Heridas por un busto nacido de aceite: Paloma narra su vida después de los modelantes
Paloma tenía 18 años cuando sus amigas la aconsejaron sobre las sustancias para tener más busto. La falta de información sobre este procedimiento ha afectado la vida de las mujeres trans
De acuerdo con la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), los biopolímeros o las sustancias modelantes utilizadas en procedimientos estéticos son de alto riesgo a la salud.
Sin embargo, la fuerza de voluntad y las ganas de vivir son las únicas dos cosas a las que Paloma dice que no puede darse el lujo de renunciar.
A 30 años de haber sido la joven que se inyectó el pecho para tener más busto, Paloma dice estar arrepentida.
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La rutina de Paloma transcurría entre peinados y cortes de cabello, ahora se mezcla con curaciones y visitas a médicos / Foto: Ivonne Rodríguez / El Sol de México
Por más de dos décadas hubo calma y belleza en la vida de Paloma. Se enamoró de su pecho y lo presumió hasta el cansancio. No imaginó que después llegarían las noches de dolor, fiebre e hinchazón en sus senos nacidos de aceite mineral.
A sus 18 años, Paloma, una mujer transgénero del Estado de México, conoció las sustancias sintéticas que se inyectan con fines estéticos, llamadas biopolímeros, a través de sus jefas de la estética en donde trabajaba. Fueron ellas quienes la animaron a inyectarse para tener más busto, para conseguir esa figura femenina que tanto deseaba.
“En ese entonces creías todo lo que la gente te decía, yo no dudé de sus promesas de que no me iba a pasar nada, y ahí va una por ignorante a ponerse el aceite mineral. Me inyectaron medio litro en cada chichi y sí, me empezaron a crecer, a hacerse más grandes las chichis. Yo me sentía realizada como mujer, me parecía más a lo que yo quería”, cuenta en entrevista con El Sol de México.
Ahora, desde la sala de su casa, Paloma aún recuerda la primera vez que el sueño de su busto se empezó a desvanecer. “Yo tenía unos 38 o 39 años cuando un día estaba cortando el cabello y empecé a tener complicaciones. Fue un granito en medio de las bubis que explotó y yo pensé que era un barro, que no era nada, pero no fue así. El busto comenzó a hacerse duro, me daba temperatura, se manchó mi piel”, recuerda.
En ese momento comenzó su peregrinar entre doctores, a pedir ayuda. Nadie sabía qué padecía. Se preguntaron si era alguna enfermedad de transmisión sexual (ETS) ya que Paloma también ejerce el trabajo sexual, sin embargo, cada prueba salió negativa.
“Nadie sabía decirme que tenía ni cómo curarme. Y yo solo fui empeorando, se me fue cayendo la piel, lo que empezó como un granito se hizo un agujero donde ya cabía un dedo de los doctores. Me tuvieron que amputar las bubis, cada una pesaba dos kilos cuando me las quitaron”, recuerda.
Así lucía Paloma luego de los modelantes en su cuerpo / Foto: Ivonne Rodríguez/ El Sol de México
Algunas sustancias empleadas son productos de origen sintético como la silicona líquida o en gel y las variantes siloxano y polisiloxano. Estas sustancias son utilizadas en elaboración de sellantes, adhesivos y aplicaciones industriales, por lo que al ser introducidas al cuerpo provocan infecciones, formación de granulomas y lesiones graves a largo plazo.
“Cuando yo tenía 18 no había información sobre los biopolímeros, nadie sabía de su riesgo ni de los daños que una podría tener. Yo tuve muchas amigas, fuimos más de 15 que nos inyectamos en esa época, hoy solamente somos dos sobrevivientes”, dice Paloma quien ahora es una mujer de 48 años.
La Secretaría de Salud federal detalla que alrededor de 85 por ciento de las personas que han hecho uso de modelantes o biopolímeros ya no se le puede ofrecer alternativa alguna de tratamiento, debido al avance del daño. En esta situación, sólo proporciona a los pacientes medidas para controlar el dolor.
Ahora se venda y protege su pecho para evitar el dolor / Foto: Ivonne Rodríguez / El Sol de México
Además, la dependencia explica que se pueden presentar inflamaciones que con el tiempo se convierten en autoinmunes, lo que pone en riesgo la vida de las personas porque afectan todo el tejido que protege a otros tejidos y órganos del cuerpo, o imita enfermedades como lupus, esclerodermias, artritis y daña órganos como pulmón, hígado y riñón.
Los doctores me dijeron que mi corazón funcionaba al 60 por ciento y pensé que tenía fecha de caducidad - Paloma
Paloma sabe de primera mano lo que es el daño a los órganos vitales. “Cuando me empezaron a quitar el busto y yo tenía dolores, los doctores dijeron que tenía el 60 por ciento de funcionamiento de mi corazón. Hubo un momento que de verdad pensé que yo tenía fecha de caducidad, que no iba a salir del hospital”, señala.
“Yo ya sé que no voy a estar al 100 por ciento, pero no me he rendido. Y no es cosa fácil ver tu cuerpo mutilado, ver que ya no tengo mi busto que a pesar de que no hayan sido mis chichis de nacimiento, pues yo tenía más de 20 años con ellas. Pero aquí sigo, buscando hospitales habidos y por haber, buscando quien me siga tratando, quien me ayude a tener una mejor calidad de vida”, sostiene.
La rutina de Paloma, que antes transcurría entre peinados, cortes de cabello y salir a ejercer el trabajo sexual desde las ocho de la noche hasta las tres de la mañana, ahora se ve mezclada con curaciones, vendajes y visitas a médicos que puedan atenderla.
Esta es su estética en la que trabaja. / Foto: Ivonne Rodríguez / El Sol de México
“A mí me gusta bailar pero ya no puedo porque al momento de dar la vueltame da miedo lastimarme, tampoco puedo ya subirme al transporte público, por ejemplo, el Mexibús, cuando viene bien lleno, me da miedo recibir un golpe o que con la mochila me rozan, para mí es insoportable, la piel todavía está muy sensible”, explica.
Rodeada de sus cinco perros chihuahua, Paloma afirma que nada la ha salvado como el cariño de sus mascotas. “Mis perros son un apoyo moral muy grande porque cuando me siento sola, los agarro, los abrazo, me besan, me jalan para que los saque a la calle, para que paseen, ellos han sido parte de mi motor porque son los que me levantan, me motivan a seguir adelante. Si no los tuviera, no tendría algún motivo para seguir”, afirma.
“Si yo hubiera conocido los daños a largo plazo, no me hubiera hecho nada de lo que yo traigo. Me arrepiento de haberme metido a esa sustancia, de haber tenido pechos jamás, porque los disfruté, los gocé, hice, deshice, me enamoré, se enamoraron porque pues estaba chichona y demás cosas, pero yo soy una mujer que ha decidido luchar por ser Paloma y hoy me siento orgullosa porque lo logré, soy Paloma. Con chichis o sin chichis sigo siendo Paloma y voy a seguir buscando mejorar mi calidad de vida. Hoy y siempre”, finaliza.