El Ejército israelí señala a Alireza Tangsiri como responsable de la operación de bloqueo del estrecho de Ormuz; “fue volado por los aires y eliminado”, dijo
Maduro y Flores están sentados junto a su defensa y llevan unos auriculares para escuchar la traducción de lo que se discute durante la vista, según informa CNN
Ocurrieron enfrentamientos entre grupos a favor y en contra de Nicolás Maduro y Cilia Flores, quienes afrontan cargos federales en una audiencia judicial clave
Tampoco se trataba de una incapacidad para desempeñar mi cargo. Por el contrario: acababa de llevar al Partido Avanzar de Tailandia a la victoria en las elecciones de 2023. Obtuvimos más de 14 de los casi 40 millones de votos emitidos, con una participación récord del 75.2 por ciento, un logro que debería haberme posicionado para convertirme en el próximo primer ministro del país.
Pero el 7 de agosto de 2024, el Tribunal Constitucional de Tailandia disolvió el Partido Avanzar. Los jueces, nombrados directa o indirectamente por la junta militar del país, también me prohibieron participar en la política durante 10 años. Así, de la noche a la mañana, pasé de ser primer ministro en espera a legislador destituido. Mi mandato democrático había sido anulado por instituciones diseñadas para suprimir la democracia, en un desprecio flagrante de la voluntad de los votantes.
Desplazado y abatido, regresé al lugar que una vez llamé hogar: la Escuela Harvard Kennedy. Esta vez, no llegué como un estudiante de posgrado ambicioso y muy ingenuo, sino como un investigador experimentado y maltrecho. La ironía era evidente: después de ser descalificado en mi país, encontré una nueva validación en el extranjero. Allí hablé de las nuevas tácticas que emplean los gobiernos autoritarios para mantenerse en el poder y trabajé con el fin de preparar a la próxima generación de líderes para enfrentar un mundo en rápida evolución.
Este giro hacia el mundo académico me ha permitido ver más de cerca lo que venía intuyendo desde hacía tiempo: las democracias de todo el mundo, no sólo la de Tailandia, están sometidas a una gran presión. He intercambiado ideas con impulsores de reformas, líderes políticos y académicos de todos los rincones del mundo: Bangladesh, Venezuela, Birmania, Hong Kong, Túnez, Corea del Sur y Estados Unidos. Nuestras historias pueden diferir, pero las lecciones siguen siendo las mismas: la democracia nunca es autosostenible. Exige una vigilancia constante; sus mecanismos de protección pueden derrumbarse más rápido de lo que cree la mayoría de los ciudadanos.
Como resultado del fallo judicial, Pita Limjaroenrat fue inhabilitado para participar en política durante 10 años. / Foto: The New York Times
El pasado mes de noviembre, me uní a los estudiantes de la Escuela Harvard Kennedy en la noche de las elecciones para ver cómo se desarrollaba la historia. Ya había estado allí antes, en 2008, viendo cómo un joven senador negro llamado Barack Obama ganaba la presidencia, convencido de que estaba presenciando el amanecer de una nueva era democrática. Dieciséis años después, me encontraba en la misma sala, ahora como excandidato a primer ministro con las cicatrices de una campaña muy reñida, viendo la reelección del presidente Donald Trump. El lugar no había cambiado, pero el panorama político y mis propias circunstancias eran irreconocibles.
Lo que comenzó esa noche no fue solo un nuevo capítulo en la política estadounidense, sino el acto inicial de un nuevo orden mundial en el que las alianzas cambian, las normas globales se transforman y las certezas que han dado forma a la comunidad internacional en el último siglo ya no pueden darse por sentadas. En todo el mundo, los puntos de tensión geopolítica están en ebullición. La guerra entre Rusia y Ucrania continúa; el conflicto entre Israel y Hamás remodela las alianzas; las tensiones entre India y Pakistán siguen latentes. Cada uno de ellos tiene repercusiones en Tailandia. Las disputas entre Camboya y Tailandia han alcanzado su punto más volátil en más de una década, lo que nos recuerda que, en esta parte del mundo, al igual que en cualquier otra, la estabilidad puede romperse de forma repentina.
Limjaroenrat llevó al Partido Avanzar de Tailandia a la victoria en las elecciones de 2023, sin embargo el Tribunal Constitucional de Tailandia ordenó la disolución del partido. / Foto: The New York Times
En 2026, la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático, ASEAN, por sus siglas en inglés, se verá inmersa en un momento de gran tensión. Los viejos problemas siguen enquistados, mientras que nuevos retos surgen a una velocidad vertiginosa, todo ello en un contexto de intensificación de la rivalidad entre Estados Unidos y China. Ambas potencias mundiales tienen los medios y la voluntad de atraer al Sudeste Asiático a sus órbitas rivales, lo que aumenta el riesgo de que la ASEAN se convierta en un escenario de competencia entre grandes potencias con agendas externas, en lugar de ser el motor de su propio destino.
En este clima político, la tradición de “neutralidad” del Sudeste Asiático —una postura diplomática de indiferencia o rechazo a tomar partido— puede que ya no sea suficiente. Los Estados que tratan la neutralidad como un escudo pasivo podrían ver cómo las grandes potencias lo atraviesan con rapidez. En cambio, cuando la neutralidad es una búsqueda activa, obtenemos la capacidad de avanzar a pesar de las presiones procedentes de múltiples direcciones sin renunciar a la autonomía.
Los Estados que practican la neutralidad como una estrategia deliberada tienen más probabilidades de obtener concesiones sin renunciar a su soberanía, equilibrar las relaciones asimétricas sin perder su capacidad de acción y evitar consensos indeseados. En la era actual de intensificación de la rivalidad entre las grandes potencias, creo que esta habilidad debe extenderse más allá de lo nacional al ámbito colectivo. La capacidad de la ASEAN para actuar como un bloque coherente determinará si su neutralidad se traduce en un auténtico poder de negociación o, por el contrario, deja a sus miembros fracturados en Estados aislados y vulnerables.
El "consenso del pueblo" está claramente de su lado en términos de apoyo electoral y popularidad. / Foto: The New York Times
La política exterior es un reflejo de la política doméstica. Las urnas y las constituciones del sudeste asiático están entretejidas con una compleja red de ejércitos y dinastías políticas. Si algo ha revelado mi propia trayectoria política, es que nuestra región es dirigida con demasiada frecuencia por herederos del poder en lugar de pioneros de la reforma. Estas dinastías pueden conservar sus apellidos, pero han dejado a la ASEAN frágil en un mundo que exige agilidad. Mi esperanza es que la próxima generación de líderes esté a la altura de los retos que se avecinan o que ésta se aparte; la democracia no puede esperar.
Imagino un futuro en el que la próxima generación de líderes de toda la ASEAN se levante unida, no por privilegios, sino por un propósito común. Su tarea será revivir la promesa de nuestra región: transformar la diversidad en fortaleza, la crisis en competitividad y las aspiraciones en avances concretos. Si logramos nutrir estas voces y darles las herramientas para liderar, la ASEAN podrá superar el peso de las dinastías y las divisiones, y reclamar verdaderamente su lugar como una fuerza resiliente y unida en el mundo.