisario ejidal, afirma que la espera les jugó en contra: “Sabíamos que cortar era la única forma de detener [la plaga], pero no podíamos arriesgarnos”.
La plaga convertida en negocio
“Lo que no nos gustó es que se estaban llevando árbol verde, no solo el que estaba plagado”, recuerda Eduardo.
Según relata, la Coordinación de Ecología nunca informó a la comunidad de Tlalcuapan sobre la contratación de las empresas —de las que hasta la fecha se desconocen los nombres— ni bajo qué criterios decidían qué árboles derribar.
“Lo lamentable aquí era que la Coordinación de Ecología había hecho trato con estas empresas sin consultar a los dueños [de los predios arbolados], y pues todo el desconocimiento que teníamos hizo que ellos se aprovecharan”.
El regreso a la montaña
Para Teresa, integrante del colectivo, estas acciones van más allá de la recuperación de un territorio: buscan restablecer un vínculo perdido.
Reconectarse con el bosque
Para Diana, sin embargo, la plaga tuvo un efecto inesperado: hizo que la comunidad volviera a mirar de frente a la montaña. “Nuevamente, nuestros corazones, nuestras formas de ver, nuestros objetivos, [están] enfocados hacia allá”, coincide Teresa.
La montaña ha despertado, y con ella, el corazón de los guardianes del bosque.































