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Las creaciones de Reed están diseñadas para ocupar espacio, tanto física como visualmente. A decir del diseñador son totalmente descaradas / Foto: The New York Times
El maximalismo, tal y como yo lo entiendo, no consiste solo en añadir más, sino en revelar más. Es el arte de la vanguardia, del exceso, pero de una forma que exprese tu propio sentido de la autenticidad. Aunque algunas personas puedan descartar el maximalismo por considerarlo llamativo, yo veo su propósito. A través del color, la textura, la vitalidad y las siluetas grandes, contribuye directamente a la construcción del carácter. Se trata de contar historias. Le estás mostrando al mundo más de quién eres.
Como diseñador de ropa de género fluido creada para el individuo, veo el maximalismo no como una tendencia, sino como una necesidad. Da cabida a todos los cuerpos, géneros y fantasías. Nos permite sentirnos más como somos en realidad, lo que luego podemos compartir con el mundo.
De manera fundamental, creo que las personas buscan la profundidad. Buscamos la vulnerabilidad y la transparencia genuinas, una historia sin filtros. En una era de interminables publicaciones en las redes sociales, esta búsqueda se manifiesta ahora como un giro colectivo que nos aleja de esa narrativa brillante y perfeccionada, construida con cuidado y curada por las empresas de relaciones públicas. En su lugar, nos estamos volcando hacia la autenticidad.
Mis creaciones están diseñadas para ocupar espacio, tanto física como visualmente. No hay nada tímido o modesto en ellas, no te puedes esconder entre la multitud. Son totalmente descaradas. El lujo silencioso es todo lo contrario, una forma de mostrar tu estatus a las pocas personas que reconocerán que tu sencillo suéter es en realidad increíblemente caro. Claro, es elegante. Pero lo único que te dice sobre una persona es lo que puede pagar, no lo que la emociona, ni quién es. Aquí es donde el maximalismo moderno ofrece una rebelión. Es mucho más accesible y no se trata de la marca. Se trata de ser juguetón.
Y, en un mundo en el que veo cómo se erosionan los derechos de las personas, mantener un perfil bajo puede ser incómodamente parecido a guardar silencio. Quizás hay algo dentro de todos nosotros que quiere rebelarse y luchar por nuestro derecho a ocupar el espacio que nos merecemos. De repente, vestir con colores vivos y atrevidos ya no es solo una elección de estilo. Es una forma de romper barreras y cambiar la forma en que te ve la gente.
Harris Reed, diseñador de moda estadounidense, considera al maximalismo como una necesidad y no sólo como una tendencia / Foto: The New York Times
Al revisar históricamente la moda y la vestimenta, las personas con estatus y poder se aseguraban de que lo supieras, no solo por el costo de sus tejidos, sino por su enfoque de “más es más”. Me encanta mirar retratos históricos en busca de inspiración. Es el maximalismo en su máxima expresión. Fíjate en los cortesanos isabelinos, que usaban golas de encaje, brocados dorados, pendientes de perlas, medias de seda, medallones y capas de armiño. ¿Demasiado? ¡No lo suficiente! Añádele una deslumbrante bragueta de armar a la mezcla. Icónico.
Hay algo en la naturaleza táctil del maximalismo que sirve como un poderoso antídoto para nuestras vidas cada vez más digitalizadas. Nos hemos habituado a la comodidad y el aislamiento, viendo el mundo a través de la facilidad estéril de una pantalla. Cuando creo un vestido de “demi-couture” para un cliente, es una respuesta directa a eso.
Un ejemplo adecuado es el vestido que hice para que mi querida amiga Demi Moore lo usara en la Gala del Met de 2024. Fue un trabajo de amor y tactilidad, que requirió miles de horas de bordado a mano para crear una increíble escena floral tomada de un papel tapiz de archivo de la empresa británica Fromental. A continuación, yuxtapusimos las flores con la textura de la pluma de pavo real negro y el rico terciopelo de seda. El equipo de mi estudio de Londres lo hizo todo a mano. Esto es lo contrario de la ropa que se vende en tiendas, una opción fácil; es un proceso delicioso y laborioso a través del cual quiero que mis clientes descubran quiénes son. Quiero que se reafirmen a sí mismos.
Ese viaje de autodescubrimiento a través del acto de la creación es algo que experimenté por primera vez cuando era niño. Durante mi infancia, los videojuegos y la televisión simplemente no estaban permitidos en mi casa. Mi mamá me decía: “Ve a montar una obra de teatro, ve a hacer una pequeña actuación”, y a los 9 años ya cosía y drapeaba las cortinas doradas de la habitación de invitados para convertirlas en un vestido tipo toga. En esas pequeñas actuaciones, descubrí realmente quién era. Y eso es lo que creo que está sucediendo ahora, de una manera maravillosa: la gente se está rebelando contra la uniformidad y empieza a decir: “No quiero parecerme a los demás. Quiero parecerme a mí mismo, con toda mi complejidad”.
En la Gala del Met 2024, Demi Moore usó un vestido que requirió miles de horas de bordado a mano para retratar una escena floral / Foto: The New York Times
Además de cómo nos vestimos, la forma en que decoramos nuestros hogares es otra área en la que el maximalismo está viviendo su momento. No me refiero a una cochera para ocho autos y una casa de 14 dormitorios, sino a celebrar el espacio que tienes. Como alguien que vive en un departamento en Londres, he sido capaz de hacer mucho con un espacio pequeño. Cuando me despierto en mi dormitorio, me envuelve por completo lo que yo llamo mi bosque cuir: un paisaje ondulante de arboledas musgosas en un fucsia vibrante, naranja quemado e índigo, con abejas y golondrinas intrincadamente bordadas a mano, realizadas en el papel tapiz de seda moiré pintado a mano. Este papel tapiz se complementa con un techo lacado en azul, donde una lámpara de araña de cristal de Murano, formada por flores salvajes y delicadas, danza sobre el espacio. Rodearme de texturas, colores y tonos tan ricos me transporta de inmediato a un espacio de exuberancia, y empiezo el día con intención. Me enorgullece vivir una vida fantástica y quiero que todo en mi casa me aporte alegría.
El maximalismo no consiste en que la gente se pregunte: “¿Esto me queda bien?”. La pregunta debería ser: “¿Esto me representa?”. Y cuando la respuesta es “Sí”, y el aspecto es llamativo, salvaje y exagerado de la forma más fabulosa, ahí es donde veo el futuro. Ahí es donde quiero estar. Porque, en un mundo que tan a menudo intenta hacernos más pequeños, más callados y más digeribles, lo más radical que se puede hacer es mostrarte tal y como eres, sin complejos y con toda la fuerza del mundo.