Selva del Darién deja de ser corredor migratorio hacia EU; afirma Panamá
El presidente panameño, José Raúl Mulino, informó que los flujos migratorios por la selva del Darién han caído a niveles ínfimos por temor a las deportaciones de Trump
EFE
“Cerramos una operación que comenzó en el año 2016”, cuando aumentó notoriamente la migración en el Darién, dijo Mulino en rueda de prensa. “Hoy en marzo llegamos a 112 (migrantes que cruzaron el Darién), es una disminución importantísima”, añadió.
El gobierno panameño y agencias de la ONU instalaron puestos para asistir a los migrantes en esta selva de 266 kilómetros de longitud y 575 mil hectáreas de superficie, por donde cruzaban mayoritariamente venezolanos, y muchos de ellos niños y ancianos.
Debido a la reducción del flujo de migrantes, Panamá comenzó a desarmar los campamentos de asistencia.
Mulino anunció el cierre paulatino de los centros migratorios que han funcionado desde 2016 en la provincia del Darién, donde atendieron a cientos de miles de indocumentados, debido a la caída en hasta un 98 por ciento del flujo hacia el norte del continente.
“No permitiremos más migrantes en esa zona del Darién y cerramos una operación que comenzó en el año 2016 (...) me da mucha complacencia haber cumplido y haber cerrado el Darién, con lo que eso significa para la seguridad regional y panameña”, declaró Mulino durante su conferencia de prensa semanal.
En las estaciones los migrantes recibían alimentación y servicios médicos, y se les tomaban datos biométricos. Las autoridades panameñas han cifrado en más de 50 millones de dólares el costo de esa operación “humanitaria”.
Estos migrantes, sin embargo, no deben cruzar la selva para llegar a Colombia, sino que viajan en lanchas que contratan en pequeños puertos caribeños de Panamá.
Panamá aceptó servir de “puente” para migrantes deportados por Estados Unidos, al igual que Guatemala y Costa Rica.
En febrero, llegaron 299 deportados a Panamá, mayoritariamente asiáticos, y los que no aceptaron ser repatriados fueron enviados temporalmente a un albergue en la provincia de Darién.
Tras críticas de grupos de derechos humanos de que el refugio era un “centro de detención”, el gobierno autorizó a 112 migrantes a salir a gestionar visas para otros países.
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El fin de semana 65 de ellos llegaron a la Ciudad de Panamá, donde tienen tres meses para conseguir un país que los acoja. Si no se han marchado en ese plazo, “serán expulsados o deportados”, según el gobierno.



























