Los juicios de Núremberg: hace 80 años los nazis rindieron cuentas al mundo por los crímenes del Holocausto
En la ciudad alemana se desarrolló un proceso sin precedentes contra 21 jerarcas nazis de mayor rango supervivientes de la II Guerra Mundial, que revolucionó el derecho penal internacional
En la década de 1960, la justicia bávara decidió reformar la sala, que preside desde entonces un gigantesco crucifijo de 2.2 metros, con el objetivo deliberado de hacer desaparecer los rastros del pasado.
El lugar, que alguna vez se quiso olvidar, recibe ahora miles de visitantes interesados en la historia de los juicios
Hoy en día hay 160 mil visitantes al año, 75 por ciento procedentes del extranjero.
Una revolución del derecho internacional
Pese a todo, los criminales de guerra nazis no fueron acusados de genocidio.
“Era un término completamente desconocido en el derecho”, señaló Petrossian, que agregó que este concepto no se codificó hasta 1951 gracias al jurista Raphael Lemkin.
Aunque antes se hubieran emprendido intentos como los procesos de Leipzig, por los crímenes alemanes de la Primera Guerra Mundial, fue con los juicios de Núremberg cuando el foco se desplazó de los Estados a los individuos.
La Haya, bajo presión
La lógica de Núremberg es perseguir a los máximos responsables de crímenes de guerra, de lesa humanidad y genocidio.
Nuevo tribunal para Ucrania
Este aniversario llega en un momento en que Europa impulsa un nuevo tribunal especial en La Haya para un tipo de crimen que fue central en Núremberg, pero que la CPI no puede juzgar en el caso ucraniano: la agresión.
En junio se firmó en Estrasburgo el acuerdo que establece el Tribunal Especial para el Crimen de Agresión contra Ucrania, destinado a juzgar a los máximos responsables de la invasión rusa.
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La sala 600 del Palacio de Justicia de Núremberg, que hoy forma parte del centro de documentación Memorium Juicios de Núremberg / Foto: EFE
Los 21 jerarcas nazis de mayor rango supervivientes de la II Guerra Mundial se sentaron hace 80 años en el banquillo de la sala 600 del Palacio de Justicia de Núremberg, donde comenzó el principal de los procesos conocidos por el nombre de esta ciudad alemana y que revolucionó el derecho penal internacional, al colocar el foco en la responsabilidad individual.
El Tribunal Militar Internacional, fundado por las potencias vencedoras –Estados Unidos, Reino Unido, Francia y la Unión Soviética– sobre la base al Estatuto de Londres, acusó a los 21 –y al desaparecido Martin Bormann en rebeldía– de cuatro cargos: crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad, crímenes contra la paz y asociación con el objetivo de librar una guerra de agresión.
En el edificio, que acoge hoy el museo Memorium Juicios de Núremberg y había sobrevivido relativamente incólume a los bombardeos que redujeron a escombros la ciudad del sur de Alemania, se desarrolló en 218 vistas un proceso sin precedentes que culminó con siete penas de prisión y tres absoluciones.
Un total de 12 líderes nazis fueron condenados a muerte y, aunque el más conocido de ellos, el jefe de la Fuerza Aérea Hermann Göring, se suicidó en vísperas de la ejecución con una cápsula de cianuro, el resto fueron colgados el 16 de octubre de 1946 y sus cenizas esparcidas en el río Ísar para evitar los homenajes.
La justicia militar estadounidense desarrollaría más tarde en Núremberg, hasta 1949, otros doce procesos contra 177 acusados, que ya no tuvieron sin embargo la envergadura ni la resonancia del colosal primer juicio, cuyo protocolo escrito ocupó 22 tomos, a los que se sumaron otros 20 tomos de pruebas.
En el pequeño museo situado encima de la sala 600, en el que se exhibe, entre otros, uno de los banquillos en los que se sentaron los acusados, se explica a los visitantes aspectos como la proeza técnica que supuso gestionar la interpretación simultánea –que se empleaba por primera vez en la historia a esa escala– con cuatro lenguas distintas y 116 testigos.
Panel en el museo del Memorium Juicios de Núremberg muestra a los 21 jerarcas nazis que se sentaron en el banquillo de los acusados en el juicio principal / Foto: EFE
En la propia cámara, donde la Audiencia Territorial de Múnich celebró juicios hasta 2020, pocos elementos dan fe de su aspecto original, salvo los majestuosos portales de piedra con alegorías mitológicas y la modesta puerta de madera por la que entraban los acusados tras subir por un ascensor especial.
Éste interfería, según la opinión de entonces, con el funcionamiento de la Audiencia, en una época en la que el nazismo se tenía por un tema cerrado que era mejor no recordar, aunque aún así acudían curiosos y turistas que querían ver el escenario de los juicios.
Panel en el museo del Memorium Juicios de Núremberg con fotos de algunos de los supervivientes de los crímenes nazis que testificaron en el juicio / EFE
Muchos de los constructos legales del derecho penal internacional surgieron y se establecieron en el edificio histórico del Palacio de Justicia, explicó en una conversación con medios el jurista Gurgen Petrossian, de la Academia Internacional Principios de Núremburg.
En esos tiempos (El genocidio) era un término completamente desconocido en el derecho- Gurgen Petrossian, miembro de la Academia Internacional Principios de Núremburg.
Por su parte, Rebecca Weiss, experta en memoria histórica del museo, resaltó que el juicio constituyó una “revolución positiva” en el derecho internacional de ese momento y enfatizó la importancia de que se tomara la decisión activa de no buscar la venganza, sino de aplicar la justicia.
“Después de la II Guerra Mundial surge la idea de los derechos humanos, que son el nuevo foco del derecho penal internacional que se desarrolló también aquí en Núremberg. Y esta individualización que se produce en ese momento (...) llevó a que también se quisiera examinar la responsabilidad individual de los autores”, explicó Weiss.
La sala 600 del Palacio de Justicia de Núremberg / Foto: EFE
El legado de Núremberg no es un símbolo lejano para La Haya, sino el pilar práctico que sostiene el sistema penal internacional que acoge esta ciudad: jueces, fiscales y despachos trabajan con la arquitectura creada hace 80 años, desde la responsabilidad individual y juicios públicos, hasta la idea de que la autoridad estatal no protege frente a crímenes graves.
La fiscal adjunta de la Corte Penal Internacional (CPI), Nazhat Shameem Khan, subrayó que “Núremberg es reconocida como el lugar de nacimiento de la justicia penal internacional” y el trabajo de su oficina (OTP) “se basa en el legado de Núremberg y en la promesa hecha a las víctimas y supervivientes de que ‘nunca más’ presenciaremos atrocidades que conmocionen la conciencia de la humanidad”.
Núremberg estableció la idea de que los Estados no pueden tratar a su población como quieran, hay límites que impone el derecho internaciona- James A Goldston, exabogado de la CPI y director de Iniciativa de Justicia Open Society
“Núremberg estableció la idea de que los Estados no pueden tratar a su población como quieran, hay límites que impone el derecho internacional”, añade a EFE James A Goldston, exabogado de la CPI y director de Iniciativa de Justicia Open Society (OSJI). “Ese principio, una vez fijado, ha ganado fuerza en las décadas posteriores”, subraya.
A partir de esos fundamentos se construyó la constelación de tribunales que hoy rodea al Palacio de la Paz, sede de la Corte Internacional de Justicia (CIJ), máximo tribunal de la ONU en La Haya, fundado en junio de 1945.
El Consejo de Seguridad de la ONU creó los tribunales penales internacionales para la antigua Yugoslavia (TPIY) en 1993 y para Ruanda (TPIR) en 1994, que retomaron la lógica de Núremberg: perseguir a los máximos responsables de crímenes de guerra, de lesa humanidad y genocidio.
De esos tribunales surgieron modelos “híbridos”, como el Tribunal Especial para Sierra Leona (2002) o las Cámaras Especializadas de Kosovo (KSC, 2017), y una jurisprudencia que alimentó la redacción del Estatuto de Roma de 1998, que permitió la fundación, en 2002, de la CPI.
Vista de la sala 600 del Palacio de Justicia de Núremberg / Foto: EFE
La Haya también alberga hoy el Mecanismo Residual Internacional de los Tribunales Penales (MTPI), establecido para concluir la labor iniciada por el TPIY en La Haya y el TPIR en Arusha, que cerraron sus puertas en 2017 y 2012 respectivamente.
La CPI, heredero más visible de Núremberg, investiga hoy situaciones en Afganistán, Sudán, Myanmar (Birmania), Palestina, Venezuela y Ucrania, entre otras, pero sus investigaciones y órdenes de arresto son objeto de fuertes presiones políticas y campañas de descrédito. “La CPI ha afrontado fuertes vientos en contra desde su creación y su capacidad para hacer su trabajo se ha visto obstaculizada por muchas cosas”, lamenta Goldston.
La CPI solo puede ejercer jurisdicción sobre la agresión cuando tanto el Estado agresor como la víctima han ratificado el tratado fundacional y todas sus enmiendas, lo que no es el caso. “El esfuerzo debería centrarse en reforzar la misión de la CPI y permitirle hacer su trabajo pero, mientras no ocurra, otros tribunales tendrán que llenar el vacío”, añade el letrado.
La fiscal recuerda que “las promesas de Núremberg son hoy tan relevantes como siempre” y cada procedimiento representa “no solo una obligación jurídica, sino también una obligación moral: defender derechos de las víctimas, reafirmar el Estado de derecho y asegurar que la rendición de cuentas siga siendo una promesa viva, no una aspiración lejana”.