elsoldemexico
Méxicodomingo, 1 de febrero de 2026

Un vestido, un país: Virginia Arce bordó una prenda que, sin saberlo, pasó a la historia

Aura García

Cuando la transmisión del Grito de Independencia comenzó, Virginia contuvo la respiración. Si el vestido no aparecía, nadie lo sabría. Si aparecía, ya no habría forma de esconderlo.

Entonces lo vio

No gritó. No se levantó de la silla. Apenas alcanzó a decir, casi para sí misma: “Sí salió con el vestido”. Claudia Sheinbaum lo lucía frente a la multitud reunida en el Zócalo capitalino. Virginia lo veía por televisión.

Ahí terminó el secreto. Y empezó otra historia.

El bordado como herencia

Virginia tuvo un entrenamiento riguroso. Su papá le exigió más que al resto y todavía recuerda todas esas ocasiones en las que la obligó a repetir el trabajo, con tal de que quedara “casi perfecto”.

Delfino Reyes empezó a bordar cuando era niño. Sus papás ya no podían pagarle la escuela y, finalmente, cuando cursaba tercero de primaria, dejó las clases y tomó los hilos.

Sin embargo, su trabajo no siempre fue bien recibido. En su juventud, hubo quien lo señalaba por usar máquina de coser, como si eso le restara valor a su labor.

La Malinche, hilo a hilo

Además, las y los artesanos también representan los colores de las flores y los cacaxtles de la cultura náhuatl, una especie de canasta o cajón que sirve para ahumar alimentos.

Virginia acota que, aunque los quetzales y los pavorreales no son originarios de San Isidro, también llegan a incluirlos en sus composiciones porque resultan atractivos y coloridos.

“A veces las flores son más altas o el pajarito es más gordito, con las alas más largas, y eso debe tomarlo en cuenta la persona que adquiere nuestra artesanía”, comenta al comparar sus piezas con las de una fábrica.

El vestido que casi no es

“NHay personas que piden prendas con hilos de plata o de oro, y en este caso no fue así. Fue un vestido hecho con lo que siempre hemos usado”, puntualiza.

“Mi bordado y el color morado que eligió la Presidenta van a ser algo histórico. No sólo para mí: también para ella y para el país, porque es la primera mujer que gobierna México y es importante lo que decidió transmitir ese día”, concluye.

Abandonó un concurso, pero ganó mucho más

La disyuntiva fue clara: competir o entregar la pieza. Virginia decidió vender la blusa destinada al concurso. “A lo mejor con esa pieza hubiera ganado un lugar, pero fue más significativo que se la pusiera ella”, reflexiona.

“Hemos hecho blusas, sacos y trajes. Tiene uno color hueso con bordado negro que usó ya como presidenta electa, otro el día de su nombramiento y la blusa de manta con bordado rosa que fue la primera”, detalla.

Virginia puede pasar la noche en vela cuando el encargo lo exige. Para el vestido del Grito trabajó con una pequeña lámpara junto a su mesa de costura.

“Es chiquita, pero intensa. Aunque no haya luz del día, sigo bordando a las dos o tres de la mañana”, confiesa.

Ese esfuerzo ocurre en un lugar donde casi nada está garantizado.

Virginia lo sabe. Por eso cada puntada es también una forma de resistencia.

La tradición recae en pocas manos

“Tratamos de que el conocimiento se quede aquí, entre los nuestros”, dice Virginia. “Cuando uno ve los resultados, le va tomando gusto. Es bonito”. Pero también sabe que el tiempo, como el hilo, no espera.

NOTAS RELACIONADAS

Más Noticias