La gran pregunta: ¿Cuál es tu mayor superstición?
Primero, tocamos madera. Luego le pedimos a un artista visual, un diseñador, un médium, un maquillador y un director de orquesta que revelaran sus mayores supersticiones
Primero, tocamos madera. Luego le pedimos a un artista visual, un diseñador, un médium, un maquillador y un director de orquesta que revelaran sus mayores supersticiones

Por The New York Times
Supersticiones como estas pueden provenir del misticismo, de tradiciones transmitidas por nuestros antepasados, de principios religiosos o incluso de acontecimientos fortuitos. Algunas se han vuelto tan familiares que forman parte de la cultura general aceptada, mientras que otras son extremadamente específicas y personales.
Sea cual sea su forma, nuestras supersticiones suelen estar arraigadas en nosotros, son reflejos inconscientes de nuestras esperanzas, deseos, miedos e historias. A veces son desconcertantes, en ocasiones divertidas y, a menudo, profundamente reveladoras.
Aunque algunas personas creen que los números impares dan mala suerte, tentamos al destino y pedimos a un grupo de cinco innovadores que respondieran a una pregunta esclarecedora: ¿Cuál es tu mayor superstición?
Sus respuestas han sido editadas y resumidas.
— Augusta Greenbaum

Diane von Furstenberg: “Creo que decir mentiras da mala suerte”
Al crecer, estuve rodeada de muchas supersticiones muy extendidas. Las supersticiones son hábitos, signos o prácticas no demostradas que forman parte de nuestra cultura y se entrelazan en el tapiz de nuestra vida cotidiana. No camines debajo de una escalera, no pases la sal, no cruces la calle después de un gato negro, no abras un paraguas dentro de la casa. Por supuesto, no hay nada peor que romper un espejo y, para evitar la mala suerte, hay que tocar madera. A primera vista, todo esto puede parecer una tontería, ya que estas creencias se basan sobre todo en el miedo a la mala suerte.
También están las supersticiones personales que inventamos: las señales que buscamos y los juegos que jugamos con nosotros mismos. Nunca he llamado al elevador sin apostar por cuál llegará primero. Y siempre juego al solitario en mi teléfono antes de empezar el día o cuando estoy esperando una respuesta o una señal. Algunos pueden decir que se trata de comportamientos obsesivos. Yo clasifico estos actos como pequeños guiños a mí misma, parte del diálogo interior que siempre tengo, haga lo que haga.
Cuando me pidieron que escribiera este artículo, me di cuenta de que, si la superstición es miedo, entonces mi mayor y quizá única superstición es mentir. Nunca había hecho esa conexión, pero creo que decir mentiras da mala suerte.
No recuerdo haber dicho nunca una mentira, ni recuerdo que nadie me haya dicho que no mienta o que me haya descubierto mintiendo. Simplemente, siempre pensé que mentir me llevaría a situaciones sin solución. Y me dejé guiar por esa intuición.
Todo esto se refleja en el diálogo que inicié conmigo misma hace mucho tiempo. Llevo un diario. Medito. La relación que tengo conmigo misma es la más importante: me mantiene honesta y cuerda. Ahora que estoy en el invierno de mi vida, estoy agradecida de haberlo descubierto hace mucho tiempo.
Quizás mi superstición sobre mentir no sea tanto una virtud, sino que mi mayor temor es no ser fiel a mí misma.
(Diane von Furstenberg es diseñadora de moda, autora y filántropa)
c.2025 The New York Times Company y Diane von Furstenberg
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Luc Tuymans: “Tengo la creencia de que, si no volteo el cigarro, algo saldrá mal”
Es curioso que me pidieran que escribiera sobre el concepto de superstición, ya que mi primera exposición en Estados Unidos, celebrada en 1994 en la galería David Zwirner de Nueva York, se tituló Superstición. Le di este título a la exposición para asociarla con las palabras religión e intuición. Para mí, estas palabras están entrelazadas. También quería transmitir que considero el arte como una práctica sumamente hipotética, tal como mucha gente ve la superstición. Mis pinturas para esta exposición eran de tamaño deliberadamente modesto y podían verse como símbolos o amuletos, y esto lo concebí con la intención de que fuera irónico.
La pintura principal comparte el mismo título que el nombre de la exposición. El lienzo en blanco y negro retrata una criatura parecida a un insecto superpuesta al contorno de un cuerpo sobre la zona genital. El género de la figura es indefinido. La imagen parece poseída.
La superstición contiene algo indiscernible, aleatorio y ambiguo. Entran en juego las ilusiones y la suerte, pero también el miedo y la ansiedad. Aunque en gran medida se la percibe como algo que proviene de la ignorancia y la herejía, sus raíces son más profundas. Está incrustada en cosas que hemos visto y que hemos aprendido a memorizar mediante señales que indican otra cosa.
Cuando era un joven artista, trabajaba en la industria del ocio nocturno como portero para ganarme la vida. Así es como aprendí lo que se convirtió en mi única —y, por lo tanto, mi mayor— superstición. Con cada nuevo paquete de cigarros, había que dar la vuelta a uno y fumarlo más tarde cuando fuera el último del paquete. Eso me protegía y me mantenía a salvo. Sigo fumando y practicando el mismo ritual.
Tengo la creencia de que, si no volteo el cigarro, algo saldrá mal. Aun así, esto no influye directamente en mi proceso de trabajo. El deseo de tener más control o certeza puede ser la fuerza motriz de muchas supersticiones. A veces, una falsa certeza es mejor que ninguna. Las expectativas pueden ser muy poderosas y sugerentes.
La superstición sigue siendo un aspecto convincente de la identidad cultural y la psicología humana, que refleja ansiedades y narrativas arraigadas en lo profundo. Incluso hoy en día, en una época en la que se valora mucho la evidencia objetiva, todavía hay personas que admiten albergar en secreto una o dos creencias irracionales o supersticiones.
(Luc Tuymans es un artista belga. Su exposición de pinturas a gran escala, The Fruit Basket (El frutero), se puede ver en Nueva York, en la galería de David Zwirner de la calle West 19th, hasta el 19 de diciembre de 2025)
c.2025 The New York Times Company y Luc Tuymans
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Etienne Ortega: “Quiero mantener mi espacio lo más positivo y tranquilo posible”
Mi mayor superstición tiene que ver con la energía. Soy muy cuidadoso con las personas que dejo entrar en mi casa, porque cada uno lleva consigo su propia energía personal, que puede ser buena o mala. Quiero mantener mi espacio lo más positivo y tranquilo posible.
Gran parte de por qué me siento así proviene de haber crecido en un hogar donde las emociones eran muy intensas. Ya fuera estrés, amor o alegría, siempre se podía sentir la energía en la habitación. Con el tiempo, aprendí a reconocer los cambios sutiles de energía y a proteger mi paz. A medida que fui creciendo y entré en espacios en los que necesitaba estar plenamente presente, como mi trabajo en la industria de la belleza, se volvió aún más crucial proteger mi energía.
Otra influencia significativa que me llevó a esta superstición fue mi mamá. Ella me enseñó el poder de la oración y la energía, y quemaba salvia cuando las cosas no estaban bien. Estos rituales se quedaron conmigo. Ahora, como adulto, he encontrado mis propias formas de continuar con las tradiciones de mi mamá, al tiempo que incorporo lo que me funciona, ya sea a través de aromas, flores o simplemente alejarme para reiniciar mi mente.
Además de la salvia, me encanta limpiar espiritualmente mi casa de Los Ángeles con palo santo, una madera aromática conocida por su poder curativo que emite un aroma dulce y cálido cuando se quema. Me gusta hacerlo casi todas las semanas. Las rosas frescas también son imprescindibles para mí. Siento que las rosas absorben cualquier negatividad, además de tener un aspecto y un aroma maravillosos. También tengo rosas frescas en mi lugar de trabajo, sobre todo cuando maquillo a mis clientes.
Hubo un momento en el que me encargué del maquillaje para una importante entrega de premios y la energía en el plató era caótica. Las cosas se estaban retrasando, y todo el mundo estaba estresado. Mi clienta entró abrumada, y lo noté de inmediato. Me detuve un segundo, encendí un poco de palo santo y le pedí con amabilidad que respirara conmigo. Ese momento ayudó a restablecer el estado de ánimo. Cuando se levantó de la silla, estaba radiante, y no solo por el maquillaje. La energía de verdad lo transforma todo.
(Etienne Ortega es maquillador de famosos y fundador de la marca de belleza Ortega)
c.2025 The New York Times Company y Etienne Ortega
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John Edward: “La superstición me permitió desarrollar una conexión más profunda con el simbolismo”
Me crié en un hogar italoamericano en Glen Cove, Nueva York, y crecí escuchando muchas supersticiones. El “malocchio” o mal de ojo predominaba especialmente . Para alejar esa energía envidiosa, teníamos cuernos rojos con apariencia de chile colgados de los espejos retrovisores de los coches y en collares de cadena de oro. Si algo se consideraba malo, alguien tenía que romper esa energía oscura. Por lo general, una tía o alguna persona mayor contrarrestaba esa negatividad en un proceso que variaba según el lugar de Italia del que procediera la familia. A veces, en el ritual se usaban huevos y, otras veces, era... Bueno, no puedo contarte eso, ya que, según una superstición, ofrecer esta explicación cuando no es Navidad puede traer mala suerte.
Las supersticiones culturales me permitieron mantener una mente abierta cuando comencé a estudiar otras formas de imaginería de la filosofía, la teología, la astrología, la numerología y el tarot. Todas estas creencias ayudaron a moldear mi labor como médium psíquico.
Aunque crecí siendo supersticioso, no puedo decir que haya una superstición en particular que persista. En general, creer en las supersticiones me permitió desarrollar una conexión más profunda con el simbolismo. Para mí, el simbolismo es una taquigrafía energética que narra una historia de forma inmediata a nivel mental, emocional y espiritual.
Como médium psíquico, el simbolismo me ayuda a conectar con el más allá. En el otro lado, los espíritus de los fallecidos no tienen cuerpos físicos, por lo que hablar en el sentido humano no es posible. Estos espíritus utilizan una forma de comunicación telepática similar a un lenguaje de señas energético. El simbolismo me transmite sus mensajes dentro de un marco de referencia que puedo interpretar para luego transmitirlos a los seres queridos y amigos de los fallecidos.
Creo que es esencial buscar significados más profundos en nuestro mundo y nuestras relaciones. Todos estamos aquí para crecer. Si algunas de nuestras supersticiones pueden protegernos, hacernos sentir más cercanos unos a otros y ayudarnos a comunicarnos, eso es algo especial. Mientras escribo esta respuesta, me acabo de dar cuenta de que he perdido mis llaves y necesito rezar a San Antonio para que me ayude a encontrarlas. Después de hacerlo, debo ayudar a un primo a enterrar una estatua de San José boca invertida a su propiedad para ayudarlo a venderla.
(John Edward es un médium psíquico y coautor del libro Chasing Evil)
c.2025 The New York Times Company y John Edward
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Cristian Macelaru: “Encontré nuevas formas de evitar que los comportamientos repetidos se convirtieran en rituales fijos”
¿Negar una superstición puede convertirse en una especie de superstición?
Crecí en Timisoara, Rumanía, un lugar impregnado de rituales cotidianos y tradiciones populares, donde las supersticiones están por todas partes, desde la clásica advertencia de mala suerte cuando un gato negro se cruza en tu camino, hasta la creencia más inusual de que una escoba que te roza los dedos de los pies presagia el celibato.
Durante mi adolescencia, cuando comencé mi carrera musical, empecé a fijarme en los rituales que seguían mis colegas, como comer un plátano cinco minutos antes de salir al escenario o llevar un pañuelo de la suerte en el bolsillo. Pronto sentí la necesidad de crear mi propio ritual, basado en mi investigación personal sobre lo que podría atraer la suerte. Después de cada actuación exitosa, me preguntaba: ¿cuáles fueron los factores determinantes? Siempre tenía en cuenta los aspectos prácticos y técnicos de la preparación, pero empecé a preguntarme si otros elementos menos tangibles (como los hábitos previos al espectáculo) podrían proporcionar la ventaja necesaria.
Cuando ya estaba en camino de crear un ritual infalible previo a la actuación, me encontré con una entrevista a un famoso jugador de baloncesto. Explicaba que su superstición lo obligaba a repetir la última comida que había comido antes de un partido exitoso, hasta que uno menos exitoso rompiera la racha. Su queja, por supuesto, era que una larga racha ganadora podía significar una dieta muy monótona y poco saludable.
Eso me hizo reflexionar. Empecé a reevaluar mi camino y me di cuenta de que sería igual de poco saludable encerrarme en un ritual que pudiera influir en mi estado de ánimo antes de subir al escenario. En respuesta, me obligué a inventar un nuevo ritual cada vez. Si había comido fruta antes de una actuación, la siguiente vez podría ser un trozo de queso o una zanahoria.
Con el paso de los años, encontré nuevas formas de evitar que los comportamientos repetidos se convirtieran en rituales fijos. Por ejemplo, para las actuaciones como invitado, reflexiono mientras disfruto de las vistas y los sonidos del barrio que rodea la sala de conciertos, o converso con otros intérpretes durante esta breve oportunidad de hacer música juntos durante una o dos noches. Al evitar de manera deliberada los rituales inflexibles, de verdad puedo disfrutar la variedad de lo que hago. ¿La necesidad de rechazar la superstición puede convertirse en una superstición en sí misma? Sí, y mi vida es más rica por ello.
(Cristian Macelaru es un director de orquesta rumano ganador de un premio Grammy. Es director musical de la Orquesta Sinfónica de Cincinnati)
c.2025 The New York Times Company y Cristian Macelaru
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c.2025 The New York Times Company