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La captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses el pasado 3 de enero ha destapado uno de los elementos menos visibles pero más estratégicos del régimen chavista: la profunda vinculación de los servicios de inteligencia cubanos con la seguridad personal, militar y de Estado del mandatario venezolano.
Esta relación, documentada por múltiples investigaciones periodísticas, reportes de la ONU y testimonios de exfuncionarios, explica por qué el operativo estadounidense no solo desarticuló un gobierno, sino que expuso una compleja red de colaboración intergubernamental que operó durante décadas.
Antes de su captura, Maduro había reforzado su seguridad con cuerpos que no eran exclusivamente venezolanos. Según informes recientes, militares y agentes cubanos integraban su perímetro de protección más cercano, incluidos agentes de inteligencia estatal cubana seleccionados por La Habana y destacados por su lealtad y capacidades operativas.
La presencia de esos oficiales se fortaleció en los últimos años de su mandato, mediante acuerdos confidenciales firmados por Caracas y La Habana desde mayo de 2008, que otorgaron a Cuba amplio acceso a las fuerzas armadas y a los servicios de inteligencia venezolanos.
Esos acuerdos permitieron que oficiales cubanos entrenaran soldados en Venezuela, revisaran y ayudaran a reestructurar partes de la inteligencia local y formaran agentes venezolanos en La Habana, según una investigación que Reuters publicó en 2019 tras revisar documentos clasificados.
Bajo esa cooperación, la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM), hoy uno de los órganos más represivos del Estado venezolano, pasó de enfocarse en enemigos externos a vigilar y controlar a sus propias fuerzas armadas, con técnicas que generaron miedo y paralizaron cualquier disidencia interna.
Esa estructura no fue puramente técnica: numerosos exfuncionarios aseguraron que los asesores cubanos estaban integrados en agencias sensibles como el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN), la DGCIM, y otras unidades de seguridad encargadas de vigilancia, interceptación de comunicaciones y represión de opositores, tareas en las que la inteligencia cubana aportó métodos y rutinas operativas.
Esa alianza se evidencia también en los resultados humanos de la operación reciente. El propio gobierno cubano confirmó que 32 de sus ciudadanos (miembros de las fuerzas armadas y de agencias de inteligencia) murieron durante la incursión en Caracas, mientras defendían a Maduro o como parte de la estructura de seguridad que lo rodeaba. Las autoridades de La Habana calificaron su muerte como heroica y declararon días de duelo nacional.
Cuba reveló la identidad de los militares que fallecieron durante su labor de protección del mandatario venezolano / EFE
La magnitud de esa pérdida hace evidente cuál era el rol de los agentes cubanos: no simples asesores desde la distancia, sino parte integral del nivel más alto de protección y seguridad del presidente venezolano. Eso coincide con análisis previos que describían a Cuba no solo como un aliado político, sino como un actor operativo dentro del sistema de control estatal venezolano, con presencia física y funcional en ámbitos clave del aparato de poder.
Ahora, tras la captura de Maduro y la muerte de los agentes cubanos, la alianza estratégica entre La Habana y Caracas enfrenta un nuevo escenario. Cuba, que dependía en gran medida del apoyo económico y energético de Venezuela, ahora ve golpeada su influencia regional y su capacidad de proyectar poder a través de redes de inteligencia conjuntas. Analistas señalan que la caída de esa plataforma, el control de Caracas, podría repercutir directamente en la estabilidad interna de Cuba y en la supervivencia de sus servicios de seguridad especializados.
La relación entre los servicios de inteligencia cubanos y el régimen de Maduro no fue algo casual ni temporal. Desde los primeros acuerdos de la década de 2000, La Habana fue determinante en la construcción de un aparato de seguridad que combinaba espionaje, contrainteligencia y represión interna, con el objetivo de anclar al chavismo en el poder. Este andamiaje incluyó la capacitación de agentes, la estructura de vigilancia y la infiltración de redes militares y civiles con un enfoque centrado en la lealtad al régimen.
La operación estadounidense y la captura de Maduro han arrojado luz sobre esa red de relaciones, exponiendo no solo la dependencia mutual entre Cuba y Venezuela, sino también cómo una alianza de inteligencia llegó a influir profundamente en la seguridad del Estado venezolano y en la defensa personal de su presidente. El costo humano de esa cooperación, especialmente las muertes de agentes cubanos, reconfigura la narrativa geopolítica en la región y abre preguntas sobre el futuro de la cooperación militar e inteligencia entre los dos países.