Un mexicano formará parte del panel que analizará a la Inteligencia Artificial
Carlos A. Coello, investigador del Cinvestav, es uno de los 40 académicos seleccionados por la ONU para estudiar el impacto de esta tecnología
Alejandro Jiménez
La solicitud consistía básicamente en una carta de motivos y un currículum abreviado. Después de enviar la documentación, el investigador pensó que su candidatura había quedado fuera del proceso, ya que durante varias semanas no recibió respuesta.
Un mes más tarde fue contactado nuevamente para subir documentación adicional a una plataforma digital. Posteriormente, en enero, recibió un mensaje formal de Naciones Unidas informándole que había quedado en la lista corta de candidatos.
Una semana después recibió la confirmación de que había sido seleccionado, aunque con la condición de mantener la información en reserva hasta que la designación fuera anunciada oficialmente por el organismo internacional.
Entre los miembros del panel se encuentran investigadores de América del Norte, Europa, Asia y África, incluyendo científicos destacados del campo de la Inteligencia Artificial.
Un panel consultivo sobre riesgos globales
El nuevo organismo funcionará como un grupo consultivo que elaborará reportes anuales sobre el estado de la Inteligencia Artificial en el mundo y sus implicaciones tecnológicas, económicas y sociales.
La primera reunión se programó para el 3 de marzo de manera virtual. Posteriormente se prevé un encuentro presencial en abril, probablemente en Nueva York, aunque hasta ahora no se ha confirmado la sede.
De acuerdo con el investigador, el panel aún está definiendo su estructura interna, la coordinación de los trabajos y los procedimientos de confidencialidad.
Investigación en computación evolutiva
Coello desarrolla su trabajo científico en el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional (Cinvestav), donde se especializa en un campo conocido como computación evolutiva.
“Es un área que simula la evolución natural descrita por Darwin, la supervivencia del más apto, pero en una computadora. A partir de esa simulación resolvemos problemas complejos de optimización”, explicó.
En particular, su trabajo se enfoca en la optimización multiobjetivo, que busca resolver problemas donde existen varios objetivos simultáneos que entran en conflicto entre sí.
Para ilustrarlo, el investigador utiliza un ejemplo cotidiano: comprar un automóvil que tenga el motor más potente posible y al mismo tiempo el precio más bajo posible.
“Esos objetivos entran en conflicto. Si quiero un motor más potente el coche será más caro. Lo que se busca entonces es un conjunto de soluciones de compromiso donde no se puede mejorar un objetivo sin empeorar otro”, señaló.
Los algoritmos que utiliza su grupo de investigación se inspiran en procesos biológicos, como la evolución natural, el comportamiento de colonias de hormigas o el vuelo colectivo de aves.
Aunque su trabajo es principalmente de investigación básica, varios de los algoritmos desarrollados por su equipo han tenido aplicaciones prácticas.
“El proyecto finalmente se canceló durante la pandemia de Covid-19, pero la idea era que el avión tomara fotografías para construir un mapa de la superficie marciana”, explicó.
En muchos casos, el software desarrollado por su grupo se publica como código abierto, lo que ha permitido que empresas e investigadores lo utilicen para resolver problemas industriales o científicos.
Entre el optimismo y el temor
En el debate público sobre Inteligencia Artificial suelen aparecer posiciones extremas: desde escenarios apocalípticos en los que las máquinas dominarán a los humanos hasta visiones optimistas que prometen una nueva era de prosperidad.
Para Coello, la realidad se encuentra en un punto intermedio.
En su opinión, los riesgos actuales provienen principalmente del uso que las personas hagan de la tecnología.
El lanzamiento de herramientas de Inteligencia Artificial generativa —como ChatGPT o Gemini— sorprendió incluso a muchos especialistas.
“La Inteligencia Artificial generativa tomó por sorpresa a mucha gente. Sabíamos que se estaba desarrollando, pero no se esperaba que avanzara tan rápido”, señaló.
Sin embargo, el investigador advierte que existen límites técnicos importantes. El crecimiento de estos sistemas exige cada vez más recursos de cómputo, electricidad y agua, lo que plantea desafíos energéticos y ambientales.
Además, los modelos actuales funcionan mediante aproximaciones matemáticas, lo que explica fenómenos como las llamadas “alucinaciones”, cuando los sistemas generan información incorrecta con apariencia convincente.
Impacto social y educativo
El avance de estas tecnologías también plantea dilemas éticos y sociales.
Coello mencionó que uno de los riesgos es la dependencia excesiva de herramientas de Inteligencia Artificial para tareas que antes requerían habilidades humanas, como la escritura, el análisis o incluso la interacción emocional.
En algunos países ya se han reportado casos de jóvenes que desarrollaron vínculos emocionales intensos con sistemas conversacionales.
“El sistema educativo tendrá que adaptarse. Algo parecido ocurrió cuando apareció internet: muchos estudiantes empezaron a bajar tareas de la red. Ahora la diferencia es que la inteligencia artificial puede generarlas en segundos”, dijo.
La posición de México
En el panorama internacional de la Inteligencia Artificial, México se encuentra en una posición intermedia dentro de América Latina, aunque con cierto rezago reciente.
América Latina participa principalmente como consumidora de estas tecnologías, aunque comienzan a surgir iniciativas regionales.
Coello citó el caso de un proyecto desarrollado en Chile para crear un modelo de lenguaje entrenado con información latinoamericana, con el objetivo de reducir sesgos culturales presentes en sistemas diseñados en otras regiones.
“El argumento es que muchos modelos internacionales no incluyen suficiente información sobre América Latina o la incluyen con sesgos. Por eso surgió la idea de entrenar un modelo con material regional”, explicó.
Una tecnología inevitable
Para el científico mexicano, la Inteligencia Artificial es una tecnología que seguirá expandiéndose en múltiples ámbitos de la vida cotidiana.
“Nos guste o no, va a incidir en nuestra vida diaria. Lo importante es que las personas tengan al menos un conocimiento básico de cómo funciona y cuáles son sus límites”, señaló.
El desafío, concluyó, consiste en aprovechar sus capacidades sin perder de vista el papel central del juicio humano.
“La Inteligencia Artificial puede potenciar nuestras capacidades, pero las decisiones importantes deben seguir en manos de las personas”.






























